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Acierto / Desacierto


ED Nº 167, Agosto 2009
 
Acierto: Bicivilización


TEXTO Y FOTOS GONZALO DONOSO


Disminuir la congestión, la contaminación, la pérdida de tiempo y la exasperación de los santiaguinos por la ineficiencia del antiguo sistema de transporte, ha sido uno de los objetivos primordiales y hasta ahora inalcanzado del Transantiago. Como parte del plan global de desincentivo del uso del automóvil, y para emular a los países civilizados del viejo mundo, se pensó en una red intercomunal de ciclovías complementarias al transporte público –con un largo total de 550 km– con el objetivo de acercar los tejidos periféricos a  las redes troncales y a los distintos subcentros metropolitanos.

Recordamos que algún gobernante dijo en una crisis pasada que cada trabajador chileno tendría su bicicleta; la idea no era mala, lo que faltaba era la red que permitiese que pudiesen desplazarse sin temer por sus vidas entre tanto conductor termocefálico. Hoy que el acceso al automóvil es mucho más simple, en cuanto a cultura automovilística, ya que andar en bicicleta, según cifras de aseguradores, es hasta 40 veces más peligroso que andar en micro.

Celebramos hoy que buena parte de esta red está empezando a implementarse y que se vislumbra un cambio en los patrones de uso de la bicicleta como un medio de transporte saludable, económico y no contaminante. No es raro tampoco ya, ver raudos en la mañana a oficinistas terneados por el Parque de Américo Vespucio y Costanera, dirigirse al centro o a El Golf, para llegar con las endorfinas bien puestas a sus trabajos, habiéndose ahorrado tacos y tiempo. Tampoco es raro ver a trabajadores arriesgar el pellejo en las vías periféricas para llegar a destino en una ominosa carrera entre micros y automovilistas enfurecidos.

En la implementación de esta red de ciclovías, no todas las comunas han avanzado por igual. En la delantera está Providencia, que ha buscado integrar los distintos parques con ciclovías, como las existentes en Pocuro, Antonio Varas, Marin y Tobalaba, siendo seguida por  Ñuñoa,  que ha invertido de forma importante ahora en la calle Simón Bolívar.

Se echa de menos, eso sí, unidad en los criterios de diseño: mientras unos opinan que las ciclovías deben estar integradas en fajas de calzada de velocidad reducida –obligando al automovilista a estar atento al ciclista–, otros prefieren que las bicicletas estén francamente segregadas de la calle –directamente en la vereda– más seguros en parte, pero más expuestos en los cruces. Lo que si está claro es que, paralelo a las ciclovías, y donde más debe trabajarse, es en una cultura de respeto y de convivencia responsable entre peatones, ciclistas y automovilistas, dándonos, de paso, la apaciguante experiencia de sentirnos corteses.




Desacierto: Los actos del duelo
 

El cementerio de Zapallar, administrado por la Parroquia del pueblo –íntimo y privilegiado– se ubica en una explanada entre el camino y el mar, en el camino costero hacia Papudo, con un frente absolutamente privilegiado. Dominando desde arriba el espectáculo soberbio de la rompiente del Pacífico, estalla con todas las modulaciones operáticas de la energía del mar sobre el roquerío, y en ello la existencia y la muerte quedan subyugadas frente a la gloria de la naturaleza.

Desde principios del siglo pasado, y acompañando el desarrollo de los balnearios de Zapallar y Papudo, en él se han ido enterrando en un tono y marco de sencillez característico, tanto los pobladores de ambas caletas, como los deudos de las familias fundadoras y de muchas generaciones de veraneantes. Al recorrerlo, los nombres van evocando viejas historias, recuerdos y personajes que constituyen parte importante de la memoria patrimonial del pueblo. Aparecen distintos cuarteles que se van privilegiando conforme se aproximan al borde del acantilado, destacando el sector de los alemanes y, más allá, en una roca solitaria, la tumba de Mario Matta.
La arquitectura del camposanto resalta por su sencillez, las lápidas son de piedra rodada y los nombres de los deudos –enterrados directamente en la tierra– están discretamente tallados o pintados, los marcos de las tumbas son de mampostería de piedra canteada. La estridencia y otras pretensiones están tranquilizadoramente ausentes, queda plasmada la memoria de un Chile antiguo, que quizás ya se ha desvanecido ante el avance avallasador del desarrollo y del consumo.

Desde hace unos años la administración del cementerio ha introducido una serie de cambios, en el que destaca el cobro retroactivo a los deudos por la mantención del camposanto, medida que no ha sido del todo bien recibida y que se ha manifestado en algunas obras de mantención que se agradecen, como es la reconstrucción de la piedra perimetral en piedra bruta y en medidas obvias de aseo interior.

Sin embargo, en el afán de pulcritud o merchandising –ya que es también de los cementerios más caros de Chile–, se ha ido perdiendo mucha de su magia y espontaneidad. Es lamentable e imperdonable la poda de la avenida central de pinos macrocarpas, que llegaban hasta el suelo y que acompañaban majestuosos, hieráticos y lúgubres al cortejo en una última dimensión palaciega de la existencia. Con ello se ha perdido un acto teatral y escenográfico importante en la elaboración del duelo y del entierro mismo. Hoy, como en una obra de teatro en que se hubiera recortado un acto completo, después del umbral de acceso todo luce luminoso e inmediato, con la evidencia de un escaparate. 

 

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