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| ED Nº 166, Julio 2009 | ||
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Acierto: Cuando se abren las anchas explanadas
TEXTO Y FOTOS GONZALO DONOSO
En un esquema de planificación centralizada y de integración social del territorio, la CORMU en 1972 durante el gobierno de Allende construyó la Villa San Luis, frente a lo que es hoy el Parque Araucano, para satisfacer las necesidades habitacionales de los pobladores sin casa de Las Condes. “Erradicados o relocalizados” éstos –según el eufemismo de preferencia– los terrenos y edificios fueron traspasados al Ejercito, quién en el 97, después de un largo y complejo proceso de deterioro y de hechos consumados, los vendió a una sociedad inmobiliaria que amén de las consideraciones sociales que puedan derivarse de su génesis, ha dado origen a una de las operaciones de reciclaje de mayor impacto en la comuna de Las Condes.
El mayor acierto es haber sido concebido desde un principio con un plan maestro que pone énfasis en la calidad de los espacios públicos intermedios entre edificios y no pensado como un mero loteo, como en el caso de “Sanhattan”, en que la laxitud de las autoridades e instrumentos de planificación comunales de ese entonces hipotecó desafortunadamente la oportunidad de consolidar el sector con un buen desarrollo de conjunto en una de las mejoras urbanas de la década de los 90. Si bien las propuestas iniciales del plan maestro elaborado por URBE –que consideraba una conexión de las explanadas interiores del complejo con el Parque Araucano, mediante unas rampas y una laguna– fueron dejadas de lado por falta de receptividad de las autoridades, el resultado es bastante afortunado y se ofrece como un icono reconocible dentro de la trama por el perfil de los modernos edificios. El diseño de sus halls y pisos zócalos en doble altura, con escala y materialidad dignas, se proyecta coherentemente a las amplias explanadas públicas y abiertas logrando una imagen hierática y armoniosa. Si bien hoy podría interpretarse como algo frío, intimidante y “metafísicamente institucional“, no logra aún consolidarse como un verdadero espacio ciudadano. Creemos que están dadas las condiciones y matrices para enriquecerlo en el futuro próximo, con equipamientos y lugares intermedios que mejoren su habitabilidad y adaptación a las condiciones climáticas, así como abrirse al uso de los vecinos logrando continuidad desde sus bordes con el Parque Araucano. Con todo un éxito rotundo en la gestión privada, pero balbuceante en su relación con la contraparte pública, que ciertamente puede mejorar muchísimo en su accesibilidad peatonal, hoy precaria. Desacierto: Pequeños trazos de dignidad
La plaza Egaña, frente a Américo Vespucio, en el límite de las comunas de Nuñoa y La Reina, tuvo sus orígenes en una cuadra que don Juan Egaña y su hijo Mariano destinaron a parque en los albores de la República, y lo plantaron con especies foráneas y exóticas, como era la moda en los fundos de una casta cada vez más europeizada. De esas sombras lejanas, que quizás vieron la redacción de la Constitución de 1830 y del código civil, queda lamentablemente poco vestigio después de un largo proceso de deterioro y de desafortunadas intervenciones. La que se lleva la palma, por cierto y por lejos, ha sido la remodelación de su superficie con ocasión de la estación de Metro en su subsuelo en el año 2005. |
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