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Acierto / Desacierto


ED Nº 173, Diciembre 2009
Acierto: Por los buenos oficios

TEXTO Y FOTOS GONZALO DONOSO


La Av. Apoquindo, hacia el oriente de Av. El Bosque, se ha ido perfilando desde sus anchas y despejadas veredas como nuestra propia Avenida de las Américas. Edificios modernos de elongado fuste han ido consolidando un Skyline propio de una ciudad rutilante y pujante. Los léxicos formales y los materiales empleados en estas edificaciones se insertan en un lenguaje cuyos conocidos códigos tienden a asegurarnos que nos encontramos positivamente insertos en una economía globalizada. Estas imágenes de ciudad son potentes y nos identifican; recordamos con cierta nostalgia las postales sesenteras de las torres de Tajamar perfiladas contra la cordillera, con sus avisos de neón.

Destacamos hoy, en el remate de esta perspectiva, en la estación de Metro Escuela Militar, en la intersección de Apoquindo y Américo Vespucio, la enhiesta aparición de una obra de arquitectura excepcional –la Torre Cruz del Sur de Izquierdo Lehmann Arquitectos–, cuya audaz silueta proyecta en esta imagen los perfiles de originalidad y calidad descollante que desearíamos ver más a menudo en nuestra cultura. En efecto, la audaz figura de pendiente invertida que desafía la gravedad es más fruto de una audaz reflexión y de un cálculo preciso que de un divertimento o pirotecnia marquetera. En un triunfo de la estructura sobre la gravedad, la masa del edificio –como un árbol que enaltece su copa– desaparece en la altura, y potencia la urbanidad de su zócalo sitiado en uno de los vértices de más intenso flujo peatonal de la ciudad.

La aparente disminución de rentabilidad inmobiliaria –el edificio propiamente tal empieza en el piso 4O–  se ve compensada inteligentemente por el aumento de superficie vendible en la altura, que es por cierto más preciada. La ausencia de columnas permite un uso óptimo y flexible del primer piso comercial y la optimización extrema de los subterráneos. Como objeto arquitectónico, coloca al observador en desafiantes y fértiles conjeturas respecto de la percepción perspectivada de las masas y de la ortogonalidad. La estructura calculada por Santolaya Ingenieros se resuelve como el exoesqueleto de un crustáceo, lo duro por fuera, y deja las plantas libres.

En su concepción general, los detalles depurados y en una factura impecable, este edificio resume el estado del arte actual de un muy buen momento de la Arquitectura y la Ingeniería de este país, asegurándonos, esperamos, para el próximo ciclo expansivo, un buen pie para nuevos desarrollos.

P.D. : Celebramos por parte de la Inmobiliaria PAZ la contratación de arquitectos de calidad, en un gesto de responsabilidad urbana que hubiésemos deseado en sus otras obras y que esperamos se proyecte en el futuro también para sus proyectos más masivos. La belleza no es un lujo, es un derecho.



Desacierto: Falta perfume de azahar
 


Polvareda ha levantado en el barrio El Golf el anuncio de la remodelación de la calle Roger de Flor, entre Isidora Goyenechea, y también el recién inaugurado Centro Cultural que se levanta sobre el futuro Teatro Municipal de Las Condes ubicado en el emplazamiento de la antigua Municipalidad.

La tala de los tradicionales naranjos en esta pequeña calle ha provocado en los vecinos indignadas y justificadas reacciones por lo que se interpreta como un nuevo atentado contra la identidad patrimonial de El Golf. En efecto, estos naranjos inundan este tramo urbano de aires sevillanos con perfumes de azahar y nos conectan con nuestras raíces andaluzas. Un cartel recién ahora tranquiliza momentáneamente a los inconsultos vecinos y explica que se repondrán las especies sin dar muchos detalles respecto del proyecto en construcción.

Este tema que pareciera baladí pone en relieve la falta de participación y de información de la comunidad respecto del diseño y calidad arquitectónicas de muchas intervenciones del espacio público que irrumpen como hechos consumados en la ciudad.

El resultado final del edificio del Centro Cultural deja bastante que desear en cuanto a su concepción arquitectónica global y estructural y el uso poco asertivo de materiales discordantes. Se echa francamente de menos en este proyecto la calidad del diseño que ha puesto a la arquitectura chilena entre las más promisorias del continente. La reproducción del antiguo pórtico del edificio proyecta una preocupación por el patrimonio que resulta anecdótica y éste es usado poco graciosamente como porta pendones para un edificio que no logra proyectar su destino. El tratamiento carnavalesco de la plaza y de los materiales es discordante con el pseudo “hi-tech“ del edificio, cuya expresión resulta finalmente tosca. Las alturas interiores de los salones del primer piso –que incomprensiblemente no se abren al espacio de la galería central– son mezquinas y no recogen su rol de piso noble. Los accesos y escaleras a los pisos superiores y al futuro teatro en el subterráneo son intrincadas y estrechas. El pavimento ampliado de la calle posterior para dar acceso a los estacionamientos –Reyes Lavalle– bien podría haber sido adoquinado para unir la plaza, el edificio con el paseo actualmente en remodelación  y la trama de anchos veredones de la calle Isidora Goyenechea que con tanto juicio y gusto se materializó en otra administración.

A pesar de las buenas intenciones y el significativo esfuerzo del Municipio de Las Condes de dotar a la ciudad de un equipamiento y de un espacio urbano relevante, el resultado, en mi juicio personal, es pobre principalmente por falta de desarrollo y de calidad de arquitectura.

En este sentido, la participación y la opinión de los habitantes de Santiago y de sus barrios puede ser un aporte a la hora de definir las obras que consolidan la proyección de la ciudad en el tiempo.
 

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