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Acierto / Desacierto


ED Nº 161, Marzo 2009
 
Acierto: Puentes poéticos a la modernidad


TEXTO Y FOTOS GONZALO DONOSO




Es refrescante y alentador destacar como acierto en esta ocasión el puente peatonal en madera laminada que se ha construido en el acceso a Zapallar, en la carretera de Papudo a Maitencillo. En este punto hay una curva vertical que dificulta de manera importante la visibilidad y la seguridad, haciendo imperativa una solución de comunicación con el pueblo para la nueva población que se ha construido aislada cerro arriba.

Este caso arquitectónico, ubicado en una suerte de pórtico natural de acceso a Zapallar y que podría haber sido resuelto con la banalidad de las recetas del manual de carreteras del Ministerio, fue tomado, tanto por el arquitecto como por la Municipalidad, como una ocasión y desafío de hacer algo con originalidad y con un fuerte vínculo con la singularidad de la zona.

Enrique Browne, el arquitecto a cargo del proyecto, con rigor abordó el tema en profundidad, e hizo surgir la obra desde la observación fina del lugar y sus requerimientos. La construcción misma se abordó desde lo que “cantan” los distintos oficios, utilizando un léxico de materiales que son declinados en un lenguaje que los carpinteros-pescadores y habitantes del sector conocen. La forma lograda, liviana y justa, evoca la arquitectura misma de los botes. El puente se estructura sobre una gran viga-quilla de madera laminada en contraflecha y es flanqueada por un entablado y vigas transversales que se prolongan al cielo como las cuadernas de una embarcación o las costillas de un cetáceo.

Más allá del logro evidente que este puente representa en sí mismo, es importante destacar la manera de enfrentar el problema desde un punto de vista artístico y no con el facilismo de las soluciones probadas y repetidas ad nauseam de los ministerios.
Cuanto quisiéramos que los trabajos de infraestructura y equipamiento urbano fueran abordados desde esta mirada, que ciertamente nos haría crecer como país desde lo poético a la técnica en una verdadera modernidad.
 


Desacierto: Confort o memoria
 

La intención por parte del Serviu de remover los adoquines de la Calle Pedro de Valdivia ha levantado polvo, qué duda cabe, partiendo por la misma Municipalidad, que se ha opuesto férrea y acertadamente a tan desatinada medida, la que se fundamentaría en las ventajas mecánicas y de confort del pavimento de asfalto por sobre el existente para el mantenimiento de las “máquinas” y la disminución de las emisiones sonoras en las vías troncales.

Es cierto, desde un punto de vista meramente práctico e ingenieril, los pavimentos de adoquines son molestos para una conducción cómoda, son peligrosos cuando llueve, provocan daños mecánicos importantes en la suspensión de las micros y de los autos, amén de sacudir a sus pasajeros y de provocar toda suerte de sonajeras. Añadimos también, por si algunos fundamentalistas de la eficiencia y la rentabilidad no lo hubiesen pensado, y aunque el peligro pudiera estar lejos, que durante levantamientos populares y comuneros, dichos adoquines pueden constituir armas contundentes y elementos para construir barricadas como lo ha visto París en varias etapas de su historia, y que a pesar de todos los argumentos anteriores se empeña en mantenerlos en sus más jerárquicas arterias y espacios patrimoniales. Será que el valor espacial y estético de dicho tratamiento logra compensar las pérdidas o molestias que provocan a sus usuarios.

La ciudad no sólo se construye como entidad final significante desde lo material y la eficiencia; una visión tecnocrática resulta a menudo lamentablemente monocorde. Es evidente que los modelos de evaluación económica de la rentabilidad de los proyectos de infraestructura de transporte urbano, por su precariedad, no incorporan a su matriz variables que pudieran parecer subjetivas tales como valor histórico, cultural y patrimonial.

Si bien el problema práctico existe, podrían mantenerse y arreglarse también otras de las principales arterias amenazadas como Manuel Montt, José Domingo Cañas y otras, arreglando de una vez los parches indiscriminados de asfalto, concreto –realizados con nula fiscalización– y que las tienen convertidas en verdaderos patchworks de “eventos” y rallys urbanos. Además, como es tendencia, privilegiar y reciclar con los adoquines antiguos vías peatonales o de poco tráfico como Orrego Luco y General Holley, reforzando la clase y atmósfera del espacio público. Sería lamentable, como ha ocurrido, encontrarse con los adoquines, comprados a precio de escombro por los contratistas, vendidos después “al detalle” y a precio de oro en las demoliciones. 


 

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