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Acierto / Desacierto


ED Nº 176, Abril 2010
Castigo olímpico

TEXTOS Y FOTOS GONZALO DONOSO

El terremoto ha sido de una intensidad prácticamente cataclísmica, y como Sísifo, una y otra vez, cargando nuestros errores y omisiones. Deberemos remontar la pendiente, hasta que volvamos a caer al pie del ineluctable abismo de nuestro destino telúrico. La idea a lo menos entonces, sería acomodar la carga en el camino.

La resistencia de las construcciones producto de la intensidad del sismo ha sido verdaderamente excepcional. En su conjunto se han comportado dentro de los rangos esperables. Los desastres en vidas humanas producto del colapso de estructuras han estado dentro de todo reducidos. Cabe preguntarse por qué muchas de las nuevas edificaciones –en su generalidad construidas dentro de la norma– han tenido daños importantes siendo que en otras construidas hace 40 años o más prácticamente no pasó nada. Vacíos en la norma sísmica, desconocimiento del consumidor, criterios exacerbadamente economicistas de las inmobiliarias, errores de diseño y construcciones se combinan con diverso grado de dramatismo.

En lo fundamental, los daños se pueden catalogar en dos grandes grupos, los estructurales y los de las terminaciones. Hay que aclarar primero lo que la mayoría de la gente desconoce: la norma chilena vigente exige que para un sismo de moderada intensidad las estructuras no deben sufrir daños en sus terminaciones; en un sismo fuerte no debe haber daño estructural; y en uno de las características del recién pasado, las estructuras no tienen que colapsar y permitir la evacuación.

En un marco de economía y competencia es esperable que se proyecte de manera de maximizar las utilidades y minimizar el precio. Los mayores estándares de seguridad existen y su costo es transferido –qué duda cabe– al consumidor. Poca gente eso sí se informa de lo que no se ve al comprar un departamento.

Simplificando, en la medida que los edificios son más altos, deben ser proyectados con mayor elasticidad para disipar la energía del sismo. Para que sean lo más livianos posibles con el mayor número de tabiques que “bailan” en el temblor con las consiguientes grietas, llegando a la paradoja que si fueran mas rígidos éstos se quebrarían. Las distintas herramientas y softwares de diseño estructural de hoy permiten “optimizaciones” que los proyectistas se ven presionados a tomar por algunas inmobiliarias, disminuyendo los márgenes de seguridad. Hace 40 años estas herramientas no existían, las construcciones eran más bajas y se trabajaba con márgenes de seguridad mayores que eran traspasados al precio de venta.

Producto de cada terremoto, la norma chilena se ajusta, y ya se discute entre otras cosas, respecto de introducir en el cálculo de resistencia dinámico las aceleraciones verticales, cosa que no se hacía.

Muchos de los grandes rascacielos de oficinas respondieron bien gracias a que tienen sofisticados y onerosos sistemas de protección antisísmica. Sería inviable económicamente traspasar esos altos niveles a edificios habitacionales. Sin embargo, no resulta descabellado, sin pretender agotar el tema, pensar en una ciudad de menor altura y densidad media, en que por el mismo precio se pueda entregar un mejor nivel de seguridad.

Recordemos que los humanos, ensoberbecidos, fueron castigados por los dioses por querer alcanzar las alturas del Olimpo. 

 

 

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