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Acierto / Desacierto


Martes, 14 de Diciembre de 2010 00:00
Los jardines colgantes de la nueva Babilonia

TEXTO Y FOTO GONZALO DONOSO


Las plantas para crecer necesitan agua, minerales, luz y dióxido de carbono; la tierra en la práctica es un soporte mecánico del que pueden prescindir. La naturaleza produce de forma espontánea jardines verticales suyo substrato no es la tierra, sino la roca viva en los acantilados o en los troncos de los árboles. En lugares vertiginosos, con sólo unos milímetros de humus, crecen helechos, musgos, hiedras y miles de otras especies adaptadas a un medio distinto del suelo horizontal. Mientras haya agua que vehicule los nutrientes, la vegetación coloniza la mayor parte de los soportes verticales. 
Es probable que en una visión apocalíptica, como muestran los grabados del Piranesi, todas las orgullosas creaciones del hombre terminen cubiertas de plantas y derruidas por la acción de las raíces: un verdadero problema para la conservación de los monumentos. Menos pesimista y más visionario, Roberto Burle Marx –gran paisajista brasileño que colaboró con Le Corbusier, Lucio Costa y Niemeyer– se fascinó con la vegetación de los acantilados de Rio y de la selva, creando los primeros jardines verticales en las edificaciones modernistas de Brasilia y abrió un nuevo léxico en el lenguaje arquitectónico. Desde hace ya unos veinte años y en concordancia con el espíritu de conciencia global, los jardines verticales han sido crecientemente incorporados a la arquitectónica contemporánea como elementos de fachada y techumbres, tanto por sus virtudes estéticas, como por sus cualidades de eficiencia térmica como aislante y, sobre todo, como una manera de compensar las emisiones de dióxido de carbono involucradas en la construcción de un edificio y su consumo de energía en el tiempo. La búsqueda del equilibrio de las emisiones y los ahorros de CO2 de un edificio constituye el principal desafío de una arquitectura sustentable.
La técnica misma del muro vegetal como revestimiento arquitectónico
–perfeccionada y patentada por el botanista francés Patrick Blanc– consiste en la prefabricación de módulos enrejados “pre-cultivados” que soportan el peso de las plantas y el substrato. Las raíces se desarrollan en un fieltro de poliamida de 3 mm de espesor de alta capilaridad a través del que se conduce el agua y los nutrientes. El sistema, ciertamente complejo, a la larga es de baja mantención y arma un paramento vertical auto regado dilatado de la fachada misma del edificio: una verdadera frazada en términos térmicos. Los ahorros producidos en calefacción y aire acondicionado en el mediano plazo lo viabilizan económicamente. En cada caso se cultivan plantas adaptadas al clima y que van cambiando según la estación del año, lo que en términos de textura y colores abre una rica paleta de composición para los paisajistas y arquitectos.


 

 

 

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1 Comentarios 

ALDO UTILI
Publicado Jueves 29 de Marzo, 2012 - 13:41 hrs.
Es el fieltro de poliamida la unica manera de poder construir estos jardines verticales?, existen otras telas adecuadas para este sistema?

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