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| ED Nº 180, Julio 2010 | |
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Nuevos códigos de responsabilidad urbana
TEXTOS Y FOTO GONZALO DONOSO
Hace 35 años –a principios de los 70–, las grandes hijuelas de los faldeos del Manquehue no se habían urbanizado y estaban plantadas de viñas; en algunos sectores poblaciones, como “El Esfuerzo”, se levantaban allende el Mapocho que se cruzaba por un pequeño puente. Algunos empresarios visionarios, y en el contexto de la Unidad Popular, apostaron a la reconversión en terrenos urbanos de los trechos entre la Viña Manquehue y el Saint George. Muchos de ellos hoy ya están urbanizados, y el lugar en que se encuentra el colegio y el sector de Lo Recabarren fueron adquiridos por Guillermo Schiess. Por cierto que haberlos mantenido hasta ahora es de alguna manera doblemente visionario: por un lado capitaliza la plusvalía y la consolidación del entorno y por otra parte puede plantearse como un destino complementario y novedoso en un perfil propio de negocio potenciando su singularidad.
Es la apuesta y el acierto indiscutible del grupo Schiess con la próxima inauguración de su edificio corporativo en Santa María de Manquehue, que pretende constituirse en la punta de lanza de un futuro centro de negocios en las 10 hectáreas de terrenos que poseen en el sector, orientado principalmente a corporaciones que necesiten conectividad del área Oriente con el aeropuerto, además de una imagen de empresa ordenada en base a sustentabilidad y calidad de los espacios exteriores. Lo que podría haber sido sólo una buena intención y una manifestación de principios y buena voluntad, fue tomado muy en serio por sus propietarios y por el grupo de + Arquitectos, a cargo del proyecto. Esta postura constituye por cierto un nuevo referente para el empresariado local a la hora de definir su expresión corporativa incorporando calidad, eficiencia y responsabilidad por el entorno y el ambiente. Más allá de las virtudes arquitectónicas evidentes del edificio propiamente tal –que con gracia y oficio declina los principios de eficiencia energética y que lo hacen merecedor de la certificación LEED de la US. Green Building Council– resalta su implantación en el terreno y la manera en que articula su interioridad con el espacio público. En efecto el edificio corporativo, en un gesto arquitectónico que recuerda en su articulación el edificio Lingotto (la fabrica de Fiat, paradigma de la arquitectura futurista de los años 20, proyectada por Giacomo Mattè), desenvuelve en un continuo enfrentamiento su fachada hacia el resto del terreno. Esto se proyecta al interior del edificio, como en una suerte de cinta de Moebius, en que las circulaciones y espacios de trabajo se van resolviendo con soltura, convivialidad y privilegio, sin espacios desmerecidos. Con ello la construcción se enaltece en una plaza abierta que le sirve de zócalo. Circulaciones, espacios de encuentro y también un anfiteatro pretenden además servir de soporte para actividades culturales. Sin ningún tipo de cierre que infantilice al transeúnte, los espacios exteriores diseñados por Juan Grimm se regalan a la ciudad comprometiendo y responsabilizando a su habitante en su respeto y cuidado. Preocuparse de armar espacios de calidad para la ciudad, no encerrarse en entelequias cortoplacistas y apostar por el entorno son virtudes que esperamos que se incorporen como nuevos códigos y referentes de responsabilidad en el empresariado chileno.
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