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| ED Nº 182, Agosto 2010 | |
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Una sonrisa desdentada al nuevo centenario
TEXTOS Y FOTO GONZALO DONOSO
A principios de los años 80, el barrio El Golf y la calle Isidora Goyenechea aún mantenían un aire vecinal. La gente, con ritmos de barrio y vida que añoramos hoy con nostalgia, iba al zapatero, al peluquero, a la panadería Fuchs o al mercado en la Av. Vitacura con paso sereno. La Portada, con sus portentosos volúmenes de hormigón, se erguía todavía como paladín de pujante modernidad. En la Av. Andrés Bello, la planta embotelladora de la CCU, enorme estructura propia de la arquitectura industrial de los años 30 –que hoy sería considerada patrimonio arquitectónico– se levantaba en medio de una gran macro manzana con grandes áreas libres y añosos árboles.
Hoy, como fósiles resilientes de esta época pasada, en la esquina norponiente de la intersección más valorada de Santiago –Vitacura con Isidora Goyenechea– un conjunto de edificaciones en clara obsolescencia y tugurizado con locales variopintos, permanece incólume frente a los proyectos más emblemáticos de Sanhattan, como son el Titanium y el futuro Hotel Intercontinental. El desacierto es claro. No se entiende que a 15 años de la aprobación del Plan regulador de Las Condes –que fijó las líneas oficiales y de edificación gravando de forma casi total los predios involucrados– estos no hayan sido aun expropiados para dar una solución definitiva a esta esquina y al nudo vial frente al que se emplazan. Es claro que las rentas generadas por estas edificaciones a sus propietarios superan las indemnizaciones que se esperarían del Estado por su expropiación dado su escaso aprovechamiento residual en términos inmobiliarios. Sin embargo la resolución de este verdadero nudo gordiano rebasa el ámbito de lo particular y cobra una proyección de posibles beneficios urbanos que podrían compensar indemnizaciones mayores. En efecto, con la apertura de esta esquina se podría abrir el verdadero “tapón de botella” que se genera hacia el interior de la manzana ocupada por las partes traseras de grandes rascacielos, y rescatar la idea de hacer un recorrido de carácter unitario y peatonal con el beneficio de la apertura de otro frente comercial en su nivel de suelo. La idea por cierto no es nueva, ya que nunca se entendió la falta de visión por parte de los desarrolladores de la división de la antigua CCU o de los planificadores a cargo de no plantear desde esos años un recorrido público por su interior. Por cierto que las cosas hoy han cambiado y ya se ven posturas mejor resueltas como en Nueva Las Condes, donde la manzana cobra su interior. Existe en este punto la posibilidad de una “recomposición urbana” que podría ser liderada por el municipio de Las Condes, siguiendo los pasos virtuosos que dio en los tiempos de la remodelación de la calle Isidora Goyenechea, prolongando el carácter de esta importante avenida hasta el Mall de Cencosud en Providencia. Cabe preguntarse hoy respecto de cómo abordar este punto con un proyecto urbano coherente como “proyecto de ciudad” y no encontrase con una esquina desdentada y resultante en una ciudad que quiere sonreírle globalizada al nuevo centenario.
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