Cartas a Yves
El genio y su incondicional compañero. El creador y su cable a tierra. La relación entre Pierre Bergé e Yves Saint Laurent cambió sus vidas, la de la industria de la moda y cómo se había pensado lo femenino hasta ese momento. Al año siguiente de la muerte del diseñador, Bergé desempolva recuerdos y ajusta cuentas con una colección de cartas reunidas en un breve, pero intenso libro.
POR CARLOS LOYOLA LOBO FOTOS EDITORIAL ELBA
¡Qué mañana tan joven y hermosa hacía el día que nos conocimos! Librabas tu primera batalla. Aquel día conociste la gloria y, a partir de entonces, no nos volvimos a separar. ¿Cómo iba yo a imaginar que cincuenta años más tarde estaríamos aquí, cara a cara, y que yo me dirigiría a ti para un último adiós? Es la última vez que te hablo, la última vez que puedo hacerlo. Muy pronto, tus cenizas llegarán a la sepultura que te espera en los jardines de Marrakech”. Así comienza la primera de las cartas que Pierre Bergé escribe a lo largo de poco más de un año, el año que sigue a la muerte de su compañero, amante y socio Yves Saint Laurent. Las Cartas a Yves son el canto de amor y muerte, el diario de ausencia, como el mismo Bergé le llama y que le dedica a la genial figura de Saint Laurent, pero también al hombre brillante, contradictorio y a veces terrible que fue.
La historia de estos dos hombres brotó de un amor a primera vista que los unió desde 1958 hasta 1976. En ese año se separaron, pero mantuvieron su relación comercial y una íntima amistad. Yves Saint Laurent llamó por teléfono a Pierre Bergé todas las noches sin excepción hasta el último día de su vida. Emocionalmente dependientes, juntos crearon en 1961 la casa de modas más importante de la segunda mitad del siglo XX y juntos recrearon la forma de vestir de las mujeres del mundo por décadas. Después de la muerte de Yves, Bergé, en su calidad de albacea, se ha dedicado a difundir el legado de su compañero a través de exposiciones, un documental (L’amour fou o El amor loco) y un libro, éste, en el que revela la verdadera naturaleza e intimidad de su relación con el afamado diseñador de modas.
A sus 81 años, Pierre Bergé es un hombre activo y adaptado a las nuevas tecnologías, capaz de hacer un lúcido balance de su vida y explicar los vínculos que le unían a Yves. Cartas a Yves es una gran carta de amor, varias en realidad, pero además es un gran ajuste de cuentas donde el autor habla sin pudor de sexo, arte, política, homosexualidad, drogas, muerte y, sobre todo, del feroz mundo del fashion.
Yves creció en Orán, Argelia, alrededor de una familia sobreprotectora con una infancia bastante controlada y opresiva. Según Bergé, uno de los problemas psiquiátricos de Yves se debió probablemente a no haber dicho nada a su familia respecto de su homosexualidad. El mismo diseñador lo dijo alguna vez en Le Figaro: “Ser homosexual en Argelia era como ser un asesino, un criminal”. Eso, sumado a su talento desmedido y su enorme capacidad creativa, provocó desequilibrios en su personalidad: “Asumir a los 21 años la responsabilidad de suceder a Christian Dior supuso un enorme compromiso que le privó, en el fondo, de su adolescencia y de su primera juventud”, opina Bergé.
A Yves Saint Laurent no le gustaban los diseñadores de su época ni ciertos aspectos de la moda que aún se dan hoy: esa moda que muchos diseñan para la pasarela y para las fotografías de las revistas, pero no para ser utilizada. Para él la ropa no era una creación gratuita, no le gustaba la concepción del diseñador encerrado en su torre de marfil que decide “este año el rojo, este año corto”. Pensaba que entre el diseñador y la mujer debía existir un diálogo, un encuentro. Yves Saint Laurent fue el creador del mentado prêt-à-porter con el que tuvo el extraordinario mérito de comprender esta necesidad social y constituyó un verdadero acto político para las mujeres. Para él, la alta costura no sólo servía para vestir a las mujeres más ricas, y por eso encontraba lamentable no poder llegar a las demás. Que la moda no sólo debe vestir a las grandes clientas es algo que había enunciado Coco Chanel, pero que Saint Laurent llevó a cabo, convirtiéndolo finalmente en un acto democrático.
Pero estar dentro de la industria de la moda y ser el líder tiene sus costos. Yves los tuvo y Pierre Bergé no los resta en este libro. Su larga relación con las drogas y el alcohol fue su vía de escape y Pierre lo entendió así desde el comienzo: “No lo aprobaba, pero lo comprendía. Porque su trabajo, tan intenso, tan exigente, tan continuamente creativo, le consumió de tal manera que no le quedó otra escapatoria”. El saber en las sombras, el apoyo imprescindible del genio, la roca inamovible ante la marea, ese fue Pierre Bergé. Empresario y mecenas francés que en 1961 emprendió con Yves esta aventura que inventaría el smoking femenino, la sahariana y ese “qué se yo” que comprenden las siglas YSL.
Tras la muerte del modisto en 2008, Bergé organizó la que se conoció como “la subasta del siglo”, con la colección de arte que ambos compartían. Bergé es un filántropo inagotable, presidente de Honor de la Opera Nacional de París, del Comité Jean Cocteau, embajador de Buena Voluntad de la UNESCO y presidente de Sidaction. La fundación Pierre Bergé-Yves Saint Laurent continúa la labor de una vida entera como compañeros, organizando exposiciones y actividades culturales. Hace pocos meses se presentó una retrospectiva del diseñador en la Fundación Mapfre en Madrid, España. Hoy nos entrega esta colección de cartas que no son más que la continuación de su relación, pero en epístolas y post-mortem. Acá no hay grandes homenajes ni pontificaciones, sino la humanidad de Yves, su pareja, el hombre y el diseñador. Uno de los más grandes e inolvidables de la historia de la moda.