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Actualidad ED


ED Nº 184, Especial Moda Octubre 2010
El nuevo jet set
 

POR IGNACIO PEREZ-COTAPOS Y MAGDALENA BOCK // ILUSTRACIONES JOSE IGNACIO CONTRERAS S. 


Carolina de Mónaco

Charlotte Casiraghi

Laura Santo Domingo y Olivier Theyskeus

Lappo Elkann y Bianca Brandolini

 
Igual que antes, la nueva generación de socialites mezcla juventud y privilegios, pero ahora además de sonreír para los flashes de cada cocktail, trabajan y firman millonarios contratos.
 
 

En 1971, el rumor de la muerte de Talitha Getty comenzó a correr como la pólvora de Nueva York a Roma y de Capri a St. Tropez. Talitha había muerto en las más dramáticas circunstancias, se dijo, ahogada en la piscina de su villa en Marrakesh después de saltar al agua casi desnuda, apenas cubierta por un abrigo de piel y un collar de esmeraldas. Fue una muerte trágica pero con estilo, que correspondía perfectamente a la personalidad de la joven mujer de John Paul Getty, una actriz de origen holandés, criada en Africa, que se había convertido en uno de los grandes iconos de la moda europea antes de siquiera cumplir los 30.

La noticia, por supuesto, era falsa (¿quién usa pieles en Marrakesh?). Talitha había muerto, pero no ahogada en Marruecos sino por una sobredosis de drogas en Roma. Y aunque la aclaración fue repetida mil veces, muchos prefirieron ignorarla porque, obviamente, era mucho mejor imaginar que una de las reinas del jet set había muerto por el peso de su propio estilo y no por una simple y aburrida sobredosis.

El jet set de los 70 está lleno de historias como ésta. Que Jackie gastó 15 mil dólares en 10 minutos en la Avenue Montaigne. Que Ari se negó a pagar la cuenta. Que Liz Taylor y Richard Burton trataron de asesinarse mutuamente en Gstaad y luego hicieron el amor durante diez horas en Positano. Que Grace lavaba su pelo con champagne. Que Enrique di Portanova llamaba a su jet privado su “taxi” y organizaba memorables fiestas para los Kissinger en su mansión de 28 habitaciones en Acapulco… Y así, una a una, van apareciendo estas anécdotas tejidas con exceso, glamour y dinero, los tres hilos que unían a ese fabuloso grupo también conocido como el “Beau Monde”.

Han pasado casi cuatro décadas desde entonces y todo ha cambiado. Si una socialité de nuestros tiempos decidiera lanzarse en abrigo de piel y perlas a la piscina, lo más probable es que antes lo anunciaría en Twitter.

El misterio, ese delicioso semi anonimato que disfrutaron sus predecesores, es un lujo que los integrantes del nuevo jet set no pueden darse. Todo se sabe. Todo se escribe. Todo se documenta, se fotografía, se bloguea, se Googlea, se Facebookea y se YouToubea.
Pero, con una tenacidad que sólo se consigue mezclando juventud y privilegio, el nuevo jet set sigue ahí, de pie, haciendo su vida como si no hubiera un solo lente siguiéndole los pasos.

Igual como ayer, Mónaco parece ser el “ground zero” de este glamoroso grupo. Los hijos de la Princesa Carolina –Andrea, Charlotte y Pierre– heredaron de su madre y su abuela, la princesa Grace, una elegancia sin esfuerzo y la resistencia necesaria para llevar adelante una activa vida social dividida en dos o tres continentes.

No importa cuál sendero siga uno en la ruta del moderno jet set, siempre llegará a Mónaco y sus tres jóvenes nobles.

Andrea, el mayor, el del pelo largo y rubio, la chaqueta Dior Homme y los jeans gastados, mantiene desde hace largo tiempo una relación con Tatiana Santo Domingo, elegida este año por Vanity Fair como la mujer mejor vestida del mundo y nieta de Julio Mario Santo Domingo, el hombre más rico de Colombia y una de las figuras sociales más prominentes de Nueva York. 

Tatiana, ejemplo perfecto del “bohemian chic”, conoció a Andrea a través de su hermana Charlotte, cuando ambas estudiaban en el Institut Le Rosey en Suiza.

En Nueva York, Lauren Davis Santo Domingo, cuñada de Tatiana, casada con su hermano Andrés, es una de las princesas del nuevo jet set americano. Heredera de la fortuna del agua mineral “Poland Spring”, editora de Vogue, devota fashionista y entusiasta mariposa social, Lauren ya era bien conocida cuando, en una romántica noche en París, conoció a su actual marido. “Estaba comiendo con unas amigas”, recordó hace un tiempo en una entrevista, “Andrés entró al restaurant vestido con un smoking blanco, cruzamos una mirada y no nos separamos nunca más”.

El matrimonio fue celebrado con gran esplendor  –y abundante seguridad– en Cartagena, Colombia, con la novia corriendo por las calles empedradas envuelta en un gigantesco vestido de novia diseñado especialmente para ella por Olivier Theyskens para Nina Ricci, un fabuloso merengue blanco que necesitó 60 metros de jaquard de seda y 1,200 horas de trabajo para su construcción, mientras era fotografiada por Arthur Elgort en exclusiva para Vogue.

Y hablando de Vogue, ha llegado el momento de mencionar a otras dos brillantes estrellas del nuevo jet set: Vladimir y Julia Restoin-Roitfeld, hijos de la muy chic editora en jefe del Vogue francés, Carine Roitfeld.

Instalados desde hace un tiempo en Nueva York, él en un edificio Beaux Arts del Upper East Side, ella en un departamento de London Terrace, los Restoin-Roitfeld se han convertido en figuras inevitables de esa glamorosa esquina donde convergen arte, moda y vida social.

“Vlad”, como lo conocen todos, fundó el año pasado Feedback, una empresa dedicada a la exhibición de arte contemporáneo que adquirió inmediato impulso y visibilidad cuando Carine, su madre, quién nunca ha desperdiciado la oportunidad de hacer una gran entrada, apareció en la primera vernissage cubierta en una capa, medias de encaje, botas de Dominatrix y sin pantalones.

Julia, de 25 años, ha resultado ser una rigurosa profesional. Aunque acaba de graduarse en mayo pasado de la prestigiosa Escuela de Diseño de Parsons, ya realizó prácticas con el diseñador y director de arte Fabien Baron y el fotógrafo Craig McDean, trabajó como editora asociada de la revista V, y acaba de firmar un millonario contrato como rostro exclusivo para Lancôme.

El nuevo jet set es así, trabajador.

Lappo Elkann, heredero de la fortuna Fiat y nieto de los legendarios jetseteros Gianni y Marella Agnelli, podría fácilmente haber dedicado sus días al descanso y sus noches al champagne, pero en cambio decidió hacer buen uso de su fama como uno de los hombres mejor vestidos del mundo y creó, hace un tiempo, su propia empresa de diseño y publicidad. Su novia, la igualmente aristocrática Bianca Brandolini D’Adda, hija del Conde Ruy y la Condesa Georgina Brandolini, divide su tiempo entre sus residencias en Ginebra, Venecia y Trancoso, y la sala de clases del Institut du Marais-Charlemagne Pollès, donde estudia drama y actuación.

La moda es un imán poderoso para el jet set 2.0. Natalia Vodianova, que creció en las más modestas circunstancias en Rusia y hoy es, vía matrimonio con el Vizconde Justin Portman, una flamante aristócrata británica, alcanzó fama internacional posando para Calvin Klein y Louis Vuitton, y actualmente diseña su propia línea de lingerie para Etam.

Alexa Chung, Caroline Sieber y Eugenia Niarchos, tataranieta de Gloria Guinness y sobrina de Daphne Guinness, son perfectos ejemplos de que con un poco de esfuerzo una socialité puede ser, al mismo tiempo, musa, editora, estilista, modelo, diseñadora e ícono de la moda. Lo único que se necesita son los accesorios adecuados y la paciencia para posar sonriente frente a las cámaras en el cóctel de cada noche.

Charlotte Casiraghi, y esto era inevitable, también cayó desde temprano en las redes del fashion. Después de un período de aprendizaje junto a Karl Lagerfeld (¿tío Karl?) en Chanel, la princesa de Mónaco demostró su preocupación por el medio ambiente lanzando su muy ambiciosamente titulada revista EVER Manifesto, una publicación dedicada a la eco-moda. Su mejor amiga, Alice Dellal, hija de la ex modelo brasilera Andrea Dellal, ha posado para Agent Provocateur, Alexander Wang y Vogue Rusia en el tiempo que le queda libre entre sus noviazgos con Pierre de Mónaco o James Jagger.

Su hermano Alex, un dealer de arte londinense de 27 años, es el novio de Charlotte y, según informaron los diarios europeos hace unos días, ambos planean casarse a mediados del próximo año en la que, seguro, será la cita cumbre del jet set esta década.

Como dijimos antes, cuando se trata de este grupo, todo comienza y termina en Mónaco.

 

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