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Y no es para menos. Descartando el simple placer de comer, hay que contabilizar un lindo y acogedor espacio, con un look envolvente y más de 3.000 ingredientes y productos auténticos de todo el planeta. Aquí hay para regodearse, desde huevos azules y papas, hasta caviar y foie gras, además de un sinfín de especies, pan recién horneado, té de Sri Lanka, sal del Himalaya, sofisticados aceites, frutas y verduras, productos a granel, envasados o preparados en las estaciones de quesos, charcutería, chocolatería y pastas frescas del Pasta e Vino. También está Cocina Abierta Coquinaria, el restaurante con capacidad para 100 personas que funciona desde el desayuno hasta la comida y que le da vida a todos los productos disponibles en este mercado. Ideal para los más fanáticos, quienes pueden mirar cómo se preparan los platos y pedir la receta, la que le darán generosamente con una sonrisa de oreja a oreja.
Este es el paraíso de los foodies, como le llaman los ingleses a los aficionados a la comida y bebida. Y no sólo a nivel de clientes sino también para sus empleados, todos amantes de la buena mesa y verdaderos caseros gourmand, ellos saben bien qué tiene y cómo se prepara todo lo que sale de la cocina.
Coquinaria es producto de más de dos años de intenso trabajo, un largo viaje alrededor del mundo, largas reuniones y mucho estudio. Alejandra y Kevin reclutaron a un excelente y multidisciplinario equipo que se involucró en cada una de las etapas del proyecto con el objetivo de aterrizar el concepto que ambos tenían de la marca Coquinaria, inspirada en el primer libro de recetas de la historia y escrito en el siglo I DC por el filósofo gastrónomo romano Marco Gavio Apicio (dato aparte, lo tienen a la venta y ha sido el más solicitado).
Nicole Labbé y Carolina del Campo fueron las arquitectas a cargo del proyecto. Ellas tuvieron que interpretar y aterrizar el término Coquinaria, algo así como un mundo de experiencias sensoriales –sabores, texturas, colores, gustos y aromas– en medio de un ambiente moderno y acogedor que conceptualmente recuerde al Mercado Central con su calidez, cercanía y familiaridad. Separados en diferentes Convivums, el layout fue definido por los materiales, productos, sabores y servicios de cada uno de los sectores o islas. “La idea es dejarse llevar y recorrer los casi mil m2 libremente y detenerse a admirar y aprender del proceso de producción de los talleres de pasta, pan y chocolates”, resume Nicole.
Este verano, la terraza fue el sector más concurrido. Fresca y cómoda, el paisajismo estuvo a cargo de Fernanda Larraín y Loreto Ulloa, quien escogió sólo vegetación que tuviese alguna relación con la cocina, como olivos, naranjos, romero y un pequeño huerto para abastecerse de hierbas frescas.
El look moderno y los detalles estuvieron a cargo de la oficina de Enrique Concha y Diseñadores Asociados, con los arquitectos Ignacia Salas y Germán Margozzini a la cabeza. “La Alejandra y Kevin fueron súper mateos al forjar este proyecto y tenían muy claro lo que querían. Nosotros, más que nada, interpretamos sus necesidades y le dimos vida a la imagen que tenían preconcebida en sus cabezas. Pusimos el diseño al servicio del espíritu del proyecto”, explican. Así, el mármol de Carrara, la madera de encina, el pavimento italiano gris, las cajas que caen desde el cielo para guiar y demarcar cada sector, la rafia negra como telón de fondo en las repisas fueron parte de sus ideas. A esto hay que sumarle todo el display de los productos, dónde y cómo ponerlos; esconder todos los aspectos técnicos (que fueron muchos) “y cientos de detalles casi esquizofrénicos que lograron esa identidad tan buscada: un espacio elegante y sofisticado pero que no intimidara”, explica Germán.
Y lejos lo más intimidante para un chileno podría ser sentarse en la misma mesa con un desconocido. Pero en Coquinaria no hubo más remedio. Amante del rito que significa sentarse a la mesa y de la magia que se provoca, Alejandra, convirtió una enorme mesa de algarrobo, de más de cinco metros de largo, en su bandera de lucha. Hoy está siempre de bote a bote. El hechizo se hizo realidad.
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