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| ED Nº 177, Mayo 2010 | |
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La joven Victoria
Una reina rebelde POR JOEL POBLETE
Aunque no alcanza a ser notable, la película sobre los años mozos de la legendaria soberana británica tiene mucho más encanto y dinamismo que otras lánguidas producciones de este tipo.
Reconozcámoslo: aunque para muchos puedan sonar a algo rígido y aburrido, “empaquetado”, cuando están bien hechas, las producciones “de época” en cine pueden ser irresistibles, y mucho más que un placer culpable. En especial cuando se trata de abordar las intrigas palaciegas o las vicisitudes sentimentales que han rondado a la aristocracia británica y su realeza. Por ejemplo, en 2007 disfrutamos con La reina, mientras el año pasado, a pesar de algunos aciertos –en especial la deslumbrante dirección de arte y vestuario–, La duquesa no entusiasmó demasiado; pero ahora el más reciente ejemplo, La joven Victoria, que continúa en la cartelera local, deja mucho más satisfecho al espectador.
Producida por Martin Scorsese y la mismísima duquesa de York, Sarah Ferguson, la cinta retrata los años mozos de la legendaria reina Victoria de Inglaterra, centrándose en los obstáculos que encontró para asumir en 1838 el que sería el más extenso reinado de una monarca inglesa. En manos del cineasta Jean-Marc Vallée, lo que pudo ser sólo un lujoso y monótono telefilme se convierte en una cinta deliciosa y dinámica, como los mejores momentos de la película que hace cinco años ubicó a este realizador canadiense en el panorama internacional: la sorprendente e irregular, pero finalmente entrañable C.R.A.Z.Y. Vallée conduce todo con un ritmo contagioso y dota a la historia de cierto sabor contemporáneo, a pesar de transcurrir en el siglo XIX. Claro, no se puede negar que cuando el romance y matrimonio de la reina y el príncipe Alberto se convierten en el centro de la película, el último tercio de ésta se vuelve más edulcorado y convencional, pero afortunadamente no alcanza a empalagar, y hay mucho que admirar: de partida, y como ya lo adelantamos en ED, la impecable y detallista dirección de arte, y el bello vestuario de la británica Sandy Powell, quien ganó su tercer Oscar por este trabajo, tras Shakespeare apasionado y El aviador. Pero también hay que elogiar el divertido guión de Julian Fellowes (el mismo que ganó la estatuilla dorada por Gosford Park), la exquisita banda sonora –que entrelaza la música incidental de Ilan Eshkeri con fragmentos y arreglos de Schubert, Dvorak, Purcell y Donizetti, ¡e incluso una canción de Sinéad O’Connor en los créditos finales!– y las actuaciones del afiatado elenco, encabezado por una Emily Blunt (El diablo viste a la moda) a la que se nota más cómoda que en la reciente El hombre lobo. Si bien no alcanza a ser tan notable como prometía en su primera mitad, La joven Victoria es encantadora y de seguro dejará más que contentos a quienes aprecian este tipo de cine. |