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ED Nº 191, Abril 2011 |
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Nixon en China
POR JOSE MIGUEL DE LA CERDA // FOTOS MET
La visita del presidente norteamericano Richard Nixon a China en el año 1972 fue el acontecimiento histórico y político que permitió formalizar las relaciones entre ese país y Estados Unidos. Un evento inesperado que dejó una marca en la historia política mundial y que inspiró la creación de una nueva ópera durante la década de los 80, la que, el 4 de febrero pasado, fue incluida como una de las nuevas producciones del Metropolitan Opera House.
Compuesta por John Adams, con libreto de Alice Goodman, la obra Nixon en China fue encargada por la Academia de Música de Brooklyn, la Gran Opera de Houston y el John F. Kennedy Center for the Performing Arts. Estrenada en 1987 en la Gran Opera de Houston, y con una crítica dispar, nadie imaginó que la producción de Peter Sellars con coreografía de Mark Morris fuera nunca a alcanzar el escenario del MET. Sin embargo, 24 años más tarde, triunfa al conquistar al público neoyorquino y demuestra al mundo entero que la ópera, como género, no ha muerto. Existe y sigue existiendo en grande.
El primer acto se inicia en los alrededores del aeropuerto de Beijing, un momento antes de la llegada de la delegación norteamericana. Una cortina de terciopelo rojo, que se levanta sólo hasta la mitad, deja entrever un fondo gris verdoso con árboles sin hojas y, en primera línea, un destacamento del ejército rojo quienes, con convicción y doctrina militar, entonan “Las tres reglas cardinales de disciplina y las ocho advertencias”, canción en que se representan las instrucciones del alto mando de la armada de liberación popular de China. En seguida, ya en el aeropuerto mismo, toda la comitiva se prepara para recibir al presidente de los Estados Unidos y, cuando todo ya está dispuesto, la música anuncia con fuerza la llegada del avión presidencial. Desde lo alto, la aeronave de grandes dimensiones literalmente aterriza sobre el escenario y cuando Nixon aparece sobre la alfombra roja, el público reacciona y aplaude al presidente que ha llegado. La producción es de gran realismo, tan bien logrado, que el espectador en todo momento ve a Nixon personificado y no a James Maddalena, el barítono norteamericano que lo interpreta. Los colores sobre el escenario, las formas y la iluminación, en cada escena, mantienen el carácter político del momento histórico en que la obra se desarrolla. La repetición de los parlamentos con la intención de enfatizar momentos de importancia, reflejan la influencia de Strauss y Wagner como elementos estructurales que definen ésta ópera, sin opacar los elementos más contemporáneos e innovadores.
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