A partir de 1960 María Loreto Marín Estévez comenzó un devoto y largo camino de búsqueda de valiosas piezas de arte religioso, las que ha ido recopilando y conservando a lo largo de todos estos años. Partió coleccionando cuadros, virgencitas, santos y niños en figuras sacras; luego siguió por los fanales o urnas de cristal, crucifijos, ángeles y huamangas y continuó con el arte ruso, que la cautivó después de su primer viaje a ese país. Estos iconos la conquistaron a tal punto que los buscó en Jerusalén, Londres, Suiza, remates en Chile y colecciones privadas que abultaron la suya.
Su casa se fue repletando de estas imágenes sacras –en su dormitorio, su capillita, pasillos– a tal punto que un buen día “la idea de un museo se hizo luz en mi mente”, cuenta. Ese brillo dio vida al recientemente inaugurado Museo de Artes Universidad de los Andes, Colección María Loreto Martín Estévez, el que acoge su colección de arte religioso conformada por dos secciones, una rusa y otra sudamericana y que abarca piezas desde el siglo XVIII hasta el XX. La sección rusa se compone de iconos sobre madera y cruces e iconos de bronce provenientes de centros religiosos y culturales de su terri-torio, especialmente Moscú. La sección americana, por su parte, consiste en un conjunto de esculturas y pinturas sobre tela del área Sur Andina: Quito, Cuzco, Alto Perú y Chile.
La seriedad y responsabilidad que caracterizan a la Universidad de los Andes fueron los dos puntos claves que hicieron de esta institución el lugar perfecto para resguardar su colección, con la esperanza, como ella admitió en su discurso de inauguración hace un par de semanas, de que esta muestra se siga acrecentando con otras donaciones que aumenten el patrimonio cultural de Chile y que este espacio incite a más jóvenes a comprender y valorizar su contenido. En resumen, la idea era conservar unido este valioso patrimonio, ponerlo a disposición del público y promover su apreciación, restauración y preservación.
Y para ello, no sólo legó las piezas, sino que en un acto nunca antes visto en nuestro país, también donó los recursos necesarios para la realización y montaje del museo (a cargo de Arbol Color) y la formación de un taller de restauración, montado por su expresa voluntad, para conservar y restaurar no sólo la totalidad de sus piezas, sino también abierto para poder colaborar en la conservación del patrimonio cultural de nuestro país.
Su enorme generosidad puso en movimiento una importante maquinaria humana. En primer lugar, el equipo de Arbol Color –encabezado por el arquitecto Marcial Cortés-Monroy–proyectó el museo en una sala que originalmente estaría destinada a un auditorio. Aprovecharon su forma de anfiteatro con una superficie escalonada para armar un recinto contemporáneo que albergara de manera novedosa y moderna arte tradicional religioso. El traspaso de las 175 piezas, también dio inicio un largo y acucioso período de estudio e investigación, el que estuvo dirigido por la historiadora Isabel Cruz y en el que participaron la historiadora del arte Josefina Schenke –directora del museo–, las museógrafas Francisca Tornero y Claudia Wiegand, y las restauradoras Rosario Domínguez, Carmen Errázuriz, Mary Ann Kelly, Ana María Lucchini, Teresa Paúl y María Teresa Santibáñez.
El Museo de Artes está abierto al público los martes y jueves de 13:30 a 18:30 horas y los sábados de 10 a 13 horas. La entrada es gratuita.
San Carlos de Apoquindo 2200.