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Actualidad ED


ED Nº 189, Enero / Febrero 2011
Transmisiones en HD desde el MET
Opera viva

 

POR JOEL POBLETE // FOTOS METROPOLITAN OPERA



Opera desde el MET

Renée Fleming en el hermoso montaje de John Cox para Capriccio, de Strauss, una de las producciones que podrán verse esta temporada en directo desde el MET.

Jonas Kaufmann

El más famoso tenor del momento, cantará en la nueva producción de La Walkiria, de Wagner.  

Opera desde el MET

La escena del auto de fe, en el efectivo y teatral Don Carlo del regisseur Nicholas Hytner.

El afamado Juan Diego Florez

Protagonizará el estreno en el MET de la encantadora comedia El Conde Ory, de Rossini.

 
Contradiciendo a quienes pensaban que seria considerada un objeto de museo, el género sigue tremendamente vigente, eso si adaptándose a los nuevos tiempos, donde el look, las tendencias visuales y el marketing dictan pautas. Y para muchos el teatro que mejor entiende esto es el Metropolitan Opera House de Nueva York, en especial a través de sus espectáculos transmitidos en directo a todo el mundo, incluyendo Chile, gracias a las exitosas funciones que organiza el Teatro Nescafé de las Artes.
 
 
 

Hace más de un siglo, la llegada del cine hizo pensar a muchos que espectáculos como la ópera no tardarían en pasar a mejor vida; y sin embargo, el género siguió desarrollándose sin problemas; décadas después, con la aparición de la televisión, o recientemente con la revolución de los formatos caseros y el auge de internet, nuevamente los agoreros pronosticaron la extinción, y a pesar de todo, sigue creando estrellas, llenando teatros, encantando a nuevas audiencias y convirtiéndose incluso en hito turístico en ciudades como París, Viena, Londres y Milán.

Pero para muchos el escenario que mejor refleja actualmente los vaivenes y contrastes del espectáculo lírico y el star system operático es el Metropolitan Opera House de Nueva York, más conocido tradicionalmente como el MET.

Inaugurado en 1883 y tras su traslado hace 44 años a su actual sede en el Lincoln Center, el legendario coliseo es uno de los grandes referentes culturales de la Gran Manzana, y un imán que atrae a miles de espectadores cada año.

Y es precisamente uno de los que mejor ha logrado adaptarse a los tiempos modernos. Porque ya la ópera no puede medirse exactamente por los mismos parámetros que hace medio siglo: si antes lo más común era encontrarse con divas y divos de más que generosas proporciones, hoy las estrellas más populares exhiben físicos atractivos y esbeltos, lo que incluso les permite incursionar en la publicidad y ocupar portadas de revistas; y si los telones pintados y los montajes fastuosos pero estáticos eran lo habitual en el pasado, hoy la mayoría de las nuevas producciones suelen incluir diseños modernos y coloridos, poseen un ritmo cinematográfico y convocan a creadores de las más diversas disciplinas visuales. El look se ha vuelto tan primordial, que muchos critican que los aspectos musicales se están dejando de lado más de lo necesario.

La consigna hoy es hacer más atractiva la ópera para cautivar a nuevos públicos que están habitualmente expuestos a los más diversos estímulos de la cultura popular, y quien ha sabido entender muy bien esta realidad es Peter Gelb, director general del MET. Desde que en 2006 asumió el cargo, sus innovadores planes de marketing para los productos del teatro se han vuelto primordiales, y los montajes espectaculares, ágiles y coloridos están a la orden del día, ya que el ejecutivo ha logrado fichar para encargarse de las nuevas producciones a importantes nombres de distintas áreas, desde cineastas como el desaparecido Anthony Minghella y Zhang Yimou hasta elogiados directores de Broadway como Bartlett Sher y Mary Zimmerman y cotizados artistas visuales como el sudafricano William Kentridge, quien debutó este año con el estreno en el teatro neoyorquino de la ópera La nariz, de Shostakovich.


Es que cada vez el MET está más abierto a algunos de los nombres más prestigiosos de la moda y el diseño: por ejemplo, en la gala inaugural 2008, sobre escena una de las grandes estrellas contemporáneas, la soprano Renée Fleming, lució vestidos diseñados especialmente por John Galliano, Christian Lacroix y Karl Lagerfeld; y el año pasado, con la primera producción en el escenario neoyorquino de Attila, de Verdi, debutaron Miuccia Prada y la alabada dupla arquitectónica conformada por los suizos Jacques Herzog y Pierre de Meuron, aunque sus curiosos diseños fueron muy cuestionados por los críticos y el público.

En cierto sentido, todo esto no tiene nada de nuevo: el MET tiene una larga tradición de colaboraciones con algunos de los directores de escena y diseñadores más cotizados del mundo: desde Franco Zeffirelli y Cecil Beaton, hasta el habitual colaborador de Woody Allen, Santo Loquasto, artistas plásticos como Marc Chagall y David Hockney y vestuaristas ganadores del Oscar como Franca Squarciapino y James Acheson (El último emperador, Relaciones peligrosas). Pero la innovación de Peter Gelb ha sido la ambiciosa manera de difundir mediáticamente estos espectáculos: por ejemplo hace cuatro años, para la apertura de su primera temporada como director, con la nueva producción de Madama Butterfly a cargo del director de El paciente inglés, Anthony Minghella, llenó las principales calles de Nueva York de enormes avisos publicitarios con la imagen de la protagonista –encarnada por nuestra compatriota Cristina Gallardo-Domâs, ni más ni menos– y transmitió la velada gratis y en directo a los transeúntes en pleno Times Square y la Lincoln Street, una costumbre que ha continuado los años siguientes.


 

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