La tienda Mandarino siempre ha sido linda, pero ahora está más bonita que nunca. El terremoto hizo lo suyo en la antigua casona de Avenida Italia, así que Gabriela Balbontín y su hija María José Tagle decidieron hacer un completo make over y reordenar, pintar y desempolvar cachureos de toda la vida y exponerlos con el talento que sólo ellas tienen. Aquí la mezcla es parte de la gracia y está lejos, pero muy lejos, de ser la típica tienda de antigüedades. Aquí hay una prolija puesta en escena, aunque aseguran que les encantaría que estuviera un “poquito más despejado”. Objetivo bastante complicado, porque busquillas y coleccionistas por herencia y gusto tienen que controlarse para que las cosas no salgan por las ventanas. El atractivo está en que saben hacerlo bien y que su objetivo es “refrescar el cachureo”, cosa que vienen haciendo hace 24 años.
Impulsadas por el remezón, las grietas y los destrozos, finalmente se decidieron y reemplazaron el anterior look “mestizo” por uno tipo “cabinet de curiosidades”, como lo definen. “Suena medio siútico, pero no se me ocurre otra manera de describir este lugar”. Partieron por la pintura y cambiaron el anterior rojo por una preciosa paleta verde agua, todo acompañado con columnas de demolición raspadas, buenas lámparas y las molduras ad hoc. Luego ordenaron los cientos y cientos de objetos por tema: imaginería religiosa, bronce colonial, farmacéutica, escritorio e instrumentos y puntas de flecha, bichos y pájaros embalsamados. También tenían exhibidos fósiles que habían heredado, pero se los incautaron. A todo esto se le suman las camas de bronce que ellas replican, la colección de juguetes que pretenden donar a algún museo que la valore y la exponga, lámparas, láminas, mesas, cómodas, mantas, sillas y una eterna lista de cosas que han ido acumulando por años y que poco a poco han ido restaurando con la ayuda de fieles maestros con los que han trabajado toda una vida.
Capaces de transformar la rueda de una silla de ruedas (valga la redundancia) en espejo, o un capitel en lámpara, ya tienen el ojo entrenado y saben perfectamente qué vale la pena y qué no. A la señora Gabriela le encanta recorrer el Persa Bío Bío; va sola o con alguna nieta porque María José no va ni pagada. Ella prefiere recibir a sus eternos busquillas que seleccionan lo mejor de las ferias de Valparaíso y de la zona y se vienen caleteando hasta Santiago recolectando buenas curiosidades. Su primera opción es siempre Mandarino y por eso no pueden dejar de comprarles porque de lo contrario –según ellas– no vuelven más. Además suelen adquirir a coleccionistas privados, quienes contratan a un tasador externo y ellas con el precio en mano toman la decisión de comprar o no. “Sería de muy mal gusto de parte nuestra estimar el valor y después más encima comprar”. Rectas y experimentadas, lo principal es conseguir cosas buenas, y, con ellas, montar un cuento y narrar una historia. Cosa que hacen a la perfección.
Av. Italia 1392, Providencia. Abierto de lunes a viernes entre 11:00 y 19:00 hrs.