Sin frenos
Eso de que los perros son los mejores amigos del hombre es una falacia. La fidelidad está en las cuatro ruedas. El cine no ha hecho más que ensalzar pasiones y el placer tuerca siempre encontrará alguna excusa para existir. Desde Cars hasta el Aston Martin de la saga James Bond: bienvenidos a esta carrera de autos en la historia del celuloide.
No hay expresión en el rostro de Ryan Gosling. Se enfunda su ya de culto chaqueta blanca acolchada con un escorpión dorado en la espalda y se sube al Chevrolet Malibú de 1973 para ser el conductor de cualquier atraco que tenga lugar en la ciudad. El sólo conduce; de hecho en toda la película no le conocemos el nombre. En el día trabaja en un taller mecánico y actúa de doble de conductores de autos en películas de acción. Al ver Drive, recientemente estrenada en las salas nacionales, se nos despierta el deseo por los autos y bien vale la ocasión para celebrar la presencia de los vehículos en la historia del cine.
Inolvidable es la Ford Gran Torino, modelo del 73, inseparable de Jeffrey Lebowski, un vago que tiene como única actividad en la vida juntarse a jugar bowling con sus amigos, en El gran Lebowski. Un día encuentra a dos matones esperándolo en su casa; quieren cobrar venganza, pero resulta que lo han confundido con un millonario paralítico de su mismo nombre. De ahí que Jeffrey, interpretado por Jeff Bridges, acompañado de John Goodman, Steve Buscemi y su destartalada Gran Torino, emprenden la búsqueda del millonario. El Ford termina robado, chocado e incendiado. Pero aun así siguió en pie.
Hasta la película femenina por antonomasia tiene su auto fetiche. Dos mujeres insatisfechas y constantemente agredidas por sus maridos deciden fugarse. En la carretera, recogen a un rubio sin camisa y terminan radicalmente sus vidas poniendo el acelerador y tirándose a uno de los precipicios en el Gran Cañón del Colorado en San Francisco. Susan Sarandon y Geena Davis como Thelma y Louise, Brad Pitt como el jovenzuelo de torso desnudo y un convertible Thunderbird del año 66 como fiel acompañante de sus aventuras.
Pero siempre los autos aparecen cuando ellos se apoderan del control remoto en busca de películas. Curioso es cuando éstos adoptan nombres de personas. Como “Eleanor”, la Ford Mustang Mach 1 de 60 Segundos, que en el 2000 tuvo su revival con Nicholas Cage y Angelina Jolie; el modelo fue una Shelby Mustang GT500 del año 67. O Christine, el playmouth fury del 58, que protagoniza la película del mismo nombre –y la más enfermiza– sobre la relación entre un hombre y un auto. Porque en plenos años 70, un estudiante se obsesiona con este vehículo y su fascinación es tan brutal que de ser un estudiante tímido y apocado se convierte en un tipo violento y hostil. El auto mismo termina poseído, regenerándose a voluntad y eliminando a cualquiera que se interponga entre el dueño y la máquina. Una de terror y de culto que fue escrita por Stephen King y dirigida por John Carpenter.
Autos no tan autos, pero tan célebres que vale la pena recordarlos sólo por tener cuatro ruedas. Como la Volkswagen T2 amarilla de Little Miss Sunshine, lugar en el que ocurre gran parte de esta cándida y divertida road movie acerca de una familia algo disfuncional que acompaña a la pequeña Olive (Abigail Breslin) a un concurso de belleza. Este repaso tampoco podría olvidar a la Cadillac Miller-Meteor del año 59, con Bill Murray y Dan Aykroyd cazando fantasmas en los años 80; ni menos al bus de Priscilla y sus chicas que recorría el desierto de Australia bajo las pieles de Terence Stamp, Hugo Weaving y Guy Pearce en la hilarante Las aventuras de Priscilla, la reina del desierto. Y aunque bailamos y cantamos con Grease, tantas primeras citas y las chicas soñando con ser Sandy y ellos queriendo emular el jopo de Danny, pero sobre todo, la fantasía de conducir esos Ford Lightning del 46 en esa carrera de autos que nos sigue recordando a la mítica competencia de carros romanos de Ben-Hur.
Pero hay autos que vienen pegados a la piel de los protagonistas, pues sin ellos no son nada. ¿Qué sería de Batman sin su Batimóvil? Ya sea en su modelo Lincoln Futura diseñado especialmente para el Batman sesentero con traje de malla junto al colorinche Robin, pasando por el taquillero modelito de las películas de Burton y Schumacher, hasta llegar al imponente tanque negro de las películas de Christopher Nolan. Con sus excentricidades figuró también Austin Powers, instalado en su Jaguar XK8, pintado con la bandera de Gran Bretaña y con Madonna contorneándose en el video Beautiful Stranger.
Pero quizás la película que no podría existir sin el auto, sería la saga Volver al Futuro, con el mítico DeLorean. La moderna máquina del tiempo inventada por el Dr. Emmett Brown (Christopher Lloyd), una película que marcó una época, años en los que soñamos con ser Michael J.Fox y conducir el vehículo que después de poco andar cruzaba el umbral de tiempo y espacio. En otro futuro, Mel Gibson y Tina Turner no serían tan recordados en la fantasía post-apocalíptica de Mad Max III sin el Ford Falcon XB GT Coupe, especialmente modificado para la película y que incluye un cañón de gas que salía desde el capot, una sirena, alarma anti-robos y corría a una velocidad inimaginable. Nada que nos impresione hoy, pero eran otros tiempos.
Pero los vehículos significan. A bordo de un Cadillac negro del año 56, una anciana jubilada de 72 años genera una relación inolvidable con su chofer afroamericano. Jessica Tandy y Morgan Freeman resultan imborrables a bordo de un cuatro ruedas que, pese a las diferencias, los une para siempre en Conduciendo a Miss Daisy. Egocéntrico y ambicioso, Charlie Babbitt es un californiano que se debe hacer cargo de su hermano autista después de la muerte de su padre. Un gran viaje en el clásico convertible Buick cambiará la vida de Tom Cruise y Dustin Hoffman en Rain Man. Lester Burnham pasa por una crisis de mediana edad, su esposa lo engaña y su hija lo mira en menos; Lester, en la piel de Kevin Spacey, decide hacer un cambio en su vida, comienza a ir al gimnasio, se obsesiona con la amiga de su hija y se compra un flamante Pontiac Firebird rojo y ese es el comienzo de una gran tragedia en los suburbios de Belleza americana. Y un joven Dustin Hoffman enamorado de la Sra. Robinson, pero siempre flamante en su rojo Alfa Romeo en El Graduado. Para terminar con ese hombre frente a sus circunstancias: solitario y huraño, que a la menor amenaza sale con una escopeta y arremete contra sus vecinos, unos inmigrantes japoneses. Imperturbable dentro de su Gran Torino, la película que engrandece a Clint Eastwood y lo deja en el sitial de viva leyenda en la que se ha convertido.
Hay autos iconos y que han acompañado historias tan inolvidables que han tenido su salto natural de la televisión al cine. El Dodge Charger rojo del 69, dos chicos y una rubia y el legendario 01 en las puertas. Nadie podría olvidarse de Los Dukes de Hazzard, o de la máquina del misterio de Scooby Doo, o la Ford Gran Torino roja con una franja blanca en el centro, de Starsky & Hutch. Cuatro ruedas para no tomarse en serio, como la Ford Econoline disfrazada de perro en la disparatada Una pareja de idiotas con Jim Carrey y Jeff Daniels; la sin igual Chevrolet C-2500 Silverado Fleetside amarilla, con llamas en su parte superior y con el sugerente nombre de Pussy Wagon en su parte trasera: Beatrix Kiddo cobrando venganza en Kill Bill es una postal que Tarantino regala al universo pop. ¿Puede un Chevrolet Camaro comunicarse a través de canciones y luego convertirse en una máquina de combate? Esta mezcla tan contradictoria ha convertido al famoso Bumblebee en el favorito de Transformers. Está la lluvia de mini coopers en La estafa maestra, tanto en su versión del 69 con Michael Caine como en la del 2003 con Mark Wahlberg, y finalmente el Rolls Royce que luce Thomas, el fotógrafo de modas que se ve envuelto en un caso de asesinato en Blow-Up de Antonioni. Autos para todos los gustos y para no olvidar.
Pero vayamos a los favoritos, esos que todos sueñan con tener o haber sido el protagonista de la película que los hizo lucirse y quedar en el inconsciente colectivo. Faye Dunaway y Warren Beatty serán hasta la eternidad los ladrones de bancos más estilosos de la historia. Como Bonnie and Clyde y sus aventuras en la Ford 730 Sedan de lujo del año 34 que, toda perforada por las balas, completa la estética de una historia inolvidable. Bullitt debe ser la película más cool y Steve McQueen el actor más cool de la historia del cine. Su auto, un Ford Mustang GT390. Sean Connery siempre será James Bond. El Aston Martin DB5 es como la licencia 007 para el agente secreto inglés. No podría existir el uno sin el otro. Debutó en Goldfinger y luego en Operación Trueno, la saga lo ha resucitado con Pierce Brosnan en Goldeneye y en El mañana nunca muere y luego apareció junto a Daniel Craig en Casino Royale. Pasan James Bond y el Aston Martin siempre ahí, eterno, para el placer de todos nosotros. Después de haber hecho este extenso recorrido en cuatro ruedas por la historia del cine, puedo decirles que mi favorito, por lejos, es el Rayo McQueen. ¿Qué no lo conoce? Bueno, pregúntele a sus hijos y sabrá de qué modelito les hablo.