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Actualidad ED


ED Nº 182, Agosto 2010
Un gran señor
 

POR MAGDALENA BOCK  // FOTOS VICENTE GARCIA MEKIS


Rafael Hurtado

Rafael Hurtado ya lleva 30 años en el mundo de la decoración

Siempre con buen gusto y un estilo ecléctico.

Junto a sus tres hijos, Patricia, Loreto y Rafael

Siempre con buen gusto y un estilo ecléctico

Como el living de su casa en Los Dominicos el año 78.

Rafael Hurtado ya lleva 30 años en el mundo de la decoración

 
De esos que ya casi no se ven, habría que agregar. Rafael Hurtado lleva más de 30 años dedicado a la decoración, especialmente a los géneros, que trae de Estados Unidos y Europa, y a la confección de muebles y sofás de estilo que duran para toda la vida. Tiene muy buen gusto y sabe lo que es bueno.
 

Los aniversarios siempre llegan con una cuota de nostalgia, la cabeza retrocede recordando a los que estaban, a los que ya no están y a los que siguen estando más vigentes que nunca. Rafael Hurtado es un buen ejemplo de tradición y buen gusto, de esos pocos que sigue trabajando con la nobleza de antes (cuando bastaba con la palabra), pero acorde a las tendencias mundiales en textiles. Puso su primera tienda el año 79 en Gral. Holley y “como nunca le he vendido nada malo a nadie”, dice con sus ojos verdes bien abiertos, ha ido traspasando generaciones y su nombre se oye igual que antes, pero con el peso de los años. Ahora les vende géneros a los nietos de sus primeros clientes, “y las abuelas me mandan a hacer sofás como regalo de matrimonio. Me dicen que tiene que estar listo para el 15 de septiembre, lo dejan pagado y se olvidan del tema. Ellas saben que antes de esa fecha el sofá va a estar perfecto, tapizado y entregado”.

Rafael formó una familia de decoradores (estuvo casado con Patricia Vargas y tiene tres hijos, Patricia, que se dedica a los marcos de cuadros, Loreto y Rafael, quienes trabajan en la tienda de decoración junto a su mamá), pero él no tenía de dónde salir. Su papá era agricultor, vivía en el campo, pero igual él se fijaba más en los muebles antiguos, aunque nadie nunca le explicó la diferencia. Tenía esa cosa innata. A los 14 años decoró completamente su pieza, sacó todo y lo reemplazó por unos muebles clásicos. Y a los 15, cuando llegó a Santiago, volvió a armar su propio dormitorio.

Así y todo, muy joven, cuando empezó a trabajar, se dedicó a la importación de autos. Viajaba mucho, y como además de entender de muebles de estilo también le gustaban los géneros, un día en Nueva York se paró frente a la tienda Schumacher (dónde importaban y exportaban textiles de todas partes del mundo) y decidió pedir una reunión para ver la posibilidad de traerlos a Chile. Muchos ya habían tratado de conseguir la representación, pero, como buenos americanos celosos de sus productos, la habían negado. Pedían como requisito que la persona que estuviera a cargo supiera de telas y decoración, que los vendedores de la tienda también pudieran asesorar a los clientes, además de exportar un determinado volumen de géneros.



 

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