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CAROLINA CORREA
CHEF
Adoro una buena comida bien conversada; un vinito después de una larga jornada de trabajo, cuando estoy muy cansada; juntarme con mis amigas, sólo mujeres, sin maridos, sin hijos, y conversar hasta que se nos seque la lengua; en verano, bañarme en el mar, nadar con las olas y de alguna forma lograr amansarlo y formar parte de él; cocinar con mis niños, enseñarles a mezclar ingredientes y a ser creativos; jugar en la cocina y comprobar que ahí las leyes no existen; el norte, el desierto, el calor y la poca ropa; vestirme como quiero, llena de colores, que nada combine con nada. Es mi rebeldía que a veces se manifiesta en la ropa.
Detesto la impuntualidad de los chilenos, no soporto que me dejen esperando; andar a la moda; un pisco sour mal preparado, tibio, aguado, alimonado o azucarado; una comida mal hecha; pagar cuentas, hacer trámites, ir al banco y echar bencina; tener que ir al baño en un lugar público; comprar uniformes en febrero, lo hago en marzo; los dueños de autos maniáticos, que apenas te subes, empiezan a marcar; hacer dieta.
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