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LYDIA BENDERSKY
DIRECTORA DE ASUNTOS CULTURALES
OEA
Adoro a mis 3 hermanos, todos tan diametralmente distintos, particulares y queribles; a mi mamá, Becky Assael, aunque ella a veces crea lo contrario; a mis 2 sobrinos y a mis 5 sobrinas; el recuerdo de los mejores Años Nuevos de mi vida con mis papás y mis hermanos en la playa de La Herradura, la Tía Baby, el Luchito, Pablo, Andrés y la Pitu Miquel Wotherspoon; tener la bendición y fortuna de trabajar siempre en lo que he querido; leer el diario en cama; no tener que madrugar los fines de semana; los viernes en la noche; viajar; los italianos; los franceses; Russell Crowe, George Clooney, Daniel Auteuil y Gabriel Byrne; las películas inglesas de época; los porotos granados, las centollas, el foie gras, los huevos fritos con puré, el vino rosé en primavera en compañía de mis amigos; leer “product of Chile” en los supermercados de Washington; el Concierto No. 23 de Mozart, el No. 4 de Beethoven, “E lucevan le stelle” de Tosca, el “Ombra mai fù” cantado por la Borodina, el buen cine y el excelente arte que se ha producido en el mundo y que seguirá produciéndose, por los siglos de los siglos.
Detesto con pasión: empacar antes de un viaje: las horas que destino a visualizar todos los escenarios posibles: por si llueve, por si hace calor, si hay comida elegante, por si hay almuerzo en el campo, por si hay que escotarse, por si hay que taparse y ni hablar de la elección de accesorios, cinturones, aros, anillos, collares, foulards, pañuelos y echarpes, de noche, de tarde y de día, los taco-intermedio para las distancias semi-cortas y los para pinchar, o como dice mi amigo Michele, los “fuck-me shoes”; mi pie plano; la injusticia; el racismo; los poseros; los pretensiosos; los tontos graves; los que andan siempre “en personaje”; la “sopa” gris espesa de smog al aterrizar en Pudahuel; y no poder abrazar muy, pero muy apretado a mi papá, Jaime Bendersky, porque se murió hace 13 años.
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