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ED Nº 176, Abril 2010 |
MERCEDES DUCCI
PERIODISTA
Adoro y admiro, ahora más que nunca, el coraje y la alegría de vivir; la gente que vibra con los dolores de los otros y, sobre todo, los que actúan; los que fueron a montar una amasandería para que hubiera un pancito caliente cuando no hay otro consuelo; los que escuchan las penas; los que juegan con los niños en el medio de los escombros; que todos los sectores se involucren en levantar fondos; el sentido que tiene en estos días ver la bandera chilena arriba del Titanium o en las manos de un damnificado; la posibilidad real de que este remezón tan fuerte nos centre en lo importante, nos haga más humanos y nos obligue a estar a la altura del desafío.
Detesto ver lo que el miedo produce en las personas cuando están fuera de control; el dolor de tantos por la muerte y el sufrimiento de sus seres más queridos; la pérdida de tantas cosas irrecuperables, de las casas de campo, las callecitas de pueblo con fachadas de adobe, tantos hogares que daban consuelo y seguridad; que tantos que estaban empeñados en surgir en todas las zonas dañadas hayan perdido lo logrado y vuelvan a la pobreza; que para reconstruir tengan que lidiar con los escombros y la basura, con la destrucción del paisaje y de la confianza; que en el año del Bicentenario el sueño de que Chile pueda terminar con los campamentos y tener barrios dignos se vuelva a alejar.
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SEBASTIAN MAQUIEIRA
ARTISTA
Adoro mi familia y mis amigos; mi casa y mi barrio en Ñuñoa; mi humilde jardín; ir en bicicleta a mi taller; mis viajes, los que fueron y los que vendrán; el mar de Chile; el viento, el fuego, las estrellas... la naturaleza en todas sus dimensiones; la creación; la imaginación; el arte que estremece, que te deja mudo; el rock & roll; el cine; la poesía; la historia; el aprendizaje permanente; una buena tina; los placeres del cuerpo; soñar despierto; las ideas que iluminan; los miedos que desaparecen; el silencio.
Detesto perder las cosas todo el tiempo; dejar pasar oportunidades que no pude ver; el arribismo; la mediocridad; la burocracia; la envidia; los celos; la soberbia; la pobreza y falta de oportunidades de muchos; el culto a la plata y su penosa administración; las inmobiliarias que destruyen Santiago con sus edificios chulos; el nuevo logo del gobierno de Chile (transitorio por suerte); la estupidez y el farandulismo en general.
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MANUEL SANTELICES
PERIODISTA
Adoro a mi familia y mis amigos, ahora más que nunca; mi barrio en Brooklyn, que me parece el lugar más lindo del mundo; las acuarelas de Elizabeth Peyton; la música de Blossom Dearie; los cuentos de David Sedaris; a mi gato, Luther, que murió hace poco, y a su hermano Not Luther; el Hotel ACE en Portland; Nueva York en primavera; la cotidianeidad, los hábitos y a veces hasta la rutina; los excéntricos: Diana Vreeland, Anna Piaggi, Tony Duquette, Isabella Blow; un vodka Martini bien helado con tres aceitunas; mi cama.
Detesto la arrogancia en general, y la moral e intelectual en particular; la gente que maltrata a los animales, porque nunca terminan ahí; a Kike Morandé, que tanto mal le hizo a nuestra televisión y nuestra cultura; las personas que están siempre quejándose; los que venden su vida privada y después alegan por su falta de privacidad; esos días, que no son pocos, en que no se me ocurre nada original que escribir.
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Adoro trabajar en lo que me gusta y en familia; el pan con palta y sal; los erizos; el champagne y el vino rosé; la lluvia; las vacaciones eternas; febrero en el lago Ranco; reírme; bailar; la música muy fuerte; la libertad; la playa en el invierno; las ensaladas (aliñadas por mí); el limón; la mozzarella de búfalo (verdadera); el aceite de oliva; el aceto balsámico; la albahaca y el ají verde; los boj bien podados; los jardines que hacemos; la primavera; los brotes de los árboles; mi familia, OBVIO; andar en tren (no ando hace 10 años); el olor a pasto; mi barrio; andar en bici con los niños; los libros de paisajismo; la risa de los niños; la vida.
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