Alta mar

Con un aire a los paisajes desérticos de Arizona, el jardín de esta casa en Zapallar norte se ha transformado en un pequeño ecosistema para los animales e insectos
de la zona. La pasión de los dueños son sus plantas, disfrutar de la arquitectura que se hunde en el paisaje, la vista al mar y la paz del lugar.

Tres picaflores gigantes, arañas pollito y varios insectos son visitas frecuentes del jardín de Hernán y Carlos en Zapallar. “Tenemos a todos los animales del vecindario”, se ríen. En su casa el jardín es protagonista. Hay días en los que se pone el sol y ellos siguen ahí; no se dan cuenta pero pasan horas y horas entre romerillos, suculentas y hierbas. Este es su lugar.

Una de sus cruzadas es conservar las especies de la zona y aportar para que el paisaje nativo siga siendo el mismo. Tanto así, que plantaron más allá de su terreno e incluso, hace poco, rescataron un cactus centenario que una retroexcavadora botó en un terreno vecino. El entorno les recuerda a uno de sus lugares favoritos en el mundo, Phoenix, la capital de Arizona en Estados Unidos. Les gusta porque allá respetan la naturaleza autóctona en los jardines y los colores que se usan en las construcciones se mimetizan con el paisaje.

Los dueños de casa siempre han ido a Zapallar, les encanta. Incluso tienen su mesa en el clásico Chiringuito. Y aunque no son fanáticos de la arena, el mar sí ocupa un lugar importante en sus vidas. Por eso cuando decidieron que querían tener una casa, privilegiaron la vista y la cercanía-lejanía con todo el ajetreo que tiene la playa y el pueblo, sobre todo en el verano.

Para que la construcción se fundiera en el paisaje, le pidieron a los arquitectos Marco y Antonio Polidura, de Polidura Arquitectos, que la hundieran en el terreno. Habían visto otros de sus trabajos en pendientes y les habían gustado, por eso decidieron trabajar con ellos. La primera maqueta que les presentaron fue la final, les fascinó. Los arquitectos les propusieron una casa de hormigón con tres características claras. Dos grandes muros con un espacio central protegido que conecta el cerro con el mar gracias a su transparencia. Una losa que se apoya en los muros y produce un espacio interior como una cueva sólo abierta al mar. Ahí pusieron las piezas, sala de estar y baños. El tercer elemento clave son cinco vigas de hormigón pigmentado negro que reposan sobre los muros.

La construcción se demoró dos años y cada detalle lo pensaron hasta en lo más mínimo. Como el proceso fue lento, Hernán y Carlos ya tenían todo el interior resuelto hace meses. “Antes que tuviéramos los planos de la casa, teníamos hasta la tina. Teníamos la casa amoblada cien por ciento el día en que nos cambiamos”, cuenta Hernán.

Carlos fue el cerebro de la decoración. Logró armar espacios puros con un estilo nórdico. Para eso, utilizó siempre materiales nobles, como el lino, el cobre, la lana y el mármol. Cada espacio tiene su sello, pero todos siguen una misma línea.

Además uno de los hobbies de los dueños de casa es coleccionar arte. Es común verlos recorrer galerías y circuitos tanto en Chile como afuera.

En su departamento de Santiago tienen varios cuadros, pero no han querido llevar ni uno a Zapallar. El único muro del comedor está reservado para el cuadro perfecto, aunque esta pintura todavía no los encuentra. Esta es una de las cosas que los define: cada objeto tiene un sentido particular.

El jardín se lo encargaron a los paisajistas Cristóbal Elgueta y Macarena Calvo. Junto a ellos idearon un proyecto que necesitara poca agua y bajo mantenimiento; y que con el tiempo se transformó en uno que preserva la flora propia de la zona. Y es que el sector se define como un hot spot debido a la alta diversidad y endemismo de especies nativas que tiene, cuenta Cristóbal. Así lograron que pareciera más un acantilado costero que un jardín.

La casa se ha transformado en su lugar favorito, es perfecta para recibir aunque prefieren invitar de a pocas personas. Son excelentes cocineros y anfitriones. Los que han tenido la suerte de ser invitados, dicen que un fin de semana acá, es casi como estar en un hotel. Cada día tienen más ganas de instalarse acá definitivamente. Son personas de hábitos, de naturaleza y de mar.

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