Bajo la sombra de los nogales

Cada rincón tiene un toque de personalidad de Carola Aguad y algo diferente. Su casa en el Huinganal –la primera del sector– se ha transformado en el centro de reuniones de la familia y amigos. Pero no fue precisamente el interior lo que hace ocho años la convenció; fue el jardín con sus grandes arboles lo que la enamoro del lugar.

 

“Nunca me he ganado nada”, dice entre risas Carola Aguad mientras abre un regalo que resulta ser un cuadro de Gonzalo Cienfuegos… se lo ganó en una rifa. Lo va a poner en la pieza de su hija Amanda. Tiene dos niños más, Lucas y Martín, y junto a su marido viven en esta casa hace ocho años.

Fue la primera casa de El Huinganal, cuenta. El antiguo dueño tenía una fotografía aérea en donde se veía la construcción, un par de árboles y sólo tierra. Hoy, la casa está rodeada por un jardín con nogales de 40 años, pinos, camelias, rosas y crespones (los favoritos de Carolina). El exterior se asemeja a un parque con una terraza que más se parece a un hotel. Y acá es donde la diseñadora pasa la mayor parte del tiempo; fue por el jardín que eligió la casa. No le importaba tanto la construcción pero estaba empeñada en encontrar un lugar con árboles grandes para no tener que armar todo desde cero, porque cuando ya estuviese listo, sería hora de un nuevo cambio. Que su marido dijera que sí no fue fácil, él quería una casa mediterránea, nada que ver a esta de estilo italiano. Pero finalmente se pusieron de acuerdo. “Él es matemático e ingeniero y le dieron los números; además confía en mi gusto y como me vio tan entusiasmada, pude convencerlo”, cuenta.

Carola siempre tuvo un sentido estético agudo. De chica, cambiaba su pieza todo el tiempo: la cama para acá, la cama para allá, la pared de un color, a la semana siguiente de otro. Estudió diseño y aunque le fascinaba la decoración, siempre trabajó en la empresa textilera de su familia hasta que hace dos años su marido le dio el empujón final. Juntos abrieron Mios Home, una tienda y oficina de decoración de estilo vintage francés, una tendencia todavía poco usual en Chile. Con la calidez que la caracteriza, asesora a sus clientes (hay veces que incluso hasta va a ver sus casas) y los ayuda a comprar de la mejor forma posible. Siempre piensa más en el estilo de cada persona y menos en las cosas que están de moda.

Bajo ese mismo criterio armó este lugar para su familia. Si ve una mesa la compra, después decide dónde ponerla. Tiene cosas rústicas, otras muy antiguas, otras son herencias y también varias obras de arte. “Nada me produce más placer que el arte”, cuenta. Cada rincón tiene un toque de dramatismo. Por ejemplo, en la sala de estar del primer piso y en su pieza aprovechó la altura y la luz y las pintó azules. En las paredes y cielo puso molduras de yeso y en el muro principal instaló una gigantografía del interior de un castillo italiano. Por otra parte estaba el tema de la luminosidad: “Era una casa estilo provenzal con ventanas muy chicas, entonces el problema era la falta de luz”, explica María José Rivas, la arquitecto que hizo la remodelación junto a su socio Sergio Fuentes. Por eso, en la entrada se construyó un ventanal. En toda la casa volaron el cielo falso para dejar las vigas a la vista y en el exterior, en una terraza de tierra con un parrón, se instalaron más baldosas Córdova, un techo de coligüe y muebles cómodos para pasar las tardes. La cocina, otro de los espacios más aprovechados, se remodeló para que quedara más amplia y funcional.

Carolina recibe como pocos e incluso cuando no hay visitas la mesa está siempre puesta de una forma distinta. Un clóset con platos de diferentes tipos y colores, copas y cuchillerías, es de los rincones que más goza. Esta casa se ha transformado en el centro de reuniones de la familia, y como dice el dicho “de tal palo tal astilla” sus hijos también son los primeros en ofrecerla para las juntas con los amigos. Entre evento y evento, Carola siempre vuelve al lugar que más le gusta: el jardín. Poda rosas o simplemente lo contempla. “Mis hijos me dicen que para qué tengo jardinero”, se ríe y agrega: “En mi departamento de soltera tenía una terraza de maceteros y ya me sentía realizada. Imagínate con este lugar”.

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