Bien Pensado

Mantener el carácter original fue una de las claves en la remodelación de este departamento de los años 40 en Providencia. Con calma y paciencia, lograron traer este espacio al siglo XXI, conservando lo mejor de los dos mundos.

 

ste es un lugar bien curioso: construido en la década del 40 en pleno Providencia, por fuera parece una clásica casa de estilo francés, pero en realidad son dos departamentos independientes, cada uno de 200 metros cuadrados. “Cuando lo vimos, nos encantó”, cuentan los dueños, que vivían a pocas cuadras de ahí cuando lo encontraron. Aunque el departamento en general estaba en buenas condiciones, decidieron remodelarlo, pero con calma. “Fue un trabajo de mucho cuidado, sin apuro y muy pensado”, dicen. El dueño de casa, que es arquitecto, quería mantener el carácter original de la construcción, pero modernizar las instalaciones y mejorar algunos espacios.

Uno de los grandes cambios que hicieron fue en la cocina. Como el departamento era antiguo, la cocina estaba dividida en varias partes, con repostero incluido. Para dejar un espacio abierto, botaron algunas paredes y el lugar cambió completamente. Para el piso no querían porcelanato ni nada que se viera muy moderno, así es que eligieron las clásicas baldosas de cemento. Tras la instalación, el maestro las pulió más de la cuenta y empezó a quedar a la vista el cemento. “Fue una cosa fortuita, pero este sobrepulido hizo que las baldosas se vieran más gastadas, medias viejas, y encontré que quedaba súper bien”, cuenta el arquitecto. Y eso no fue todo: un par de días después, un gasfiter, que también estaba trabajando en la remodelación, salpicó un poco de soda cáustica sobre las baldosas, dejando unas manchas. El efecto llamó la atención de los dueños de casa. “Encontré que se veía interesante, así es que partí a comprar más soda cáustica y la pasé por todo el piso. Con eso logramos que quedara más homogéneo. Al final, quedó como si hubiese existido siempre, y eso es lo que más nos gusta”, cuenta.
También proyectaron una pequeña terraza que se conecta con el comedor, aprovechando la losa de un estacionamiento del primer piso. Y a pesar de haber hecho varios cambios estructurales importantes, una de sus preocupaciones fue siempre tratar de intervenir lo menos posible el espacio. Con dificultad
–después de haber cambiado todo el sistema eléctrico, sanitario y la calefacción central–, lograron mantener las molduras originales, que eran muy difíciles de encontrar. Otro de los grandes logros, fue que pudieron recuperar todo el parquet original y, en vez de pulirlo y vitrificarlo, decidieron aceitarlo, una técnica que permite que la madera siga respirando, celebrando así el carácter natural de este material.

Para decorar la casa, usaron las cosas que tenían del departamento anterior, un mix de muebles comprados y mandados a hacer, con un look más minimalista, muy bien pensado. Muestra de eso es el comedor, ideado para las comidas largas con las que tanto disfrutan. “Las sillas Vitra, diseñadas por los hermanos Bouroullec, son las sillas más cómodas en las que me he sentado en mi vida. Tan cómodas son, que ahora las sobremesas son eternas”, dice el dueño de casa.
Aquí casi todo tiene una historia. Una de las primeras cosas que se ven al entrar, es un tapiz francés de Jean Lurçat del año 40, que el dueño de casa recibió como herencia. A pocos metros de ahí, sobre un mueble diseñado por el arquitecto, hay dos antiguos gallos mexicanos, del año 30, que estaban en el campo de sus abuelos, y que conviven con una foto hecha por Uwe Schmidt, amigo de la pareja, y que pertenece a una serie de fotografías sacadas arriba de un tren. El pequeño bar que está en el living lo compraron en la feria de San Telmo, en Buenos Aires, y el cuadro sobre el sofá es de Mauricio Garrido, y se lo compraron justo antes de partir a una gran exposición en Roma. “Somos muy amigos y encontraba genial la idea de que Mauricio abriera esta muestra con un cuadro ya vendido, así es que se lo compré antes de partir y no lo tuve hasta que se dio la vuelta por todos lados y volvió”.

Y aunque están instaladísimos y aprovechan al máximo el departamento, todavía no terminan: ya tienen listo el proyecto para habilitar el techo. En los 200 metros que ahora no se usan, van a poner una salita y una gran terraza, llena de plantas. El lugar perfecto para disfrutar en familia.

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