Creatividad pura

Ignacio Pérez-Cotapos, director de la revista SML y de la agencia creativa y de diseño, IPC Studio, es uno de los principales referentes de la decoración en Chile y su departamento en El Golf dicta cátedra en el uso del color. ¿Como es mirar a través de sus ojos?

No cualquier día uno tiene la posibilidad de conocer por dentro la casa de quien fue fundador y director de la Revista ED por 17 años. Famoso por su implacable ojo estético y creatividad, Ignacio Pérez-Cotapos es uno de los principales referentes del diseño y la decoración nacional y a veces, para los que trabajamos en la revista que él creó, es como si siguiera ahí. Los que tuvieron el privilegio de formarse con él se acuerdan como si fuera ayer de anécdotas y decisiones creativas que tomaba en reuniones y cierres y su estilo sigue marcando pauta.
En la primera edición de la ED, que circuló en agosto del 1995, Ignacio habló del color: “En nuestro país definido como gris, plano y fome, hay muchas personas, cada vez más, que se han decidido por el color, la originalidad y la audacia al momento de definir sus propios espacios”. Y hoy para este número del color, es su propio departamento frente al Club de Golf, el que dicta cátedra en ese sentido.

En el living comedor aparecen los primarios: dos altos pisos azules, una distintiva caja amarilla y el tapiz rojo de una banqueta Luis XIV, sobre un piso pintado como damero blanco y negro. Más allá, sobre uno de los muros color topo, hay una caja de luz morada de Benjamín Ossa y unas enormes ramas de laurel en un jarrón rosado pálido, donde justo llega la luz de la tarde. La combinación es perfecta.
Sobre la mesa de bronce con cubierta de piezas de coral, diseñada porJuan Pablo Molyneux, está el libro 40 años de revistas de Verónica López, una publicación en la que Ignacio trabajó por meses. “La Verónica me decía que las fotos antiguas tenían que ir chicas porque estaban a baja resolución. Y yo le dije que no. Que las fotos tenían que ir a página completa, justamente porque estaban a baja resolución”, cuenta mostrando el efectivo resultado. Así es él. Capaz de darle una vuelta creativa a todo lo que hace.

Cuando le pregunto cómo fue decorar su propio departamento, no lo piensa. “Fácil”, dice. “Además que este departamento ya estaba decorado”, detalla. Es que después de vivir siete años en uno más grande, una amiga ofreció comprárselo y él se cambió a uno de 1972 –en la misma cuadra– pero un poco más chico. “El concepto fue el mismo”, explica. Pero aquí, a diferencia del anterior que tenía ventanales prácticamente en 360°, la luz entra de forma matizada.

“Al principio me dio con que lo quería amarillo mostaza: los muros, los techos, todo. Pero se veía pésimo, así que volví a pintarlo todo topo”, cuenta. El parquet lo quiso hacer como damero, inspirado en el de la catedral de Saint Paul, en Londres. “Cuando lo lijaron y quedó al natural, pensé en dejarlo así, no pintarlo. Hacerlo era harto trabajo, caro y largo”, dice. Pero lo pintó de todas maneras. “Es lindo el hecho de que los pisos tengan algún tratamiento, un trabajo, porque ya deja el espacio vestido”, explica.

“Me entretiene el arreglo propiamente tal de los departamentos. Botar las murallas, que aparezcan piezas nuevas, hacer los interiores de cero”, dice entusiasmado. Esta vez quiso agrandar el living comedor y para eso achicó la terraza. El resultado es un gran espacio que mira a las copas de los árboles del Golf. Aquí tiene cuadros de todas las épocas de Francisco Bustamante, una banqueta Luis XIV, clásica de Mario Matta, hecha por Cristián Donoso, un comedor contemporáneo, mesa ovalada modelo Tulip, antigüedades y por supuesto, libros y revistas de colección.

La cocina la hizo entera de nuevo, para eso trabajó con Etudio Sien y la dejó integrada al lavadero. “Quería algo clásico, como de biblioteca antigua, gris con mármol y piso de cerámica que replicara madera rústica”, explica. Aquí, además de cocinar, Ignacio trabaja. Tiene la televisión e instaló unos parlantes que se escuchan en toda la casa, así que si pone música mientras está aquí, suena también en el living. “Es el mejor lugar de la casa”, dice convencido.

De dos dormitorios dejó un walk in closet y un escritorio que también es pieza de invitados. Ahí, en un enorme librero que ocupa un muro entero, están la mayoría de sus libros y revistas. Dice que puede pasarse horas hojeando.

En el dormitorio principal hizo lo mismo que en el living comedor: achicó la terraza para agrandar el interior. Tapizó los muros con un género de Le Cottonier que “tiene algo de burdel”, como dice él riéndose. “El género en los muros, amortigua los ruidos y hace más confortable la habitación”. Su baño lo hizo con mármol de Brescia y aunque tiene menos de un año asegura que si lo tuviera que hacer ahora, lo haría completamente diferente. “¿Eso te pasa seguido?”, le pregunto. “Me está pasando últimamente”, dice riéndose. Es que así es la creatividad de Ignacio: imparable.

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