Espectacular

El château de Pouy-sur-Vannes no solo es un castillo con una historia de mas de 8oo años, sino además la casa de Juan Pablo y Pilar Molyneux. El decorador restauró por completo una construcción original del siglo XII, donde imprimió con todo su sello de grandilocuencia, lujo y amor por los oficios artesanales. Aquí, además, planea hacer los talleres y las oficinas de su futura fundación.

El château de Juan Pablo y Pilar Molyneux se encuentra en Pouy-sur-Vannes, en la región de Champagne cerca del borde con Borgoña, a unos 150 kilómetros del centro de París. Está rodeado de un enorme bosque y emplazado en un espectacular parque de 13 hectáreas, cubierto de tilos y senderos que unen los tres grandes edificios que forman la propiedad. El castillo es la construcción principal, está rodeado de un foso, fortificado con cuatro torres redondas y coronado por una gran altura piramidal.

Es del siglo XVII, pero su historia se remonta mucho más atrás, al siglo XII, cuando funcionó como fortaleza donde se defendió la frontera entre el condado de Champagne y el ducado de Borgoña. La leyenda dice que fue erigido por caballeros templarios y el foso que lo rodea recuerda que alguna vez aquí se libraron importantes batallas en la historia de esta región y de Francia.

Alrededor de Pouy-sur-Vannes se han tejido muchos mitos. Se sabe que a finales del siglo XVI el castillo fue saqueado y quemado varias veces. Para el siglo XVII estaba en ruinas y fue reconstruido por la familia noble de Saint-Blaise y luego por Le Bascles d’Argenteuil. En 1831, el castillo figuraba en el mapa de propiedades napoleónicas y después de la revolución francesa pasó a las familias Fortier y Laproste. Así, fue heredándose por generaciones, hasta que en 1917 la condesa de La Noë lo donó a la Legion d’Honneur y fue transformado en un hotel que según sus dueños actuales “desnaturalizó completamente el edificio”. Por eso, cuando el 15 de octubre de 2012, Juan Pablo y Pilar Molyneux compraron el château y el terreno con todas sus hectáreas se pusieron inmediatamente a trabajar “para restaurar y renovar todo lo que el dueño anterior había dejado en una condición de preocupante decadencia”.

La intención fue honrar la historia y construcción original, respetando todas sus etapas. El castillo tiene la particularidad de unir la arquitectura de dos períodos históricos distintos: la Edad Media y principios del siglo XVII, a los que se le suman detalles arquitectónicos del siglo XVIII. Los Molyneux eliminaron las divisiones hechizas y restauraron los volúmenes interiores originales. Removieron por completo dos escaleras modernas para que la galería central llevara nuevamente a las habitaciones de la planta baja y el lobby de entrada volvió a ser el punto focal. Juan Pablo centró su trabajo decorativo en las salas principales, donde incorporó elementos de siglos pasados.

La idea era conservar esa cosa severa que tenía el castillo a pesar de todas las modificaciones que le hicieron al edificio durante el siglo XVIII y XIX. Durante el proceso de remodelación se encontraron con los materiales originales escondidos detrás de muros de yeso, lo que confirmaría la hipótesis de que un incendio alrededor de 1640 fue seguido de reparaciones hechas apuradamente para ocupar el castillo como fortaleza en la Batalla de La Marfée.

Desde el primer piso, que está en altura, se ve todo el terreno. Bajo él hay un nivel a la altura del foso donde está la cocina, el lugar donde guardan los vinos, un comedor rústico y “la cava” donde conservaron el cielo abovedado, con piedra blanca reforzada con arcos de ladrillo. Aquí respetaron el piso de piedra original y las molduras de las paredes.

Las cuatro torres son funcionales de arriba a abajo. En sus habitaciones, todas con interiores ovalados, rescataron las vistas panorámicas de los cuatro puntos cardinales del terreno y les dieron distintas funciones: en una de ellas es una biblioteca, otra una capilla, otra un baño, otra un dormitorio, otra un escritorio y otras son usadas para recibir, comer, tomar el té o el desayuno.

Como en toda obra de Molyneux, la atención está puesta en los detalles. En los muros del gran salón, por ejemplo, hay tapicería de Charles Jouffre que cubre la boiserie original del castillo en terciopelo de seda, usando una técnica de revestimiento que refleja sutilmente la pintura gris azulada. En la antesala del escritorio personal del decorador, en la torre noroeste, el techo que parece de madera donde cuelga un enorme candelabro de bronce alemán, es un trompe l’oeil pintado a mano por el Atelier Mériguet-Carrère. Juan Pablo transformó el altísimo ático del castillo dejando a la vista una enorme estructura de vigas y cubrió los muros con ampliaciones de la famosa serie de grabados Carceri d’Invenzione (Prisiones Imaginarias) de Piranesi, donde aparece un laberinto de bóvedas.

En otro de los extremos del terreno hay un segundo edificio conocido entre los locales como “el granero”, donde antiguamente se guardaban los fardos y dormían los animales. Pero tras una investigación arquitectónica, resultó ser un gran orangerie del siglo XVII. Juan Pablo restauró completamente el techo y restableció las ventanas arqueadas en la fachada dejando entrar mucha luz. Actualmente tiene una piscina, un gimnasio y un spa.

Entre esa construcción y el château hay una tercera construcción larga, en forma de pabellón. Estas eran las cabellerizas originales. Junto a uno de sus muros exteriores los Molyneux proyectaron una de las dos canchas de tenis de la propiedad y en el interior eliminaron las habitaciones que fueron creadas cuando el lugar funcionó como hotel. Hicieron un guesthouse para seis personas, y además Juan Pablo se reservó un espacio para su atelier, en el que pinta. Aquí también funcionará el futuro proyecto de la fundación: las oficinas y talleres de la Juan Pablo Molyneux Foundation for the Safeguarding and Promotion of The Trades of Art.

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