Sin pretensiones

Este departamento es mucho más que un espacio bien decorado. El gris se llena de vida con detalles que dicen mucho del decorador Bito Feris, quien logró un lugar elegante, pero no intimidante.

Algo tienen en común Bito Feris con el norteamericano Jonathan Adler. Los dos son interioristas, les encantan los detalles y, cuando hay que hacerlo, se entregan al color sin ser tímidos. Algo raro en un país en que la decoración abusa del gris y se desvive por una paleta neutral. La selección que hace Bito Feris se diferencia del resto.

Es que a través de la decoración ha podido expresar parte de su propia experiencia y mucho de una tradición familiar marcada profundamente por la estética y el manejo del color. Sin esto, Bito Feris simplemente no existiría. “Me importa demasiado cómo la gente quiere tomarse los espacios, cómo quiere habitarlos y cómo cada elemento del interiorismo es, en definitiva, parte de su vivir.  Para mí, los detalles son lo que marcan una drástica diferencia entre las personas porque tú puedes tener un edificio con 20 departamentos iguales, pero finalmente el carácter no se lo dará ni la altura, ni las dimensiones, ni la orientación, sino que serán los detalles”.

Bito detesta la uniformidad y por eso para cada proyecto le gusta tener una conversación extendida, única con sus clientes, “una cosa más de piel”, asegura. Lo fundamental es desvelar cómo vive, cuál es su rutina, qué colores privilegia para reconocer una personalidad. Pero más que nada, “reconocer a este personaje al que tú le montarás su escenario”.

Su devoción por la estética de los años ‘20, sumada a una fascinación especial por el Art Decó, dan como resultado un interiorismo sin pretensiones, pero con sorpresas. Un espacio con una vista privilegiada y un pulmón verde a sus pies, lleno de arte, muebles y objetos de diseño. “En este departamento de un hombre soltero, quise crear un ambiente cálido, masculino, que no fuera un lugar intimidante, sino que elegante, pero acogedor, incluso, para quien tiene una mirada más sensible. Un lugar enfocado en la lectura, y también en la calidez, en armonía con el dorado, los grises y el blanco y negro”.

Por eso, este proyecto no admite excentricidades; más bien pequeños tesoros que el mismo interiorista ha encontrado. No hay distracciones. Sólo aciertos. Por ejemplo, el dueño de casa aparece con todo su detallismo en los muebles mandados a hacer especialmente para cada espacio. Aquí cada pieza es clave.

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