Sobre las rompientes

Esta casa en Zapallar fue proyectada por la arquitecto Nöelle Echenique para que todos sus espacios estuvieran integrados y apuntaran a un gran protagonista: el mar. Es que los dueños querían que aquí todo fuera vista. ¿El estilo que le dieron? Ecléctico, Puro reflejo de ellos, bien metidos en el arte y buenos para la decoración.

Prefirieron vista antes que distancia con la playa. Y por eso eligieron este sitio sobre las rompientes de Zapallar que compraron hace cinco años y aunque construyeron la casa hace tres, pareciera que ha estado ahí mucho más tiempo. A diferencia de muchas de las casas vecinas, aquí el sol llega a la piscina hasta que se esconde. Es que la arquitecta Nöelle Echenique decidió dar vuelta el típico esquema de casa de playa y desde el cerro proyectó primero un garaje, después un jardín que lleva a un patio interior y finalmente la casa.

“El estilo de la Nöelle es bien provenzal y nosotros queríamos algo así”, cuenta el matrimonio dueño de casa. Él se imaginaba una casa de piedra, ella algo más práctico. Juntos idearon esta, con un estilo muy de los dos. Querían, sobre todo, una casa integrada. “La Nöelle lo diseñó de tal manera que el patio interior, la terraza y el living quedaron incorporados”, cuenta ella. Este quincho articula todos los espacios. Desde ahí hay una escalera que lleva al segundo piso, donde están las piezas de los hijos y la salita, mientras que en el primer piso quedaron la pieza principal, un baño de visitas y el living, conectados al exterior por ventanales. Además tiene un tercer piso que es el subterráneo, donde hay una tremenda salida para los jóvenes, con terraza y una gran pieza en suite con tres camarotes para los amigos.

El jardín estuvo a cargo de las Passalacqua y quedó orientado completamente hacia el norte. “Tiene harto color, a diferencia del jardín de nuestra casa de Santiago. Esta es una casa para ir siempre, pero vamos harto en verano y los fines de semana largos”, cuenta el matrimonio. Tiene tres hijos, dos trabajando, una casada y el más chico está en la universidad. “No somos tantos, pero es una casa donde va mucha gente porque los niños invitan a muchos amigos”.

Cuando ella nos muestra el living dice: “Esto es mi marido”, súper metido en el arte y bueno para la decoración. Este espacio, como toda la casa, tiene un estilo ecléctico. Él quería algo bien playero pero igual terminó trayendo muchos muebles desde afuera que se sumaron a otros que ya tenían. “Queríamos que fuera relajada y que todo el mundo que llegara se sintiera cómodo, nos encanta convidar”.

Dicen que el dueño de casa un día pone una alfombra bajo el comedor y al día siguiente la puede haber sacado. Es que aquí todo está en movimiento.

Desde la puerta de calle, lo primero que se ve es una gran ventana con vista al mar. Al lado, en el jardín, hay una higuera con su sombra y varios jacarandás. Junto a los sofás hechos en obra hay un espejo de agua idea de la arquitecta y harta intervención de la dueña de casa, que es buena para el paisajismo. Cuando le pregunto por su lugar favorito, dice que sin duda el quincho. Ahí es donde están juntos.

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