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ARQUITECTURA


ED Nº 183, Septiembre 2010

Edificio Eyzaguirre
La exitosa fórmula del $O$ patrimonial

 
POR CRSITIAN ALBAGLY // FOTOS TOMAS ELEODORO RODRIGUEZ

Edificio Eyzaguirre

Elemento fundamental del proyecto

Fue a la unión de los edificios, la cual está concentrada en un gran hall de acceso de triple altura que a la vez separa ambas edificaciones.

Duplex

Ahí no sólo se conservaron y restauraron la escalera que conecta al primer y segundo piso, sino que también elementos originales como el parquet, cornisas, puertas y picaportes.

En el escritorio

Los muros están cubiertos por una elegante boiserie.Además se mantuvieron los ventanales hasta el piso, la chimenea original y el parquet con filetes de madera tonos oscuros.


Las cosas como son: en Chile, al revés de la prosperidad y apogeo que irradia el sector inmobiliario, la conservación (o supervivencia, derechamente) del escaso patrimonio urbano depende más de la misericordia de las autoridades –y cierto porcentaje de la empresa privada– que de su vocación o afán por preservar parte tangible de la historia de la arquitectura nacional. El rescate patrimonial ¿representa un negocio inmobiliario en Chile? ¿Qué comunas exhiben iniciativas de recuperación? ¿Qué arquitectos se están jugando por preservar el legado urbano? Aquí algunas luces (y sombras) de lo que ocurre hoy.
 


Por mucho que las comparaciones resulten odiosas, sobre todo cuando se trata de contraponer casos como los de Francia y Chile en materia de urbanismo (asunto que, a la larga, no es más que el reflejo de la idiosincrasia de cada nación), no resulta complejo concluir que entre París y Santiago existe mucho más que un océano. En la ciudad de Haussman, por ejemplo, es posible encontrar un Código de Urbanismo independiente de la legislación civil (cuya versión local bien podría asemejarse al Manual de Estilo que arquitectos de la PUC pretendieron instituir en el puerto de Valparaíso en 2008), cuyos orígenes más trascendentales se remontan al período de la post IIGM, años en que la reconstrucción de un paisaje devastado y la explosión urbana impusieron la necesidad de una reparación global e integral. En Francia, entonces, el asunto pasó a ser una institución que, por ejemplo hoy, obliga a las empresas o a los particulares publicar, en caso de conseguir un permiso para demoler un inmueble o parte de éste (lo cual ya constituye una licencia difícil de conseguir), un aviso a las afueras de ese inmueble que informe respecto del beneficiario, naturaleza de los trabajos y dirección en la cual sea posible consultar, previo rendez-vous, el dossier con los permisos respectivos otorgados por el municipio de París. En definitiva, el urbanismo de la Ciudad de las Luces goza de una categoría que la hace prescindir de la declaración (o no declaración) de monumentos históricos, zonas típicas, de conservación, etc.

Cuando cerca del 60% de las construcciones en Chile tiene más de 30 años, sobresalen iniciativas públicas como, por ejemplo, la creación de Patrimonio Urbano, entidad gubernamental hoy liderada por el geógrafo Javier Wood Larraín cuya misión consiste en la protección de inmuebles y zonas de valor patrimonial mediante Zonas de Conservación Históricas en planos reguladores. Sin embargo, de un total de 52 comunas existentes en la Región Metropolitana, sólo el 20% ha sido beneficiada por la Ley General de Urbanismo y Construcciones, lo que significa que 11 municipios cuentan con ciertos tramos y calles protegidos, por ley, de ser demolidos o alterados. Entre estos: Independencia, Las Condes, Macul, Ñuñoa, Recoleta, Santiago… y Providencia. En el resto del territorio prima, como suele decirse comúnmente en nuestro país, la ley de la selva.

Constituye un dato interesante el hecho que, respecto de otras comunas de la capital, Providencia sea, después de Recoleta que lidera con 19, la segunda con mayor número de Zonas de Conservación: 18 en total, resaltando hitos de la arquitectura como las casas de la calle Triana y el Pasaje Orrego Luco. En Las Condes, por ejemplo, la contienda es desigual; independiente de los 12 Inmuebles de Conservación Histórica (entre los que destacan la Embajada Británica, el Verbo Divino y el Estadio Español), sólo unas cuantas cuadras de Gertrudis Echeñique y Presidente Errázuriz ostentan la más poderosa de las categorías, es decir, de la Zona de Conservación. Esta supone, entre otros, la conservación y protección hasta de manzanas o cuadras completas.

La magíster en Historia y gestión del patrimonio cultural y encargada de Comunicaciones del Museo Artequín, Sofía Forttes Vial,  manifiesta que “no basta con declarar zona típica un determinado inmueble y pensar que eso garantizará su supervivencia en el tiempo; la conservación del patrimonio urbano requiere de un reglamento específico (así como el de tránsito) que estipule estándares tanto para la forma (estética) como el fondo (contenido) de ese edificio. Así como ocurre con el Palacio Pereira, el Invernadero de Quinta Normal y la Casa de los 10, no sacas nada con protegerlos de la demolición cuando no contemplas, al mismo tiempo, una norma complementaria que garantice que no sean abandonados ni destruidos, a la larga, por el paso del tiempo, los terremotos o el descuido de la comunidad”. Agrega que “lo mismo ocurre cuando estableces el Día del Patrimonio Cultural de Chile una sola vez al año (último domingo de mayo): creas una distancia tan enorme como irreparable entre las personas y la ciudad”.

Ante un escenario como éste, se podría creer que una alternativa a la conservación del patrimonio urbano podría provenir entonces de la empresa privada, la cual ha revelado una actitud más bien dudosa respecto de la rentabilidad económica de proyectos que supongan el rescate de edificios o barrios históricos, más aún cuando estos compiten con iniciativas inmobiliarias de menor costo a largo plazo, publicidad inmediata y eminente prestigio social. La demolición sufrida por el barrio El Golf, así como la que está afectando actualmente a las elegantes construcciones de la Avenida Andrés Bello y Pedro de Valdivia Norte, constituyen un argumento que confirmaría dicha tesis.

No obstante, y pese al arraigado escepticismo que provoca en el empresariado la filantropía cultural, Santiago ha sido testigo de pocos pero interesantes proyectos de gran envergadura que han resucitado antiguos y emblemáticos espacios arquitectónicos, especialmente Providencia, con el Hotel Le Rêve en Orrego Luco (propiedad de la familia Ergas) y la conservación de la mayoría de las casonas de Eliodoro Yáñez, bien podríamos concluir que la comuna apostó por intentos francamente excepcionales por resguardar el exiguo legado arquitectónico, más aún cuando analizamos la más reciente obra del arquitecto Raimundo Lira: el rescate al Edificio Eyzaguirre.

Según un ranking publicado por el Portal Inmobiliario (referente obligado de la industria) a fines de 2009, de los 10 proyectos inmobiliarios que más destacaron durante ese año, el de Lira obtuvo el 6o lugar, lo cual contradice cualquier crítica o desconfianza comercial que pudiera existir en torno a proyectos arquitectónicos que contemplen la recuperación de espacios con valor patrimonial. En este sentido, “la obra de Lira constituye un novedoso –y exitoso– modelo de negocios que en Chile, al menos, ya prendió hace tiempo”, afirma el socio fundador de Estilo Urbano (www.eurbano.cl), Francisco Vicuña Balaresque.

“El desafío está en que los inversionistas se jueguen, idealmente, por este modelo y no otro”, sostiene Vicuña quien, a través de su empresa, fomenta el reciclaje e inversión en propiedades antiguas, donde la construcción en base a materiales nobles, la amplitud de los espacios y el pertenecer a (ciertos) barrios otorga plusvalía. “Eso lo podemos ver ciertamente en los casos de Le Rêve y el edificio de Eyzaguirre, ambas propiedades fueron rescatadas y se les otorgó un nuevo uso. Ese es en parte el sentido de reciclar inmuebles: reinventar los usos posibles abriéndose a posibilidades comerciales, culturales y turísticas. Dicho proceso exige una cuota de creatividad que necesariamente dará buenos frutos en cuanto a la identidad de la persona que lo habitará o utilizará comercialmente”, dice.

El edificio en cuestión se trata de aquél proyectado al más puro estilo inglés por el arquitecto Samuel Eyzaguirre para la familia Babarovic a mediados del siglo XX, el que con cuatro pisos, amplio antejardín y numerosas chimeneas se encuentra emplazado en la esquina de Hernando de Aguirre y Carlos Antúnez, en el corazón de la comuna de Providencia. Un verdadero clásico.

En palabras del propio Lira, el proyecto inmobiliario consistió en “un edificio de departamentos de doce pisos que debía incorporar uno ya existente”. Ese fue el espíritu que motivó la obra.

Sin embargo, asegura que fue la decisión de mantener y remodelar el edificio existente lo que generó las ideas matrices para abordar el proyecto. “La buena calidad del edificio Eyzaguirre definió, por ejemplo, el tipo de remodelación a ejecutar, fijó también las características del muro del edificio nuevo que colinda con el existente y orientó, al mismo tiempo, la materialidad del primero, así como la proporción de los marcos de las ventanas del edificio original”, explica.

Respecto de la conservación del edificio, Lira considera que “es invaluable mantener en pie las obras de un cierto nivel arquitectónico y así conformar el patrimonio arquitectónico de la comuna de Providencia. Hay que destacar que la inmobiliaria valoró desde un principio el hecho de conservar y remodelar el edificio, a pesar de que no estaba declarado de interés histórico. También creo que es importante haber ejecutado esta obra de conservación e integración con un edificio nuevo y demostrar que el resultado desde el punto de vista inmobiliario es aceptable”. 

Tanto el autor como los profesionales que participaron del edificio construido en 2009 y entregado en julio de este año (Constructora Tecnia, VMB Ingenieros, la paisajista María Teresa Leighton y la iluminadora Mónica Pérez, entre otros) catalogan al proyecto de “exclusivo”, puesto que en él “coexiste lo mejor de dos estilos”: por un lado, “la riqueza de lo clásico y tradicional” y, por otro, la simpleza del estilo “moderno y vanguardista”, donde destacan amplios espacios interiores. Emplazado en una superficie de 3.500 m2, la superficie construida bordea los 13.580 m2.

La remodelación del edificio existente supuso reemplazar todas sus instalaciones (de agua, alcantarillado, electricidad, corrientes débiles y calefacción), construir cocinas y baños nuevos e incluir un ascensor directo desde el subterráneo y un shaft de basura. En tanto, las puertas, ventanas, cornisas, pavimentos de madera (parquet), barandas y guardapolvos se corrigieron y mantuvieron tal como fueran integrados por Samuel Eyzaguirre en 1950.

Al revisar el detalle del proyecto, así como los planos de aquella época, se descubre que el edificio Eyzaguirre tenía originalmente cinco departamentos. En los dos primeros pisos, un fabuloso dúplex en el sector oriente y dos departamentos en el sector poniente. Los otros dos departamentos del tercer piso tenían comunicación con la mansarda. En el edificio remodelado se mantuvieron los mismos cinco departamentos, ajustando sus superficies para acogerlos al DFL2 (140 m2 máximo), pero independizando la mansarda de los departamentos, lo que generó seis estudios. Los departamentos se vendieron a 56 UF/m2 (aprox.) más bodegas y estacionamientos.

Un elemento fundamental del proyecto correspondió a la unión de los edificios, la cual está concentrada en un gran hall de acceso que a la vez separa ambas edificaciones. Con el objeto de mantener la misma línea arquitectónica, ambos espacios conforman una unidad espacial y material. “El hall de acceso al conjunto se ubica paralelo a la fachada sur del edificio existente y de toda su altura, generando un hall de triple altura. El muro estructural que separa el hall del nuevo edificio y la fachada del edificio existente es enchapado en ladrillo y con un espesor tal que se suma visualmente a la fachada sur existente, conformando un todo y fundiendo los exteriores entre edificios y el interior del hall”, puntualiza el autor.

Asimismo, la articulación de ambos edificios se manifiesta en la unidad de materiales. Por ejemplo, los muros del edificio existente son estucos imitación ladrillo y luego pintado, mientras que los del edificio nuevo, con enchape de ladrillo; las ventanas y cornisas del edificio existente son pintadas blancas, los balcones del edificio nuevo también; las barandas del edificio existente son metálicas pintadas verdes, lo mismo en el edificio nuevo; si la techumbre del edificio existente son planos inclinados de teja de cemento color gris, el acceso principal del edificio nuevo se conforma con planos inclinados color gris. Y para mantener la unidad de tratamiento de los muros, los vanos de las loggias fueron tratados como muros perforados, con ladrillos ahuecados.

El nuevo edificio tiene un total de 83 departamentos, de uno, dos y tres dormitorios. Actualmente quedan disponibles unos pocos departamentos de dos y otros de tres dormitorios de aproximadamente 105 m2, los que se venden a un promedio de 53 UF/m2.

¿Negocio? ¡Redondo!

 
 

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1 Comentarios 

ruperto barragan
Publicado Lunes 10 de Enero, 2011 - 14:34 hrs.
Por favor!!! sigan ene sta senda de dar a conocer nuestro patrimonio arquitectonico y su inmenso valor!!!

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