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ARQUITECTURA


ED Nº 171, Noviembre 2009
Polidura+Talhouk

POR SOFIA ALDUNATE // RETRATO ARI // FOTOS POLIDURA+TALHOUK ARQUITECTOS // FOTOS VICENTE GARCIA MEKIS

Pablo Talhouk y los hermanos Marco y Antonio Polidura

Acceso al Parque Metropolitano

Acceso al Parque Metropolitano por Pedro de Valdivia, 2003

Cerro Chena, 2006

Otra vista del acceso al Parque Metropolitano Sur, Cerro Chena, 2006

Acceso Parque Metropolitano Sur Cerros de Chena, 2006

Casa Samaniego, Algarrobo 2006

Casa Díaz, Chicureo, 2006

Casa Fuica (2006)

En la casa Fuica (2006), los materiales que priorizaron fueron el acero y el hormigó a la vista

Casa Fuica, condominio La Reserva

Casa Fuica, condominio La Reserva

Una vista del interior de la casa Fuica

Local de Vitepal. 2005, en La Florida

En esta oficina se hace una arquitectura objetiva. Pablo Talhouk y los hermanos Marco y Antonio Polidura se caracterizan por una mirada abierta y desprejuiciada para crear obras simples y lógicas.

Sin prejuicios. Con la mente y los ojos bien abiertos, los arquitectos Pablo Talhouk y los hermanos Marco y Antonio Polidura se enfrentan a cada uno de sus proyectos. Esta es su máxima intransable: evitar la ceguera, los antojos y los caprichos para crear obras simples y lógicas, que den soluciones viables, responsables y que interpreten las necesidades de sus clientes. Un esfuerzo no menor, que con los años han ido puliendo y perfeccionando. Prueba de ello es la gran cantidad y variedad de trabajos realizados.

Los tres egresaron de diferentes generaciones de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Central. Unos antes y otros después, pero todos tuvieron que sortear el desafío que significaba estudiar en el campus de San Bernardo, ese que se ubicaba en el estadio La Perla y que los hizo inmunes al frío, la lluvia y las condiciones precarias. “Se hacía mucha vida de escuela, porque como no quedaba cerca, uno iba a instalarse. A la larga, la falta de comodidades igual nos sirvió”, reconocen con espíritu franciscano.

Todos de treintaitantos, estos profesionales decidieron arriesgarse y una vez titulados optaron por la independencia de sus propios talleres y poco a poco han reemplazado la intuición por la experiencia.

Hoy tienen sus cosas muy claras y todo el tejemaneje que significa llevar una oficina. “La verdad es que la arquitectura es un tema que nos fascina y por lo mismo, en cuanto salimos de la universidad optamos por nuestros propios proyectos, sacrificando el tema económico. La idea era hacer arquitectura y estar involucrados en cada uno de los procesos”, resume Pablo. Admiten que en un principio fue sacrificado, no veían ni uno, aprendieron varias cosas en el camino (sobre todo el tema administrativo) y sólo en una oportunidad tuvieron que hacer las cosas dos veces. A golpes aprendieron de sus errores, y con creces.

Hoy respiran y viven de su oficio. No descansan en su afán de buscar las mejores soluciones posibles, de ser fieles a la economía de medios y a no olvidarse de la racionalidad constructiva. Aseguran que no por hacer algo más bonito van a hacer algo más caro. “Nuestros proyectos apelan al sentido común, a no forzar los materiales, a tener en cuenta al cliente, la ubicación, el emplazamiento, los recursos, el clima y el escenario general de una manera desprejuiciada y abierta que nos permita transformar las condiciones en parte de la solución”, explica Marco. Según ellos, lo que mejor ejemplifica su pasión por este oficio y su manera de trabajar es el hotel que proyectaron en el Parque Nacional Conguillío, en conjunto con Gubbins Arquitectos. Como sabían que era un sector alejado y de difícil acceso, la idea inicial era construir algo prefabricado. Pero cuando llegaron al lugar, a 700 kilómetros al sur de Santiago, a 110 de Temuco hacia la cordillera y a los pies del Llaima, se dieron cuenta que lo único que sobraban eran coigües, existía mano de obra y que había un aserradero muy cerca. Entonces cambiaron completamente el programa y diseñaron el hotel a través de un sistema constructivo simple de ejecutar para los maestros de la zona y fácil de supervisar a distancia. A pesar de los periódicos y largos viajes en bus a supervisar la obra, y que el pago fue a través de un canje, el Lodge La Baita (refugio en italiano) es una obra que los dejó satisfechos. Claramente Marco, Pablo y Antonio tienen un compromiso muy serio con su oficio y esa es su marca registrada. El vínculo también alcanza al mundo docente, porque los tres siempre se han dado el tiempo para hacer clases en diferentes universidades.

Han hecho prácticamente de todo: casas en y fuera de Santiago, edificios institucionales, de vivienda y de oficinas, colegios, parques y hoteles. No tienen límites ni barreras, por el contrario, les encanta el desafío y el mayor de ellos es resolverlo de manera lógica y a través de una arquitectura objetiva. Sus obras hablan por sí solas, en ellas no hay pretensión, sino una manera práctica e inteligente de sacarle partido a las condiciones.

Contacto: www.polidura-talhouk.com
 

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