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ARQUITECTURA


ED Nº 183, Septiembre 2010

LA RECUPERACION DE LA PORTADA

El salón

Aquí era posible encontrar bovedas ornamentales, columnas talladas a mano y particular chimenea que muestra la foto.

Portada colonial

Fue la única obra en Chile de Martin Noel, donde incluso dio cabida a una fuente de agua adornada con coloridos mosaicos.  

La casa en 1930

Arquitectura neocolonial

El trabajo de Martin Noel se distingue en Buenos Aires a través de emblemáticos edificios como el Bank Boston y el Teatro Cervantes.  

Portada colonial

El valor patrimonial del proyecto radica en el hallazgo (y rescate) de elementos como las baldosas y azulejos pintados a mano, todo importado desde Portugal.

En pleno invierno de 2009, la recién creada oficina de arquitectos que integran Tomás Lowenstein, Pablo Rosen y Exequiel Sagredo (LRS056) se encontraba en plena búsqueda de nuevos proyectos cuando recibieron, de parte de la Sociedad de Inversiones en Proyectos Educacionales (ligada a la familia Oyarce, copropietarios de Esucomex), una abultada carpeta llena de fotos, recortes y planos de un conjunto de propiedades en total abandono que requerían de urgentes intervenciones profesionales para recuperar su valor patrimonial. Aunque impresionados por la cantidad –y calidad– de edificios antiguos que de a poco aparecían, hubo uno que sobresalió más que el resto y que representó, al mismo tiempo, un particular desafío para estos profesionales: el ambicioso proyecto que terminaría por devolverle su antigua estampa a la construcción. “Vean ustedes qué es lo mejor que pueden hacer con ella”, le plantearon los dueños a LRS056.

Los arquitectos elaboraron un puñado de propuestas que junto con buscar ofrecer un proyecto rentable, perseguían otro gran objetivo: rehabilitar el edificio de modo de revalorizarlo a partir de ciertos elementos que hicieron de esta construcción un hito en el sector, como por ejemplo el estilo neoclásico y algunos materiales originales que fueron destruyéndose con el paso del tiempo. Cuando LRS056 supo que los propietarios de la inmobiliaria también eran dueños de un instituto profesional, les plantearon: ¿por qué no hacen una sede aquí en Merced 88? La respuesta no se hizo esperar, sorprendiendo incluso al equipo: la remodelación contemplaría, además, la compra de la casona contigua a la Portada Colonial, con vista a la Alameda y Plaza Baquedano, de modo de construir una sede el doble de espaciosa y rescatar integralmente la obra primaria de Martín Noel.

Y como en cualquier proyecto similar a éste, la visita a terreno fue lo primero que estos arquitectos llevaron a cabo. Lo único que sabían, a esas alturas, era que una de las casonas había asido un famoso restaurant durante la década del 60 y que en la otra había estado funcionando, hasta hace pocos meses, un bar y un cabaret. “La pieza en que se encuentra la fuente de agua, por ejemplo, fue durante años el sector de bambalinas del night club, lugar en que las bailarinas tenían sus camarines y se cambiaban de vestuario entre acto y acto”, grafica Pablo Rosen, a través de una serie de fotografías que tomaron del burdel cuando éste ya se encontraban en desuso.

A medida que investigaban la historia del edificio a través de planos y fotos antiguas, descubrieron, por ejemplo, que el núcleo del edificio sufrió varias intervenciones que destruyeron la imagen original del inmueble. Las ventanitas cuadradas, por ejemplo, no forman parte del edificio original puesto que se trata de un revestimiento que se hizo sobre la cochera, encima de la cual existía un patio de luz que además de descubierto, acogía a la gran fuente de agua. Lo mismo ocurrió con los baños, la cocina, las numerosas piezas de servicio y dos subterráneos; todos esos espacios habían sido destruidos, principalmente durante los últimos veinte años.

“Nosotros pudimos haber planteado recuperar el espíritu original de la casa, demoliendo todo lo que se construyó a partir de 1990 y devolverle al espacio en que está la fuente de agua su antigua función, es decir un patio de luz, y lograr, asimismo, que otras habitaciones fueran lo que en un comienzo. No eran sólo ideas románticas sino costosas y nos habría sido difícil convencer al dueño de hacer algo así. Por otro lado, la municipalidad nos hizo ver que el interior del edificio estaba tan intervenido que probablemente no resistiría más modificaciones”, acota Exequiel Sagredo.

En definitiva, la propuesta consideró obras específicas tanto al interior como al  exterior de ambas casas, de modo de habilitar la nueva sede requerida por el instituto. Entre aquellas obras destaca la construcción de un ascensor que conecta el primer piso con el tercero, permitiendo iluminar naturalmente el sector en que éste se encuentra; la remoción de todas las murallas, divisiones y cielos falsos, con el propósito de recuperar los amplios y nobles espacios de las habitaciones originales; la habilitación de un cuarto piso que funcionaría como terraza al aire libre y cafetería (con vista al Parque Forestal y la gran fuente de agua regalada por Alemania a Chile en 1910); nuevos accesos, escaleras y circulaciones; ampliación de la entrada por Alameda tras el retiro de un altillo falso; el reforzamiento de muros estructurales, y el embellecimiento de la fachada exterior a través de la unificación de colores para pintar el edificio entero: blanco y gris.

Sin embargo, a mediados de octubre del año pasado, cuando los trabajos comenzaron, los obreros contratados pro LRS056 se toparon con un imprevisto que si bien retrasó levemente los plazos acordados con los propietarios del instituto, constituyó lo que otorga hoy el gran valor patrimonial al proyecto: el paulatino descubrimiento de finos materiales originales que yacían escondidos bajo pisos alfombrados, cielos falsos y gruesas –pero removibles– capas de yeso y cemento.

A propósito, Tomás Lowenstein relata que “nos fuimos encontrando con todos estos tesoros y nos dimos cuenta del valor escondido que tenía y tiene este edificio: maderas importadas de Europa a principios del siglo XX, ornamentos en los techos, chimeneas, pisos de mármol, cerámicas portuguesas. Estaban impecables. De ahí en adelante nos propusimos conservar todo, cuestión que no le agradó a algunos maestros cuando tenían, por ejemplo, que remover capas de cemento sobre las cerámicas de colores. Pero igual entendían que lo que estaban haciendo era importante, que tenía un valor especial. Muchos de ellos nos preguntaban, incluso: esto parece original, ¿lo rescatamos, no? En ese minuto ya te das completamente por pagado”.

Tras una inversión cercana a los $1.000 millones por parte de la Sociedad de Inversiones en Proyectos Educacionales, la nueva sede del Instituto Esucomex recibe diariamente a 850 alumnos.



 

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2 Comentarios 

janito hernandez
Publicado Jueves 7 de Abril, 2011 - 16:31 hrs.
hola ,les cuento que yo estudio en esa sede y es tremenda y muy bella con un 80 % estilo europeo ,me agrada mucho estudiar hay por dentro toda con detalles en los pilares y en buen estado, ademas los profes son buenos y la sede esta ubicada muy bien ,parque forestal ,barrio Brazil,cerro santa lucia y san Cristóbal y metro baquedano ósea que mejor.
ruperto barragan
Publicado Lunes 10 de Enero, 2011 - 14:30 hrs.
Ojala la revista ED incluyera mas articulos sobre patrimonio arquitectoinico ...que tanta falta hace q valoremos y aporovechemos...es nuestra memoria!!!El Palacio de la Alhambra, la arquitectura de Kulczewski,de Rojas...esta revista deberia enseñar a que miremos mas las numerosos edificios bellos q tenemos pero q nos negamos a mirar!!!

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