¡Bienvenida Ch.Aco!
POR MARIA JESUS CARVALLO // FOTOS MACARENA ACHURRA
Más de 200 artistas nacionales, 50 extranjeros e importantes invitados internacionales marcaron la pauta de la primera feria de arte contemporánea chilena (Ch.ACO) que se presentó durante los primeros días de octubre en el Club de Planeadores de Vitacura.
Querían hacer historia y lo lograron. Por primera vez se hizo en Chile una feria de arte contemporáneo con lo mejor de lo mejor de la plástica nacional. Un encuentro que incluyó 19 galerías locales, siete internacionales, además de importantes museos, fundaciones, coleccionistas, editoriales y mucho más.
Por varios meses fue un secreto a voces, pero finalmente se realizó los primeros días de octubre. Más de 20 mil visitantes repletaron los hangares del Club de Planeadores de Vitacura –6 mil metros cuadrados– con la idea de mirar, descubrir y también comprar alguna pieza de arte. De que hubo calidad en las obras, las hubo, sólo faltó mejorar un poco la infraestructura y la puesta en escena de algunas galerías.
De todas maneras Ch.ACO (Chile Arte Contemporáneo) demostró que hemos avanzado en este tema y que hoy nuestro país es mucho más que las creaciones de Matta, Bravo, Lira, Cienfuegos o Téllez. Cada vez son más los artistas emergentes que están haciendo noticia tanto en Chile como en el extranjero.
Un buen ejemplo es Iván Navarro, quien ha dado la vuelta al mundo con sus tubos de neón exhibidos en la Bienal de Venecia o el triunfo nacional en ArteBA. Ch.ACO vino a reforzar esta idea, al dar cuenta que hay un mayor interés por el arte y que lentamente está dejando de ser “el privilegio de algunos”.
Según las organizadoras –Soledad Saieh, Irene Abujatum, Elodie Fulton, y Florencia Loewenthal–, el mayor objetivo de esta feria fue romper mitos, y para eso crearon el lema “no entender es un buen comienzo”, con el fin de acercar a toda la sociedad al arte nacional, para que conozcan sin miedos y sin importar si entienden o no, que se atrevan y así lograr democratizar su acceso.
"Para muchos, el arte tiene una connotación difícil e incomprensible. Pero con Ch.ACO buscamos decirle a todo el mundo que no importa si no se logra interpretar lo que quiso decir el artista. Esta feria está pensada para responder todas esas preguntas y así la gente se quede con ganas de seguir visitando otras exposiciones y proyectos de plástica contemporánea”, dice Soledad Saieh.
Esta iniciativa se suma a la de otras ferias internacionales que se hacen en América Latina –como ArteBA (Buenos Aires), ArtBO (Bogotá), SP-Arte (São Paulo) y FeMaco (México D.F.)– pero a diferencia de ellas, en Ch.ACO la idea principal no era vender, sino mostrar, dar a conocer la realidad artística nacional. Pero, para sorpresa de muchos, esto no fue tan así, porque se comercializó más de lo esperado y la cantidad de público asistente superó todas las expectativas.
Entre los espacios estuvo la galería Isabel Aninat con acrílicos de Matías Pinto d’Aguiar, esculturas de Martín Eluchans, pinturas de Matías Movillo y una selección de grabados de Matilde Pérez, una de las artistas más vendidas. Florencia Loewenthal, por su parte, dio a conocer obras del chileno residente en Nueva York Alfredo Jaar, como la serie fotográfica Chile, 1981, antes de partir, tazada en 36 mil dólares.
La galería Artespacio exhibió las monumentales esculturas de Francisco Gazitúa, además de obras de Andrés Vio y Pablo Jansana, entre otros. Patricia Ready apostó por los emergentes y exhibió dibujos de Adolfo Bimer, pinturas de Christiane Pooley e imágenes de Pablo Zulueta. AFA, por su parte, optó por pinturas de Josefina Guilisasti y fotografías del inglés Martin Parr y del chileno Cristóbal Palma.
Tomás Andreu, dueño de la galería Animal, exhibió obras de Francisca Sutil, Jorge Tacla y Gonzalo Cienfuegos, y la galería Praxis, que junto con este evento aprovechó de anunciar su cambio de nombre (Blanc), presentó pinturas de Mauricio Carvajal, Edwin Rojas, Ximena Gumucio, Alvaro Gabler y Sonia Etchart.
Este proyecto es el primer paso de algo grande y que marcará para siempre la historia de nuestra cultura. “No pretendemos parecernos a otras ferias, nosotros estamos recién empezando. Tenemos la primera piedra y queremos imponer un sello propio, muy distinto al del resto de los países latinoamericanos”, dice Irene Abujatum.
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