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ARTE Y DISEÑO


ED Nº 161, Marzo 2009
Claros de agua 

POR MARIA JESUS CARVALLO // FOTOS PATRICIA STEVENSON Y ALALUF Y DUQUE 

Minuciosas pinturas

A partir de fotografías sacadas por ella misma en el sur de Chile.

Retratos perfectos de distintas miradas del agua

Re-Corte

Parte del montaje de su exposición  en la Galería Animal.   

Meticuloso proceso

A partir de fotografías sacadas por ella misma en el sur de Chile.

Patricia Claro en el taller de su casa


De lejos las pinturas de Patricia Claro son retratos perfectos de distintas miradas del agua; de cerca, todo un universo de texturas. Con sólo una exposición individual, ya se vislumbra con claridad el futuro de esta artista.


Es al revés de muchos. No busca ser famosa ni sobreexponerse. Lo único que pretende es dar a conocer sus obras, pero a su manera. Patricia Claro es de esas artistas poco comunes pero sorprendentes al mismo tiempo, que no cumplen con las típicas reglas y quizás eso mismo hace tan atractivo su trabajo.

Con sólo una exposición individual, esta mujer ha sabido imponerse. Como dice el galerista Tomás Andreu, es toda una excepción, porque cuando algunos buscan hacerse conocidos y demostrar que son talentos consistentes, Patricia hace lo suyo puertas adentro, solitaria y meticulosa, encerrada bajo las cuatro paredes de su taller.

La dueña de la galería Motto, Claudia Donoso, la define como emergente. Dice que los artistas no necesitan tener 20 años para partir con sus carreras, hay algunos que lo hacen a los 70 e incluso a los 80 y eso no los hace menos valiosos. Patricia se decidió cerca de los 40 y fue perfecto, porque aquí lo importante es el valor de las obras, y en su caso, aunque se ha visto enfrentada sólo una vez a una sala vacía, la experiencia que tiene en sus hombros es más que suficiente. De partida porque viene de una familia donde todos son artistas, pintan, escriben, tocan instrumentos… y aunque durante un tiempo ella quiso seguir un camino propio y diferente –estudió, se casó y tuvo siete hijos– a la larga siguió con la tradición de los que llevan su apellido. 

De chica podría haber hecho lo que quisiera, sacó más de 800 puntos en la PAA y entró de las primeras a Diseño, pero después de varios años trabajando en su profesión se hizo cargo de su verdadero sueño y dejó todo por las telas y los pinceles.

Se dio cuenta que nunca era tarde para empezar y hoy, con una familia formada y otra profesión a cuestas (Arte en la Católica), decidió dar a conocer públicamente su pasión. Incluso le pareció anecdótico tener que ser contemporánea con dos de sus hijas, que también están siguiendo sus mismos pasos. La excelente crítica de muchos, y sobre todo la del reconocido Waldemar Sommer –que la calificó como una de las promesas del arte contemporáneo chileno– la convencieron del vuelco que le dio a su futuro.

Quizás uno de sus grandes aciertos es la bipolaridad que se produce en sus cuadros. De lejos parecen verdaderas fotos, primeros planos del agua y sus movimientos, pero a medida que uno se acerca, se descubren pinturas perfectamente bien logradas y realistas, donde la mezcla de colores, luces y sombras dan cuenta de una mirada personal y única de esta importante fuente de vida.

Su técnica conlleva un meticuloso proceso. Todo parte con un largo estudio, días de encierro y análisis sobre cómo enfrentará las telas, luego viaja al sur para inspirarse y sacar fotos de ríos, arroyos y riachuelos, para después llegar a su taller y no salir de ahí hasta tener algo en la mano.

“Es muy rico estar partiendo a mi edad. Me gusta saber que no me miran a mí sino a mi obra. No soy una cabra chica que está empezando, en mi caso han sido mis cuadros los que me han abierto las puertas y eso es lo que más contenta y satisfecha me tiene”.   
 

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