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| ED Nº 179, Junio 2010 | |
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De lo terrenal a lo sublime
TEXTO Y FOTOS ARI MALDONADO
Caminando por Manhattan, el fotógrafo Ari Maldonado retrató y entrevistó a uno de los artistas y diseñadores chilenos más conocidos de nuestro país, justamente porque con su trabajo transporta a un universo totalmente desconocido. Cómo piensa, cómo trabaja, cómo se mueve y a quién le pide la opinión Sebastián Errázuriz. Son las 15:30 y camino desde Manhattan por el famoso Brooklyn Bridge. También son los primeros días de la primavera aquí en New York y el día está increíble. Mientras escucho mis pasos en las tablas del puente y veo cómo los taxis amarillos pasan a toda velocidad debajo de mis pies, voy pensando en las veces que he visitado los museos de esta ciudad, la gran cantidad de famosas pinturas y esculturas que he visto, en las obras musicales que me ha tocado escuchar y las piezas de ballet que me ha tocado ver. Cada vez que pienso en quienes están detrás de esas obras, no puedo dejar de preguntarme qué hace que estos creadores sean artistas… Será su infinita constancia, una curiosidad sin límites, el conocimiento acumulado, experiencias de vida, sinapsis cerebrales especiales que llevan a conectar hechos totalmente disímiles unos de otros y que a la larga resultan de lo más normales; son acaso seres humanos con habilidades especiales que les permiten ver y detenerse en todo aquello que parece obvio pero que uno no ve… No espero tener ni dar una respuesta, las razones de un artista siempre son mucho más complejas, contradictorias y, por lo tanto, fascinantes. Y yo voy camino a juntarme con uno… Llego a la mitad del puente y ahí está, Sebastián Errázuriz Infante (sé que no necesita tanta presentación, pero escribo sus apellidos para enfatizar algo que diré al final), diseñador, artista, hombre ultra talentoso, sonriente, listo y dispuesto para hacer las últimas fotos de este artículo en uno de los lugares iconos de la Gran Manzana. Entremedio le pregunto por la disyuntiva entre ser diseñador y artista al mismo tiempo: “y por qué no las dos cosas”, me contesta. Su espíritu es de sacrificio y seriedad. Venir a New York y destacarse es difícil, se viene a competir con los mejores y Sebastián se ha hecho conocido como diseñador y artista, pero para eso ha tenido que trabajar el doble. A las 7 de la mañana ya está revisando y respondiendo mails, leyendo diarios y columnas de opinión acerca del arte en general, a las 8 está en su taller trabajando, contactando gente en Chile, preparando reuniones, productos, diseños, dibujando, consiguiendo piezas o visitando carpinteros y escuchando a su hermano, una de las opiniones que más valora, porque es tajante, sincera, analítica y de gusto refinado. Terminamos con las fotos, nos dirigimos por el puente hacia Brooklyn y comienza mi interrogatorio. Quiero saber qué piensa, cómo se dan sus procesos creativos, cómo se maneja entre estos dos mundos, el diseño y el arte. Parte explicándome que sus piezas de trabajo en un principio son un híbrido entre estos universos, un ejercicio físico y mental, donde a una obra con características funcionales, se le van incorporando y adhiriendo capas, que la transforman en una obra simbólica. Cuando algo se convierte en obra de arte es porque tiene muchas capas que superan su funcionalidad. Unicamente cuando las capas sobrepasan la funcionalidad de la pieza es que caen en lo que llamamos obras de arte. |
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