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| ED Nº 179, Junio 2010 | |
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¿Pero cómo se lleva a cabo ese proceso? ¿Hay alguna premisa básica de la cual se parta? Inmediatamente pronuncia la palabra sublime, que pareciera ser su búsqueda constante, su punto de partida y su norte al mismo tiempo, la elevación extraordinaria de los valores de la forma con distintivos de grandeza y sencillez admirables. A ver, un ejemplo, alguna obra tuya con esas características, le pregunto. “Te acuerdas del Arbol del Estadio Nacional, esa idea, esa obra tiene para mí características de sublime”. Me cuenta con entusiasmo cómo ese simple árbol, desde el momento en que puso las raíces en la tierra de la cancha de fútbol del Estadio Nacional, hizo que ese lugar cargado de un simbolismo siniestro se transformara en un parque memorial. Ya estamos en Dumbo, sigla que resume Down Under Manhattan Bridge Overpass, entre el Manhattan y el Brooklyn Bridge, cada uno tomando un chocolate caliente en dirección al parque que está debajo del puente y que ofrece una de las vistas más espectaculares de la ciudad. Llegamos al parque pero está prohibido el paso porque están filmando una película... Nosotros ya nos sentíamos en medio de una en estas calles adoquinadas y casi abandonadas. Sebastián me sigue contando acerca de su ideas, cómo nacen, de dónde vienen, de lo difícil que es que estas ideas aterricen y se concreten, porque al final lo que quiere es mostrar y compartir lo que había en su cabeza. Y créanme que hay bastante. En su taller hay una pared de 7x7 metros llena de dibujos y croquis de todo lo que va pensando, viendo o sintiendo. Son storyboards de sus obras, pequeños fotogramas de ideas transformadas en imágenes que empieza a exteriorizar. Las califica, como quien le pone nota a sus trabajos de artes plásticas, de acuerdo al aporte que generen, a la capacidad de comunicar que tengan y lo convincente y original que sean. Su mente es un paño blanco sin límites, los desafíos personales o los requerimientos de sus clientes son el marco de sus obras. Sólo vale una consigna, un rechazo rotundo a todo lo hecho con anterioridad, incluso a las cosas bonitas, necesita una mirada fresca, una vuelta de tuerca que obligue al espectador a salir de lo conocido, “es la única manera en que un diseño se transforme en arte”. En su búsqueda constante aborda temas como los cuestionamientos a la autoridad o a las grandes verdades que nos rigen, como la religión o la muerte. Lo hace con humor, ironía, provocación y apropiación. “El humor y la ironía desbloquean a la gente, le bajan la guardia y te permiten abordar temas que de otra manera serían rechazados en el acto”. Como el cristo que fue venerado 100 años en una iglesia de Massachusetts y que ahora Sebastián vistió con su capa de superhéroe. Cuando le pregunto cómo se relacionan la autoridad y el arte me responde que el uso de la realidad le da otro peso a la obra y lo grafica contándome que compró en internet los símbolos de autoridad. Una moto Kawasaki del departamento de policía, un chaleco antibalas, unas esposas, un casco, el uniforme oficial de policía. Todo aquello que da estatus de autoridad. “Tú o yo, todos podemos potencialmente ser autoridad”. De vuelta hacia Manhattan le pido que se acueste en el suelo en forma de cruz en el famoso puente, cerca de la torre oeste. Pienso que si ya se ha crucificado en pinturas e instalaciones, por qué no en una foto, además el tema de la muerte siempre anda merodeando en su obra. Me mira un poco desconcertado con tanto turista caminando cerca, nos reímos y accede. Yo disparo. Click. Veo la imagen de Sebastián crucificado en New York. Sin quererlo esta foto da para pensar, esta ciudad te puede comer vivo, por más Errázuriz Infante que seas, sus apellidos aristocráticos aquí no significan nada, no le abren puertas ni le dan tratos especiales, el camino se lo pavimentó solito, y para que fuera liso y suave tuvo que sacarse la cresta. Y él está más vivo que nunca, manejando por una súper carretera.
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