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ARTE Y DISEÑO


ED Nº 210, Agosto 2012
 
Alfredo Echazarreta:
El regreso 

POR PIA ORELLANA // FOTOS ANA MARIA LOPEZ S.


Géminis

De la serie El Zodíaco.

Sagitario

De la serie El Zodíaco.

Leo

De la serie El Zodíaco.

Femme et oiseau

Carborundo y punta seca (2010).

El rapto de América II

El rapto de América

Alfredo Echazarreta

Toda una vida afuera condicionó la temática del trabajo de Alfredo Echazarreta, que oscila entre lo mitológico y exótico que hay en nuestro país. El mes pasado expuso  sus dibujos y grabados en la Galería Blanc.

El artista Alfredo Echazarreta vivió casi 40 años fuera de Chile, pero el amor lo trajo definitivamente de vuelta. Tan definitivamente, que embaló hasta la prensa con que hace sus grabados, algo impensable para un pintor reconocido en Europa como él y a quien le estaba yendo “mejor que nunca”.
Pareciera que sus decisiones son así: radicales. A los 25 años, tras decidirse por la pintura, partió a descubrir el mundo y a sí mismo, porque aunque siempre supo que era lo que le gustaba, “tuve que caerme en un tarro de pintura para creerlo”.
La decisión le costó una pelea con su papá y ni hablar del menosprecio social: “Ser pintor era una vergüenza”, recuerda. Fue por eso que agarró sus cosas y partió a recorrer Florencia, Londres, Amsterdam y Nueva York, radicándose finalmente en Francia a principios de los 70. En todo ese tiempo aprendió a valorar su origen americano y a mirar el continente como el lugar mágico que es, “a desear esa América recóndita”.
De eso trató la exposición El rapto de América, que reunió sus grabados y dibujos realizados desde el 2008. Un tema que él siente ha estado desarrollando toda su vida. “Uno está metido un poco siempre en la misma cosa. Yo partí con los viajes mitológicos, porque fueron un encargo que me hicieron. Después me puse a ilustrar el libro de poemas de un amigo que se llamaba Ocea–no–pacífico. De ahí tú quedas de alguna manera constelado con el tema y lo juntas con tu vida, porque es verdad que cuando estás lejos, tu país, tu tierra, se vuelve más atractiva. Además te dejas influenciar por esta mirada que tienen los europeos de que Chile, América, es como un destino exótico. Y empiezas a soñar con el Cabo de Hornos, el mar, la Patagonia, la cordillera de Los Andes… empiezas a pensar ‘yo nací en un continente mitológico’. Esto hay que rescatarlo, sin caer en una cosa folclórica. Que América tiene cuento, lo tiene, y Chile también”.

Has dicho que nunca habías sido tan feliz como cuando no sabías nada de pintura, ¿por qué?
La pintura es un salvavidas, pero también una condena. A mí me salvó de mil cosas personales, de locura, pero al mismo tiempo me condenó porque es un medio muy competitivo, muy exigente. Hay una insatisfacción permanente que te lleva a pensar que nunca es suficiente, que siempre la próxima tela va a ser mejor… te empiezas a preguntar para qué haces estas cosas, a quién le sirven. No hay respuestas. Hay juicios, pero el verdadero juicio es el tuyo, y es feroz.

¿Qué encontraste en Europa que no podrías haber encontrado en Chile?
Europa me sacó de contexto y me permitió encontrarme. Yo no me fui sólo para conocer, sino que quería estar en un mundo en que no fuera nadie ni nadie tuviese referencias sobre mí: que no me conocieran porque estuviera en tal escuela de arquitectura, ni porque perteneciera a tal familia, o a tal ciudad, o a un medio… porque acá me sentía como las muñecas rusas, todos iguales. El quedar desnudo en este otro medio y que la referencia no sea otra cosa que lo que uno hace… Eso cuesta harto y vale.

De todo lo que has hecho, ¿con que estás más satisfecho?
Con la pintura y el grabado, pero no con una obra en particular… vamos en camino, nos vamos acercando… El grabado me hizo desarrollar la precisión en el dibujo, en la pintura. Mi regreso a Chile coincidió con eso. El arte en América en general es más narrativo. Está el cuento mucho más presente y a mí me gusta. Estoy totalmente en contra de la pintura sin narración; incluso le pongo los títulos a todos mis cuadros delante y eso no quiere decir que estés canalizando al espectador, sino que sólo le estás dando otra perspectiva, que es la perspectiva de la poesía. A mi parecer, la palabra enriquece a la imagen y al revés; se complementan.

¿Has vuelto a la escultura?
Me encanta, pero no soy escultor. Comencé haciendo esculturas porque me encanta la materia, la figura, y también para despertar la imaginación, para soñar al lado de algo, como si fuera un croquis que pudiera dar vuelta. Muchos pintores hacen eso. Pero eso mismo es lo que me ha convencido más de la pintura: es una cosa en dos dimensiones, que casi no tiene nada, y aun así te hace soñar. Es de otra índole, es más abstracta porque no tiene volumen. Eso, que antes era una frustración, ahora me seduce.

¿Cómo ves el ambiente cultural en Chile?
Aquí hay una gran sed cultural, a la gente le interesa mucho, pero faltan conocimientos. En Europa hay referencias, tú nombras a alguien y todos saben de quién estás hablando. Yo no soy una enciclopedia del arte, pero creo que al menos hay que saber ciertas cosas básicas. No es esnobismo. En ese sentido, me he vuelto muy clásico. Hay que aprender el oficio, hay que conocer la historia, hay que saber dónde uno está parado.


www.alfredoechazarreta.com
 
 
 
 

 
 

 

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