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ARTE Y DISEÑO


ED Nº 163, Mayo 2009

Eterno Guerrero  

POR MARIA JESUS CARVALLO // FOTOS MUSEO SALVADOR ALLENDE Y EUGENIO TELLEZ

Parte de la serie Secuencia del Trópico, 1993

La visión de los sentidos

Técnica mixta sobre tela, 1991.

Eugenio en 1978, Toronto, Canadá

Homenaje a Bautista Van Schowen

El artista pintando la obra que donó en 1976 al Museo de la Solidaridad.

Parte de una acción plástica realizada en 1978

Parte de una acción plástica realizada en 1978

Parte de una acción plástica realizada en 1978

Acción sobre banderas de Chile, Francia y Alemania

Canadá, 1978.

Parte de una acción plástica realizada en 1978

Lutecia

Serie de fotograbados hechos con diferentes imágenes de películas, donde además aparece el mapa de París y los nombres de algunas de las mujeres presentes en su vida.  

Tanque, pasaje y figura, grabado, 2009

Eugenio Téllez

En su exposición La risa de Saturno, que presentó en el MNBA en el 2007.


Después de muchos años viviendo afuera, Eugenio Téllez llegó a Chile para quedarse, y el Museo de la Solidaridad Salvador Allende decidió organizar una exposición que resume su trayectoria.

No necesita de grandes materiales para crear. Lo hace con lo que tenga al frente. Puede ser un jarrón de porcelana roto que encontró en un mueble antiguo, unas figuritas de plástico, su propio pelo, las ramas de un árbol, las balas de una pistola, un rastrillo o hasta el pelaje de su perrita muerta. Todo le sirve para armar y desarmar. Eugenio Téllez inventa y construye con los detalles más increíbles.

Es chileno, pero ha pasado más de la mitad de su vida afuera. Se nota en su acento, en su manera de enfrentar la vida, en sus conocimientos e historias. Tiene el look de los parisinos, el mundo de los europeos y toda la audacia de los norteamericanos, y aunque sus tres pasaportes (también tiene nacionalidad estadounidense y canadiense) dicen que nació en el 39, se ve tan bien que jamás se creería que está cerca de las siete décadas.

Extremadamente simpático, hace reír con su humor sarcástico; es camaleónico, bueno para imitar, para cambiar el tono de la voz y para representar mil y un personajes. Se autodefine como un enamorado de la literatura y confiesa que varios autores han influido en su trabajo; también como un eterno viajero, pero de esos de alma, como los marinos que van de puerto en puerto en busca de un nuevo destino.

La primera vez que partió de Chile fue cuando tenía nueve meses. Su papá era cónsul, por lo que le tocó vivir el desarraigo desde la cuna. Primero se fue a Lima, después a Guayaquil y una vez terminada la Segunda Guerra Mundial volvió a Santiago. Ya en ese tiempo se sentía distinto, la experiencia vivida lo había marcado para siempre y supo que su camino era volver a irse una vez que tuviera la edad para hacerlo. A los 18 años entró a la Escuela de Bellas Artes a estudiar pintura, sin tomar en cuenta a su familia, que quería que fuese abogado. Rebelde, pero consecuente con sus ideas, siguió sus instintos. Una vez adentro, tuvo la suerte de ser alumno de José Balmes y Augusto Eguiluz, compañero de Adolfo Couve y de hacerse amigo de literatos como Jorge Edwards, Enrique Lihn y Jorge Teillier. En medio de la bohemia descubrió la poesía y la literatura, y se enamoró apasionadamente de ellas igual como lo hizo después de sus muchas mujeres.

Con un poco de experiencia en los hombros, finalmente se armó de valentía y voló a su ciudad soñada: París. No fue fácil, como dice, le costó asentarse y tuvo que trabajar en mil cosas para hacerse un sueldo. Incluso llegó a vender dos veces su pasaporte a los argelinos del FLN para tener algunos dólares extra. Hasta que conoció al famoso pintor británico Stanley William Hayter, quien lo contrató para que le ayudara en su taller de grabado Atelier 17. Ahí trabajó para grandes como Marcel Duchamp, Max Ernst y muchos otros, y conoció el otro lado del arte.

Pero como buen itinerante, se sintió ahogado y quiso volver a salir; esta vez su destino fue América, instalándose primero en Estados Unidos y luego en Canadá por varias décadas. Además de ser profesor universitario, amplió su visión artística y se salió de los convencionalismos europeos, donde todo es formalidad y no existe la experimentación. Fueron tiempos de performances, de videos e instalaciones, años donde probó materiales, soportes y donde conversó, vivenció y asumió como suyas otras realidades.

La vuelta a Chile no fue fácil, le costó más de 20 años regresar por primera vez. Incluso llegó a inventarse otros orígenes, le decía a las mujeres que había sido huérfano de la guerra española y otros cuentos, haciendo uso y abuso de su debilidad por la literatura, porque no era capaz de asumir su verdadera identidad.

Hoy este “ratón de ciudad”, como se autodenomina, que no puede quedarse dormido sin el ruido de los autos o la televisión, está de nuevo en Santiago, aunque todavía ni él mismo sabe por cuánto tiempo. Está instalado en un lindo departamento en el centro, donde además de las mil cajas con obras a medio desembalar, tiene muchos libros y un par de muebles.

Como una manera de darle la bienvenida y de premiarlo por su carrera, el Museo de la Solidaridad Salvador Allende organizó una exposición con una serie de obras jamás vistas en Chile. Dibujos, grabados, fotograbados, óleos a gran escala, documentos personales y objetos, además de La tanqueta, una maqueta original del tanque a gran escala que Eugenio mostró hace algunos años y que ahora decidió donar al museo. Titulada Etica/Estética, esta exhibición es un homenaje a este gran artista contemporáneo, amigo de Enrique Zañartu y colega de Matta. “Yo salí de Chile con una idea heroica del arte, de trascender, de ser parte de la historia. Y mi vuelta la asimilo como una derrota, pero vista desde la nostalgia. Fue algo un poco forzado, que no busqué, tuve que hacerlo por distintas razones. Pero ahora que estoy aquí, estoy tratando de aprovechar el momento y nutrirme todo lo que pueda antes de volver a partir, aunque esta vez, sólo será de paseo, porque me he establecido nuevamente en mi país de origen. Por lo menos por un tiempo largo”. 

Etica/Estética, hasta el 28 de junio, Museo de la Solidaridad Salvador Allende.

   

 

 

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