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| ED Nº 176, Abril 2010 | |
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Eso sí que tuvo que pasar un tiempo antes de convertirse en el genio con que alcanzó la fama. La Primera Guerra Mundial marcó un antes y un después en su historia y lo obligó a hacerse grande de un día para otro. Con sólo dos semanas de diferencia, sus hermanos –que tiempo antes habían partido ilusionados a pelear por el frente francés– murieron en pleno campo de batalla. A esto se le sumó el suicidio de su papá, que devastado por la noticia se tiró desde la ventana de un edificio parisino. Y, por si esto fuera poco, su mamá también terminó con su vida al ver a su familia reducida a la mínima expresión.
Fue así como huérfano, pero con una gran herencia en su bolsillo, el menor de los Frank resolvió recorrer el mundo, cambiar de aires y aclarar su cabeza antes de ver qué hacer con su futuro. Viajó por España, Francia e Italia, hasta que inspirado por los circuitos artísticos parisinos y venecianos comenzó a trabajar como diseñador. Tímido y sin mucha confianza en sí mismo, empezó a aceptar encargos de amigos, hasta que en 1927 conoció a la chilena Eugenia Huici –famosa por ser una de las creadoras del minimalismo y por atreverse a colgar un Picasso sobre una cómoda francesa del siglo XVIII– quien lo transformó en su discípulo y le enseñó hasta el último de sus secretos. Desde ese minuto su éxito no paró más. En 1930 se asoció con Adolphe Chanaux y juntos crearon Chanaux & Co, una empresa que incluía un taller de maestros y una boutique en el mejor sector de Saint Honoré. Hasta allá llegaban personajes famosos, actores, publicistas, políticos, así como algunos representantes de familias como los Rockefellers y los Guerlains en busca de las manos creativas de estos expertos. Jean-Michel se hizo conocido por su atrevimiento, por el uso de materiales extravagantes –como pergaminos, paja laqueada, cueros trabajados por los artesanos de Hermès con los que tapizaba sus muebles, además de adobe, mica brillante, maderas raspadas como roble, ébano y caoba, marfil o piel de tiburón y otros animales– y por imponer un nuevo estilo que llamó con su apellido: le style Frank. Además, siguió al pie de la letra lo aprendido con su amiga Eugenia Huici, especialmente la idea de “lujo pobre”, reemplazando lo apoteósico y lo recargado por recatadas formas en bronce, nogal o metal modernizadas, por ejemplo, con un sencillo tapiz tan áspero como un trapo de cocina. Influenciado por la era de los “no-colores” hizo lo suyo usando básicamente sólo blancos y beiges, y también tuvo el acierto y el ingenio de complementar sus proyectos con creaciones de otros maestros importantes como Alberto y Diego Giacometti, Christian Bernard y Emilio Ferry. Una vez más los estragos de una nueva guerra mundial hicieron que el destino de Frank volviera a cambiar y esta vez para siempre. Producto de la invasión alemana a Francia, cerró su boutique de Saint Honoré y salió del país por miedo a ser perseguido por sus orígenes judíos. Fue así como llegó a Buenos Aires ayudado por un grupo de amigos locales y empezó una nueva vida cerca del Río de la Plata. Sus contactos con Eugenia Huici y su manejo en la sociedad bonaerense lo hicieron integrarse rápido entre los decoradores de esa ciudad. Al poco tiempo se vio tapado de proyectos, algunos tan importantes como la ambientación del conocido Hotel Llao Llao en Bariloche, donde creó una línea de muebles con maderas de la zona que talló con una pequeña hacha. Y cuando todo el mundo creyó que ya lo peor había pasado, un día de 1941 decidió salir de Sudamérica y radicarse en Nueva York. Pero, una vez instalado y sin muchas razones aparentes, se suicidó saltando desde un alto edificio de Manhattan, tal como alguna vez lo hizo su padre. Algunos le echan la culpa a una pena amorosa, otros al estrago de las drogas y la depresión, lo cierto es que como cuenta el autor francés Pierre-Emmanuel Martin-Vivier en su libro L’Etrange Luxe du Rien, más allá de las desgracias, este amigo de Salvador Dalí siempre será recordado por su simplicidad perfecta, sus diseños minimal pero no clínicamente fríos y porque sus logros y aciertos en los espacios se comparan a lo que Coco Chanel hizo en la moda.
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