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ARTE Y DISEÑO


ED Nº 179, Junio 2010

Jed Johnson

Departamento en la 5ta Avenida de Nueva York

Un rincón del living de la casa de Andy Warhol

Amigo de Andy Warhol

Jed Johnson le decoró una de las tantas casas que tuvo. Aquí, vista de uno de los dormitorios.

Living de un departamento en Central Park West

 


Ya instalados en la Gran Manzana, Jed descubrió que su sueño era trabajar para Andy Warhol e hizo lo imposible por conseguirlo. Luego de varios intentos fallidos, logró entrar a su oficina con la excusa de tener que entregarle una carta y le rogó sin vergüenza que lo contratara “para lo que fuera”, como alguna vez contó. No está claro si su empuje o su insistencia hicieron que este artista lo aceptara y le diera el cargo de limpiador de pisos, cosa que a Jed no le importó porque sabía que estando ahí llegaría lejos.

No se demoró en demostrarle que él sería mucho más, que le gustaba lo manual, lo artístico y que servía para más que ordenar estantes. Fue así como pasó a ser su asistente y su asesor en la dirección de películas, más tarde se transformó en el decorador oficial de la empresa y luego incluso llegó a ambientarle su casa en Upper East Side y también a hacerse cargo de sus colecciones de arte.

Fue su brazo derecho por doce años, tiempo en el que se hizo amigo de sus amigos, armó contactos y comenzó su carrera de decorador, primero trabajando para conocidos y luego para otros clientes comunes y corrientes.

Más tarde conoció al arquitecto Alan Wanzenberg, con quien se asoció y creó una oficina de interiorismo que, entre otras cosas, diseñó las oficinas de la revista Interview.

Su éxito no fue inventar un estilo nuevo o una moda especial, sino ser un genio del mix & match. No era tradicionalista ni tampoco modernista, más bien le gustaba la mezcla y las combinaciones originales.

Instalaba en el mismo espacio un mueble antiguo del siglo XIX con un cuadro abstracto y lograba que se vieran perfectos. No le importaba si los sofás eran franceses o los objetos hechos a mano, sólo que fueran buenos y que se complementaran. Por eso mismo, siempre andaba investigando nuevos materiales, texturas y revestimientos que le ayudaran a que su trabajo se viera fresco, renovado y cero “arqueológico”, como decía.

Con un ojo privilegiado y bien agudo, trabajaba sus decoraciones tal como el director de una película. Sabía usar los recursos que tenía a la mano y lograba que sus espacios estuvieran llenos de detalles, pero que no molestaran y que dieran la sensación de simpleza. Se atrevía a poner muebles de Emile-Jacques Ruhlmann y Jean-Michel Frank junto a pinturas de Picasso, Fernand Léger, Joan Miró y Paul Klee y a revestir los muros en madera satinada de la India, por nombrar algunos ejemplos. Se consideraba un fanático de los objetos de decoración, pero su secreto estaba –decía él mismo– en que no se desvivía por ellos, sabía usarlos de la manera justa, sin depender en un cien por ciento.

Y, cuando todo el mundo creyó que estaba en su mejor momento, en 1996 murió en un trágico accidente de avión que explotó en las costas de Long Island en Nueva York. Tenía sólo 47 años y toda una carrera por delante. Hoy su nombre sigue vigente gracias a varios libros que se han publicado con sus mejores creaciones y también a que su hermano mellizo ha mantenido abierta la oficina de proyectos Jed Johnson Associates, respetando al máximo su sello y tratando de seguir su estilo en cada nuevo encargo que le llega.

 



 

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