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Pintor 100%
POR MARIA JESUS CARVALLO // FOTOS GERMAN TAGLE
Es capaz de no comer ni dormir con tal de terminar sus cuadros a tiempo, aunque siempre queda en deuda, porque son tantas las exposiciones que tiene que no para jamás. Radicado en Nueva York hace varios años, Germán Tagle es considerado uno de los grandes talentos jóvenes de la Gran Manzana y ahora acaba de aterrizar en Santiago para presentar su octava muestra individual.
Podría pasar por cantante de rock o por un actor famoso. Es ondero, buenmozo, se maneja bien y se le nota. En su barrio –en Brooklyn– todos lo conocen y cada vez que pone un pie fuera de su loft-taller la gente no para de saludarlo. Nadie diría que es chileno, porque habla inglés perfecto y pareciera como si hubiese vivido en esa ciudad toda la vida.
Germán Tagle tiene 33 años y siente que está mejor que nunca, que ha hecho todo lo que ha querido y más. Es pintor cien por ciento, de esos que nacen y no que se hacen, porque como él mismo dice no necesitó de muchos estudios para sacar a la luz su talento. Autodidacta, tuvo algunas clases de Arquitectura, un diplomado en Artes Visuales y un par de nociones teóricas, pero lo suyo es lo instintivo, una pasión que le nace bien adentro y que con mucha fuerza representa en sus cuadros.
Ha pasado más de la mitad de su carrera afuera, un día se dio cuenta que en Chile no iba a llegar muy lejos y se fue a Buenos Aires. Luego vino Nueva York, un paso casi lógico en la carrera de cualquier artista. Pero la diferencia está, aclara, en que él no viajó por moda o porque “había que hacerlo”, sino porque su cuerpo se lo pedía. “No llegué a esta ciudad porque era la capital del mundo del arte, sino porque me interesaba seguir creciendo y sentí que ahí podía hacerlo. Mi arte me llevó, no fui yo y creo que me voy a quedar ahí hasta cuando lo necesite”.
Es extremo. No le importa no comer, no dormir y no descansar el fin de semana con tal de terminar alguna de sus obras. El galerista Juan Pablo Moro lo conoce, estuvo con él en Nueva York y vio su trabajo in situ. Dice que es de esos artistas que no va a aburrir nunca, porque siempre está creando algo nuevo, que rompe con todos los esquemas.
Su loft-taller está repleto de sus obras. Todas distintas, algunas enormes y llenas de colores fuertes, otras más chicas y con harto blanco. Telas importadas, libros antiguos y mucha, mucha voz propia que se hace sentir hasta en la más sencilla de sus creaciones. No para, siempre está con varias muestras paralelas, casi como un caballo desbocado, como confiesa. Hasta ahora le ha ido bien, ha conseguido hacerse conocido –incluso gente del MoMA ubica su trabajo y estuvo en la última Bienal S-Files del Museo del Barrio, única en Estados Unidos dedicada a los artistas latinos–, pero siente que es tiempo de parar un poco, bajar el ritmo y elegir bien, porque ya sabe que no puede estar en todas. “Descubrí que quiero aprovechar las puertas que se me han abierto. Por eso no quiero seguir como perro loco ladrándole a todo lo que vea. Tengo que enfocarme en lo que realmente me interesa, en lo grande y a eso darle”.
Decidió que era tiempo de reencontrarse con sus raíces, con ese Chile que un día quiso dejar atrás, un poco oculto a la fuerza, para enfocarse en su nueva vida en la Gran Manzana. “No quería estar tan desconectado, por eso decidí hacer una muestra en Santiago, ver qué pasa y luego seguir adelante en Estados Unidos”.
Este mes dará a conocer sus últimas creaciones, una exposición individual donde se podrán ver sus logros y su ojo artístico. Se trata de Paraíso artificial, una muestra que preparó especialmente para la ocasión, con una técnica que viene implementando hace algún tiempo: pinturas hechas a partir de telas con estampados pastoriles Toile de Jouy, así como algunas con hojas de libros intervenidos.
Exigente y perfeccionista como él solo, el lugar a exponer no era menor. Quería algo distinto, que se desvinculara del circuito típico de Alonso de Córdova y que estuviera más conectado con lo no tan comercial. Y eligió la renovada Galería Moro, que justo por estos días se acaba de cambiar de casa y pretende abrir sus puertas el mismo día de la inauguración. “Creo que haber elegido a Germán para dar inicio a este nuevo proyecto es un acierto, porque su manera de hacer arte y sus obras en si, van muy de acuerdo con lo que nosotros pretendemos con la galería”, dice Juan Pablo Moro, dueño de la galería que lleva su apellido.
La presentación será el 16 de este mes y estará abierta durante todo mayo. Ahí se podrán conocer en vivo y en directo sus trabajos, los que tras gruesas capas de geles y acrílicos exploran lo híbrido y las tensiones sobre opuestos: como fondo/ superficie, cultura oriental/ occidental, así como contenido/ forma. Captura realidades paralelas que habitan en un mismo lugar, crea atmósferas en la que distintos elementos coexisten, juegan, se transforman, formando un diálogo entre polos.
Galería Moro, José Victorino Lastarria 305, Santiago. www.galeriamoro.cl
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