Startist
POR MARIA JESUS CARVALLO // RETRATO VICENTE GARCIA MEKIS // FOTOS JORGE BRANDTMAYER E IGNACIO ACOSTA
El DueloEs el nombre de la instalación que Josefina Guilisasti presentó en la galerIa Saatchi en Londres. La dimensión total de la obra es de 1200 x 400 cm.   Smiling Desperately IDe Magdalena Atria, 2004. Gran bola creada con miles de mondadientes unidos con arcilla.
  Inauguración Tectonic Shift Se hizo en una de las salas de la galerIa Phillips de Pury. Al fondo, Map, obra de Catalina Bauer creada a partir de más de mil bolsas plásticas con agua.   Tectonic Shift Contemporary Art from Chile Conformada por 12 artistas chilenos, la exposición se dividió en dos centros de exhibición londinenses: Saatchi y la galerIa Phillips de Pury.
  En LondresJosefina Guilisasti y MarIa Gracia Donoso   Chilenos en Londres Jill Cápobianco y Richard Hamilton, director de los patronos de la galerIa Tate, comentando la obra de Alvaro Oyarzún.   StartistMalu Stewart presentó Blue Pond. Creada con limpiapipas sobre madera, esta obra fue exhibida en enero de 2010 en el Museo de Bellas Artes de Chile.   En LondresLa curadora Cecilia Brunson, la cantante Courtney Love, Graham Steel, director de la galerIa White Cube y Juan Yarur.   En LondresCristóbal Piñera y Sofía Marín junto a los embajadores del Reino Unido, Tomás Miller y Claudia Bobadilla.   StartistEl 2007, Josefina presentO la exhibiciOn Bodegones en la Sala de Arte Gasco. Una puesta en escena creada a partir de 123 pinturas sobre 33 pAjaros de porcelana.  
|
Su trabajo se conoce desde China a Europa y su nombre se ha catapultado a las grandes ligas del arte contemporáneo. Josefina Guilisasti hace pinturas, naturalezas muertas de porcelanas y objetos que juegan entre la realidad y la ficción. Con más de 10 años de trayectoria, acaba de presentar una instalación de 180 telas en la galería Saatchi en Londres, como parte de una muestra colectiva de la colección de Juan Yarur y curada por Cecilia Brunson.
"Esta mujer será una de las grandes estrellas del arte latinoamericano”. Así de claro y tajante, Simon de Pury, el director de la reconocida galería londinense Phillips de Pury & Company augura el prometedor futuro de la chilena Josefina Guilisasti.
Con más de una década de trayectoria, esta artista visual ha sabido sellar a fuego su carrera y su nombre en el arte contemporáneo internacional. Exposiciones en varios continentes –países que van desde Brasil, Alemania, Inglaterra y hasta China, además de Chile–, casi diez muestras individuales –y eso que se demora cerca de dos años en preparar cada una– e infinitas exhibiciones colectivas, residencias internacionales, la representación de reconocidos curadores y que algunas de sus obras sean parte de las colecciones permanentes de importantes museos, demuestran con creces que su carrera brilla y mucho.
Pero Josefina, en su ser más profundo, no se cree nada del otro mundo. No le gustan los flashes ni la publicidad. Muy por el contrario, es de esas personas cautelosas, medidas y ultra rigurosas, que prefieren enfocar su talento en el trabajo duro y encerrarse en su taller a pintar metódicamente por un tiempo largo antes de sacar a la luz cualquier resultado. Desde sus inicios ha sabido gestar su carrera con proyección internacional, pero lo ha hecho sin hacer ruido y muy paso a paso. Por lo mismo, hay muchos que la conocen y que la aplauden con cada proyecto que presenta, pero también hay otros que no saben quién es ni qué hace.
Tal como cuenta, no siempre supo que dedicaría su futuro al arte, porque no nació con un pincel en la mano. No era de esas lumbreras que de chica pasaba dibujando el día entero y que en vez de entretenerse con los típicos juguetes prefería sólo crear. “En el colegio en el ramo que mejor me iba era en Artes Plásticas, pero nada más. Yo aprendí a pintar de grande, en la universidad, y me costó mucho. Me lo propuse como mi gran objetivo y al final me resultó”. A la hora de las decisiones profesionales se dejó llevar por su instinto, por la estética que la rodeaba y también por dos grandes inspiraciones –su hermana Isabel, que años antes había estudiado Diseño y Arte, y su abuela, una mujer muy sensible a los colores y gran jardinera– y postuló a Licenciatura en Arte en la Universidad de Chile. “Estoy muy agradecida de la experiencia que viví y de haber saltado de la burbuja del colegio privado a un mundo con otros puntos de vistas y maneras de pensar. Tuve acceso a información que antes no conocía y me tocó relacionarme con personas muy cultas, que venían de ambientes muy contenidos y potentes”.
Compañera de Bernardo Oyarzún y Josefina Fontecilla, a la Jo –como sus más cercanos le dicen– no le bastó este título y quiso seguir estudiando. Durante un año fue alumna en el Teatro alla Scala en Milán, donde aprendió todo sobre pintura escenográfica, puntos de vista y trompe l'oeil, luego volvió a Chile, tomó cursos con Eugenio Dittborn y durante diez años participó en talleres literarios con Natalia Roa, los que han sido un gran aporte para su obra hasta hoy. “Cuando se es artista visual hay que tener erudición, alimentarse de muchos medios distintos. En Chile estamos acostumbrados a especializarnos quizás demasiado en nuestro trabajo. En Europa es diferente, es una mezcla de muchas disciplinas estudiadas anteriormente e implica una visión más amplia del mundo, mayor cultura visual e intelectual. A través de cada taller que he hecho siento que mi arte se ha enriquecido. He buscado a las personas correctas en los momentos correctos y gracias a ello, he logrado desarrollar mis obras y construir un discurso en torno a ellas”.
Lo suyo es la pintura clásica, naturalezas muertas trazadas con óleos sobre linos. Tal como cuenta, en un primer comienzo partió retratando jarros y elementos de aluminio, luego siguió con lozas y desde hace un tiempo se metió de lleno en las porcelanas. Su trabajo va mucho más allá de traspasar a la tela una taza o un plato antiguo. Primero estudia, analiza y se instruye al máximo sobre el objeto a trabajar para luego poder representarlo. Cuenta que necesita saber su historia, su evolución tanto social como política en los distintos países, sus usos a través del tiempo y mucho más, para poder entender su esencia y luego sentarse a pintar. A través de los años ha mejorado la técnica, se ha preocupado de hacerla lo más realista posible, llegando a generar una confusión entre realidad y ficción. Usando la herramienta del punto de vista, ha jugado con las dimensiones logrando darles una cuota de tridimensionalidad. Otro punto importante es la puesta en escena. Josefina se encarga que sus montajes sean una obra de arte más, armando verdaderas instalaciones con sus pinturas. Jamás las cuelga sobre un muro clásico, siempre incluye otros elementos de soporte, como mesas, nichos y repisas, imprimiéndoles un lenguaje más contemporáneo al genero de la Naturaleza Muerta y exigiéndole al espectador que interactúe con ellas.
Su primera exposición individual fue en 1996 en la entonces galería Arte Actual de Patricia Ready, pero no fue hasta el 98 con la muestra El jarro sobre la mesa que entró de lleno en el género de la naturaleza muerta. Desde ese minuto le bastaron sólo tres años más para que su carrera diera un giro potente y alcanzara una muestra internacional. Gracias a La Vigilia, exhibición que presentó en el Museo de Arte Contemporáneo, la invitaron a representar a Chile en la Bienal del Mercosur en Brasil y luego siguió al Blanton Museum en Estados Unidos, muestra colectiva curada por Cecilia Brunson llamada Marking Time donde actualmente su obra La Vigilia es parte de la colección permanente. Fue la plataforma que necesitaba para tener mayor visibilidad dentro del circuito del arte contemporáneo.
Ambiciosa –lo reconoce abiertamente–, sabe muy bien qué quiere y qué espera de su profesión. Enfática, se apura en aclarar que no le interesan los mercados tan comerciales y que prefiere exponer en museos, instituciones y fundaciones “para que mi trabajo no pierda la densidad que tanto he buscado”. Y le ha resultado. La Fundación Patricia Phelps de Cisneros –por medio del curador Gabriel Perez-Barreiro– le compró la muestra Fragmentos II para su sede en Nueva York y la organización Artist Pension Trust hizo lo mismo con 63 de las 123 pinturas de Bodegones, exhibición presentada el 2007 en la Sala Gasco. Pero hace excepciones. El 2009 eligió a AFA para su representación en Chile, por su contenido y su apuesta curatorial enfocada en pocos artistas. “No me interesa entrar en el mercado rápido y liviano. De eso hay millones. Mi postura tiene más peso, hay que poner cabeza para exponer en el lugar preciso y con los curadores correctos. Mis trabajos son de pintura-instalación de colección. No desarmo mis obras y no pretendo verlas reducidas a un espacio doméstico. Las vendo completas, sean 72, 123 ó 180 telas que al final son indivisibles porque juntas hacen una gran obra. Soy ambiciosa. Tengo muy claro lo que quiero proteger y que quiero mantenerme en un cierto nivel”.
El 2010 fue un año intenso, de logros, mucho aprendizaje y varios aciertos. Además de una muestra individual en la galería House of Propellers en Gran Bretaña curada por Cecilia Brunson, una residencia que se ganó gracias al programa Artist Pension Trust y que la hizo partir a Nueva York durante cuatro meses, en diciembre inauguró la muestra colectiva Tectonic Shift Contemporary Art from Chile en los espacios Charles Saatchi Gallery y Phillips de Pury en Londres. Curada por Cecilia Brunson y compuesta por obras de 12 artistas chilenos pertenecientes a una colección de Juan Yarur, tuvo la oportunidad de compartir escenario con Catalina Bauer, Cristóbal Leyht, Livia Marín, Malú Stewart, Gerardo Pulido, Tomás Rivas y otros. Ahí Josefina volvió a presentar El Duelo, muestra que el 2009 había sido exhibida en la Galería AFA junto a las creaciones de Alvaro Oyarzún. Son 180 pinturas de mediano y pequeño formato sobre tazas, teteras y platos de porcelana. “Trabajé con el juego de las sombras y los puntos de vista. Y también con la instalación de las pinturas en el espacio. Eso fue muy importante porque el espectador debía hacer un recorrido enorme para visualizar la totalidad de la puesta en escena”.
Junto a su monumental puesta en escena estaban otras creaciones, como unas enormes impresiones de figura humana de Cristóbal Lehyt, una gran columna formada con 80 kilos de elásticos y un mapamundi creado con más de mil bolsas plásticas con agua de Catalina Bauer, un montaje de dos mil rouges esculpidos a mano de Livia Marín y una bola gigante tejida con mondadientes de Magdalena Atria, entre otros. “Siento que esta muestra es un gran aporte. Es un gran trabajo curatorial realizado por Cecilia Brunson, que nos dio una enorme visibilidad en condiciones muy dignas al arte chileno contemporáneo, dando continuidad a muchos años de trabajo realizado por ella. Compuesta por muy buenos artistas y buenas obras. Las obras exhibidas no tienen un discurso político implícito, como en general pasa con el arte nacional que se exhibe en el extranjero”.
Organizada como es, ya tiene planeado su futuro a corto plazo. Su idea es exponer en forma individual en la galería AFA, seguir con Tectonic Shift de manera itinerante, postular a una residencia en Japón el 2012 y encerrarse en su taller todos los días y por un tiempo indefinido hasta conseguir nuevas piezas de arte.
www.josefinaguilisasti.cl
|