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ARTE Y DISEÑO


ED Nº 174, Enero / Febrero 2010

Willy Rizzo

POR MARIA JESUS CARVALLO // FOTOS WILLY RIZZO


1975

Buffet bar de tres puertas con terminaciones en acero y bronce.

Lo nuevo

Cómoda laqueada con terminaciones en acero y 10 cajones a la vista y uno secreto.

2008

Lámpara triangular de acero.  

1985

Mesa de comedor negra laqueada.

Mesa lateral

Laqueada en tres colores homenajeando a la bandera francesa, 1972.

Willy Rizzo

Junto a una de sus modelos en un desfile de alta costura en Milán, 1973.


Para el lente de su cámara han posado los personajes más glamorosos del planeta, desde las estupendas Audrey Hepburn o Marlene Dietrich hasta Salvador Dalí. Con ochenta y tantos años de vida, este mago de los flashes no sólo suma más de 200 portadas en su carrera, también ha diseñado preciosos muebles y hasta ha actuado en películas. Y todo, con sólo un click.

Fue el último en sacarle una foto a Marilyn Monroe justo dos semanas antes de su muerte, el primero en lograr fotografiar el departamento privado de un Papa en el Vaticano –retrató a Pío XII cuando fue elegido– y de los pocos que han trabajado con grandes personajes de la historia, como Coco Chanel, Le Corbusier, Audrey Hepburn, Sophia Loren, Marlene Dietrich, Christian Dior, Salvador Dalí y Brigitte Bardot.

Conocido por ser el star hunter de los 50 y 60, y el big lord de los años disco, Willy Rizzo se hizo famoso por sus originales retratos a reyes, modelos, actores y estrellas de Hollywood y Cannes, pero por sobre todo por transformar la imagen del fotógrafo común y corriente en la de un maestro del look, del estilo, de la fama y también de la fortuna.

Este hombre del ojo mágico nació en Nápoles a principios del siglo XX, en 1928, y su pasión por la fotografía empezó de chico, como a los 12 años, cuando medio en serio medio en broma jugaba a sacarles primeros planos a sus compañeros de colegio con una cámara Agfa Box que le había regalado su mamá. Más tarde, en 1944 se compró su primera Rolleiflex y después de un tiempo de ensayos y errores empezó a trabajar profesionalmente. Hizo portadas para revistas como Point de Vue, Image de Monde y con su Leica al hombro también cubrió noticias en vivo y en directo, como las tragedias de la guerra en Indochina, el golpe de Estado en Italia o la Línea Mareth en Túnez, encargándose siempre de buscar un ángulo distinto y más original, tratando de alejarse de las típicas imágenes de la prensa roja. Fueron tan buenos sus resultados, que de a poco empezó a hacerse un nombre entre los editores e incluso revistas como Life le comenzaron a comprar sus trabajos para graficar los reportajes.

Su talento y su gracia hicieron posible que la estupenda actriz Jayne Mansfield –famosa por sus esculturales medidas– se sacara la ropa para una toma y que Yves Saint Laurent y Pierre Cardin posaran juntos cuando todavía no eran muy amigos. Fue director de arte de Marie Claire, trabajó para Vogue y también ayudó a que la revista Paris Match se hiciera conocida mundialmente, gracias a sus más de 140 portadas, entre las que se cuenta la de Winston Churchill.

“Mi trabajo es un desafío perpetuo. Cuando se está con una celebridad, el talento debe demostrarse y dejarlo reflejado inmediatamente. Se debe encontrar una idea, un accesorio o lo que sea en forma rápida que ayudan a sacar la personalidad del retratado. Como los anteojos que usé con Salvador Dalí o la mesa giratoria de Marlene Dietrich. Tengo gran admiración por personas como Robert Doisneau o Henri Cartier-Bresson, pero ellos tienen la libertad de esperar horas o días hasta que llegue el minuto mágico de la inspiración. Con la moda y las estrellas es distinto. No es el mismo trabajo”.

Cuando creyó que ya había conseguido toda la fama del mundo y que no había nadie que le faltara por conocer de la crème de la crème del arte, el cine y la moda, su carrera dio una vuelta inesperada y se abrió un nuevo capítulo de su historia: el de diseñador de muebles. Como él mismo cuenta, era finales de los 60 y estaba acompañando a su señora –la estupenda modelo y actriz Elsa Martinelli– en una peluquería en Roma. Fue ahí cuando mirando la ciudad decidió que sería bueno instalarse en esos barrios por un par de temporadas. Sin perder ni un minuto partió a buscar departamento hasta que casi por obra de magia encontró uno. Exigente como él solo, dijo que antes de llenarlo de muebles que no le gustaran o de creaciones escandinavas que estaban tan de moda, prefería hacerlos él mismo. Sus amigos quedaron fascinados con sus obras, al igual que sus mil contactos de la dolce vita europea, tanto que le empezaron a encargar sus diseños. Con el tiempo abrió tiendas en distintas partes del mundo y durante la siguiente década produjo a mano una cantidad enorme de accesorios, como lámparas, mesas, arrimos y más, todos de estilo neoclásico y fabricados con materiales nobles que le hacían frente a la era de la producción en serie, al plástico y a los modelos sicodélicos. Seguidor de Leonardo Da Vinci, Rizzo dice que era fundamental que cada pieza fuera cómoda, adaptable, indestructible y que no pasara nunca de moda.

Pero en 1978 se dio cuenta que por más que le gustara el diseño, las cámaras eran lo suyo. Echaba de menos la vida bohemia y estilosa del fotógrafo, por lo que decidió cerrar la fábrica y vender su compañía. “Nunca busqué ser un hombre de negocios y me empecé a aburrir. Quería de vuelta mi vida como fotógrafo”. Fue así como en los 80 volvió a las revistas, a los estudios, a los flashes y al glamour. Entre sus mil anécdotas cuenta que una vez hizo enfurecer a su amigo Jack Nicholson cuando publicó unas fotos de él bañándose en una piscina para un feriado. Pero a los pocos días el actor lo estaba llamando para invitarlo para ser parte de su próxima película. Y Rizzo aceptó.

Hoy con más de ocho décadas en el cuerpo sigue trabajando, sacando fotos de vez en cuando –sobre todo a personajes como Bruce Willis o Gabriel García Márquez– y viviendo en París en un precioso departamento junto a su nueva mujer, Dominique, con la que tuvo tres hijos. Algunos de sus muebles se siguen fabricando en pequeñas series y también se han organizado un par de exposiciones en diferentes ciudades del mundo, como Nueva York –en la galería Mallet–, en Londres con Paul Smith y en Mónaco en la Opera Gallery. A finales de 2009 abrió un nuevo estudio, lo que significa que a este hombre todavía le quedan varias tiras de prueba por revelar. 



 
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Adoro trabajar en lo que me gusta y en familia; el pan con palta y sal; los erizos; el champagne y el vino rosé; la lluvia; las vacaciones eternas; febrero en el lago Ranco; reírme; bailar; la música muy fuerte; la libertad; la playa en el invierno; las ensaladas (aliñadas por mí); el limón; la mozzarella de búfalo (verdadera); el aceite de oliva; el aceto balsámico; la albahaca y el ají verde; los boj bien podados; los jardines que hacemos; la primavera; los brotes de los árboles; mi familia, OBVIO; andar en tren (no ando hace 10 años); el olor a pasto; mi barrio; andar en bici con los niños; los libros de paisajismo; la risa de los niños; la vida.

 

 

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