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Columnas de Opinión


ED Nº 195, Julio 2011
POR TOMAS ERRAZURIZ





El paso del tiempo

 
¿Cuándo fue la última vez que un desconocido le preguntó la hora? ¿Hace cuánto que no entra a una relojería? ¿Cuándo fue la última vez que usó un reloj de pulsera? Todas estas preguntas se me vinieron a la cabeza al llegar a lo que queda de la relojería Kowalski. Un antiguo local en Greenpoint, atendido por el mismo inmigrante polaco que hace más de 40 años le puso su nombre a lo que seguramente creyó era un negocio prometedor. Hoy, sólo atiende medio día desde un hacinado cubículo con ventanilla antibalas, mientras el resto del local ha cambiado al rubro de las lavanderías.

El Sr. Kowalski levanta la vista y nos mira unos segundos antes de abrir la ventanilla como quien espera pruebas, primero de que efectivamente estamos ahí; y segundo, de que hemos venido a verlo a él.

–Buenas tardes– saluda Sebastián, mientras le extiende una bolsa de género. Luego, sin introducción ni suavizante le comenta –compré estos relojes antiguos a cuerda y necesito que le saque el palito de la hora, el de los minutos y sólo deje el segundero.

Por como se desfiguró el rostro del Sr. Kowalski, se veía que otra vez las sinceras intenciones de Sebastián eran recibidas como una bofetada. Creyendo, seguramente, que éste era el encargo más descriteriado que había recibido en toda su carrera, al abrir la bolsa sus ojos saltaron de espanto confirmando el sabio dicho gringo: It can always get worse. Uno a uno fue sacando con infinito cuidado un Solar, un Zenith, dos Omega y para coronar un Patek Philippe, relojes que aunque no veía hace décadas, eran los que le daban sentido al trabajo de ser relojero.

En otro tiempo se habría negado rotundamente a cometer lo que, a su juicio, iba en contra de todos los principios del relojero y sin dudarlo habría tratado a Sebastián de insensato o hasta de imbécil. No obstante, la masificación del celular y el liderazgo del mercado de relojes chinos desechables lo obligaban ahora a tragarse sus palabras con tal de conseguir el dinero necesario para pagar el arriendo del local.

Mientras el Sr. Kowalski se perdía en la desgracia de lo que nunca esperó hacer, Sebastián me comentaba una vez más, con ese entusiasmo y seguridad que lo distingue, el sentido de esta nueva acción.

–Mira– me dice requiriendo toda mi atención –con una operación tan sencilla como eliminar el minutero y el horario estoy llamando la atención sobre la urgencia e inmediatez del paso del tiempo. El reloj ya no dice cúal es la hora, sino que nos recuerda el valor del tiempo y su paso implacable– hace una pausa y usando ahora ese tono pausado de revelación divina de sermón de misa continúa –es una obra que nos invita… a recuperar la conciencia… sobre cada instante de nuestras vidas–.

–Esa es UNA posible interpretación– le comento rápido, dispuesto a desarmar sus palabras y aumentar la complejidad de esta nueva pieza de arte. –Desde mi punto de vista, estás haciendo todo lo contrario. Sacar horario y minutero, implica eliminar las referencias que le dan sentido al segundero. En vez de aumentar nuestra conciencia del tiempo y “su paso implacable”– le digo riéndome de sus palabras –estas deconstruyendo su estructura lineal y progresiva, poniendo en evidencia que es otro invento moderno. El segundero dando vueltas y vueltas eternamente– y termino con el mismo tono parroquial –es una invitación… a volver al tiempo cíclico de nuestros antepasados–.

Antes de que Sebastián responda y nos embarquemos en lo que promete ser otra de nuestras acaloradas discusiones, el Sr. Kowalski –quien por su cara de desconcierto he llegado a creer que comprende español– da a entender con un gesto fúnebre que los hechos están consumados y entrega a Sebastián ceremoniosamente una diminuta bolsa Ziploc que contiene las manecillas extirpadas.
–Para cuando las necesiten colocar de vuelta en su lugar– nos dice, con la ilusión de restaurar el orden natural de las cosas y dejando muy en claro cuál es su interpretación de lo que acaba de ocurrir.


SEBASTIAN ERRAZURIZ es un destacado artista y diseñador chileno considerado una de las nuevas promesas del diseño mundial. TOMAS ERRAZURIZ es historiador y doctor en Arquitectura y estudios urbanos. Desarrolla investigaciones y artículos para diferentes medios y a su vez trabaja como asesor de Sebastián. Ambos hermanos viven y trabajan juntos en Nueva York.

 
 

 

 

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