En memoria de Sebastián
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¿Qué tienen en común el legendario actor de El Zorro, el campeón de larga distancia Ryan Shay, la actriz Katharine Hepburn y John Lennon? Lo primero, que están todos muertos. Lo segundo, que cada uno posee una banca con una placa conmemorativa en Central Park. Sus familiares o admiradores participaron del programa “Adopt-A-Bench” para comprar una de las 9.000 bancas repartidas en el gigante verde de Manhattan.
Mediante la módica donación de 3,5 o 11,5 millones de pesos (en el caso de las bancas rústicas hechas a mano), cualquier persona puede inscribir en una banca el nombre y alguna frase evocando a su difunto. Además de preservar la memoria del finado, el donante –o mejor dicho el cliente–, goza del derecho tácito de hacer uso exclusivo sobre la banca cada vez que visita el parque.
–¡Dale ahora!– le grito a mi hermano desde mi posición estratégica de vigía. Mientras sigo con atención los movimientos errantes de un grupo de colegiales, descubro de improviso a dos policías que se acercan por detrás del tumulto hacia nosotros con tranco rápido. –¡Viene alguien!– alcanzo a decir sin que me escuchen, al tiempo que hago toda clase de gestos desesperados para que Sebastián me vea.
–Buenos días– exclamó uno de los policías sin detener el paso. Hablaba con esa amabilidad enérgica e inquisidora que más bien lo que parecía decir era “¡no estás solo jovencito, así que cuidado con hacer una estupidez!”.
Mi hermano, que en cosa de segundos adoptó la posición de pacífico lector de plaza, respondió desde la banca con su mejor cara de sorpresa, –Buenos días señor–. Y con un descaro que sólo puede traerle dividendos en el mundo del arte, tan pronto los policías le dieron la espalda, tomó otra vez el desatornillador para terminar lo que había comenzado.
Le quedaba por atornillar a la banca la última de las veinte placas conmemorativas que había mandado hacer por un asequible costo en el corazón del barrio chino. En ésta se leía la inscripción: “In loving memory of Sebastian Errazuriz. Who continues to live, for the time being”. Este ejercicio funerario de apropiación de mobiliario urbano tenía por finalidad doblarle la mano a una ciudad ingrata, que lo ofrece todo, pero que al final del día no reconoce a nadie. Sin importar donde hubiese expuesto, ni a quien le hubiese ganado, si Sebastián moría hoy, pasaría a engrosar la infinita lista de artistas que se han hecho un lugar en Nueva York. Ahora tendría veinte bancas que le pertenecían repartidas por la ciudad. Esto siempre y cuando el encargado de asignar las bancas no descubriese el complot de apropiación.
Con el plan de registrar esta intervención volví a la banca más fotogénica, ubicada a los pies de una colina mirando una laguna. Para mi desgracia, por tres días consecutivos encontré dormitando sobre la banca a un hombre rodeado de bolsas que parecía nacido en el parque. No dispuesto a cruzar Manhattan por cuarta vez, me armé de valor.
–Señor…– le digo despacio evitando malhumorarlo. Su cabeza se mueve ligeramente en ambas direcciones como si tratara de deshacerse de una mosca. Busco mi tono más amable y sin saber si me escucha le pregunto:
–¿Le pido un gran favor?–. Ahora sí que me mira no muy contento, pero ya no hay vuelta atrás. Sin perder la calma y apelando al recurso desesperado, apunto mostrándole la placa aún reluciente y le hablo dolido, apelando a su compasión –¿Podría dejarme un rato solo en la banca de mi difunto hermano?–.
CRASO ERROR. Absolutamente indiferente a mi causa y ahora abiertamente alterado, el hombre del parque hace ademán de abalanzarse sobre mí, mientras con palabras intranscribibles me da a entender que la banca le pertenece, que mi hermano muerto no puede preocuparle menos y que si no quiero tener problemas mejor me desaparezca.
Supongo que pecamos de ingenuos al creer que unas simples placas de bronce lograrían trascender su función conmemorativa y tomar posesión sobre una ciudad que tiene más de selva que de ciudad.
SEBASTIAN ERRAZURIZ es un destacado artista y diseñador chileno considerado una de las nuevas promesas del diseño mundial. TOMAS ERRAZURIZ es historiador y doctor en Arquitectura y estudios urbanos. Desarrolla investigaciones y artículos para diferentes medios y a su vez trabaja como asesor de Sebastián. Ambos hermanos viven y trabajan juntos en Nueva York.
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