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Columnas de Opinión


ED Nº 194, Junio 2011
POR TOMAS ERRAZURIZ





Pájaros en la cabeza

 
¿Más vale pájaro en mano que cien volando? Personalmente prefiero los pájaros volando, y por favor, a lo lejos. Por más bonitos que se vean, al igual que los peces, no son animales que sienta deseos de acariciar o tomar.

–Se me había olvidado que le tenías fobia a los pájaros–, me dice Sebastián riéndose, tras adivinar el contenido de un paquete traído directamente de Yinchuan, China. Luego de abrir la última capa de una cantidad exagerada de envoltorios, sumerge la mano cuidadosamente en un pozo de plumavit de relleno y saca un mal alimentado, desarreglado y desteñido canario disecado.

–¿Muy aporreado?–, me pregunta y extiende la mano intencionalmente hasta que el bicho queda a pocos centímetros de mi nariz. Con un salto me contraigo automáticamente temiendo por mi integridad física, pero no logro zafarme de su olor penetrante y ácido.
–¡Ahhhrrrr!–, exclamo en medio de un tiritón que me recorre todo el cuerpo–. Eso pasa cuando encargas animales disecados por correo–.

El mal nacido canario era el último de una serie de 30 pájaros de todas las formas y colores que estas últimas semanas “volaron” desde las áreas más remotas del globo para darse encuentro en el estudio de Sebastián. Cambiaron la muerte y el olvido silvestre por un sitial en el inflado ambiente artístico neoyorquino. Su nuevo hogar: una elegante lámpara de lágrimas de cristal Swarovski, a la que prometían otorgar inquietante belleza.

¬–Lo vuelves a acercar y te olvidas de mi ayuda–, le advierto sin reírme y molesto. –Tú sabes que me dan asco y si acepté hacerme cargo de organizar y colocar los pájaros en la lámpara fue sólo para ver si me sirve de terapia–.
Protegido por guantes y mascarilla de cirujano, fui colocando los pájaros en hilera sobre una fría cubierta de vidrio. Como si se tratase de un casting o concurso de belleza, examiné uno a uno a los participantes de acuerdo a cuatro variables que garantizarían que aunque muertos serían dignos habitantes de la lámpara de cristal. Era necesario recobrar belleza, vitalidad, integridad y carácter.

Luego de un difícil y competitivo proceso de selección, sólo 14 participantes avanzaron a la siguiente etapa: The Extreme Makeover. Aseado, peinado, pintura de patas y brillo en los ojos, tenían por finalidad inmortalizarlos y convertirlos ahora en exclusivos objetos de deseo. Al que se escandalice con estos procedimientos basta recordarle que las plumas sobre las que recuesta la cabeza todas las noches alguna vez no fueron tan blancas y limpias.

Comencé por organizar a los pájaros sobre la lámpara por tamaños y colores, pero el resultado estaba lejos de lo esperado. El taxidermista claramente no había imaginado a los pájaros sobre una lámpara de cristal cuando fijó sus posiciones. Los cuerpecillos erguidos no siempre calzaban con las curvas y lágrimas colgantes, y las garras aplanadas como las manecillas de un reloj no habían sido pensadas para agarrarse a una estructura tubular.

Lo que siguió esa tarde quiero olvidarlo…

Mientras Sebastián escuchaba el movimiento coral de la Novena de Beethoven (el mismo que suena en La Naranja Mecánica), ya sin guantes ni máscara, yo figuraba pegando las patas de los pájaros a la lámpara con el súper pegamento de vitrofusión E-6000, para mi gusto igual que la Gotita, pero varias veces más caro. Cuando las garras quedaban abiertas debía quebrárselas con los dedos. Una por una iban sonando como ramas que se rompen, hasta que el pájaro “naturalmente” se agarrara a la estructura. Una vez anclados, como tomándolos con una llave de mano debía reacomodar sus pequeños cuerpos rellenos para que adquirieran esa posición agraciada y espontánea del pájaro que se ha apropiado de una lámpara de lágrimas.

Colgados unos días más tarde en el opening de la exposición de Sebastián en una galería en SoHo, los pájaros lucían impecables mientras reflejaban sus insolentes colores en los cristales Swarovski. A sólo un metro más abajo, como una revelación de los alcances insospechados de la pieza de arte, dominaba el cuchicheo incansable de las señoras de la high society de NY, con sus pies constreñidos en sus tacos de aguja, sus pieles planchadas, emperifolladas en sus joyas y plumajes para presentarse en sociedad.


SEBASTIAN ERRAZURIZ es un destacado artista y diseñador chileno considerado una de las nuevas promesas del diseño mundial. TOMAS ERRAZURIZ es historiador y doctor en Arquitectura y estudios urbanos. Desarrolla investigaciones y artículos para diferentes medios y a su vez trabaja como asesor de Sebastián. Ambos hermanos viven y trabajan juntos en Nueva York.

 
 

 

 

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