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Por cada acto, una consecuencia
Philip Roth, “Nemesis”
Houghton Mifflin Harcourt, New York, 2010, 280 págs.
(traducción al castellano pronta a publicarse por Mondadori).
Javier Edwards, desde Nueva York
En la tradición de William Defoe (Journal of The Plague Year) y Albert Camus (La Peste), Philip Roth, uno de los escritores norteamericanos más reconocidos del momento, nombre invocado en cada víspera de la entrega del Nobel de Literatura, presenta su última novela, Nemesis, texto breve e intenso que, junto con sus anteriores Everyman (2006), Indignation (2008) y The Humbling (2009) exploran el mismo sentimiento: indignación, envidia, revancha, venganza, como formas habituales de comportamiento humano frente a lo que no entiende, lo que le produce miedo o le resulta desconocido. Comportamiento irracional e inevitable, tan difícil de explicar o justificar como de erradicar, esta nemesis griega o indignatio, en su traducción latina, se vuelve metáfora y explicación a través de una historia que se desarrolla en Newark, New Jersey, durante la plaga de polio que afectó los Estados Unidos el año 1944.
Como es habitual en las obras de Roth, el texto descubre un tema de forma magistral y lo indaga, lo escudriña con la precisión de un cirujano que hace gala de su buen uso del bisturí, cortando minuciosamente hasta llegar a lo más recóndito. Philip Roth nos lleva a entender no sólo el significado de los personajes en la concreta situación que los afecta en ese específico país, pueblo y año, sino también, el de tantas otras formas de reacción indignada frente a los miedos que nos acechan desde los silenciosos mecanismos: de un virus o bacteria que se despliega sin control; la diferencia de una raza, una cultura, una creencia o un comportamiento que no entendemos; o el ejercicio por otros de una libertad que seduce pero amenaza la seguridad de la propia guarida.
La historia de Eugene “Bucky” Cantor, a sus 23 años enfrentado a la plaga y a sus propias limitaciones, es el relato de alguien privilegiado, una persona que no hace daño y no es culpado de nada, pero a quien sin embargo, el destino, la vida, el absurdo acontecer de los hechos, lo ponen en una situación incomprensible que desata su indignación, la ira. Cantor era feliz y saludable, tenía un trabajo que le gustaba, una novia a la que quería, se había logrado excepcionar del servicio militar (en los años de la Segunda Guerra Mundial), éstas eran las circunstancias que definían la vida del personaje cuando se produce el brote de polio en toda su violencia. El no se amedrenta y con la fuerza que le da la seguridad de su condición excepcional, enfrenta la peste dedicándose a luchar contra ella, trabajando con los niños, intentando crear un ambiente de normalidad que no es tal, hasta que algo, un hecho que no se alcanza a explicitar, lo hace cambiar de actitud. Y en este cambio, pero también en su comportamiento anterior, Roth deja sembrada la pregunta por el tipo de elecciones que fatalmente dan forma a la vida de un ser humano o una sociedad.
Sin estar a la altura de sus textos más importantes, con oficio y astucia, Roth maneja el suspenso de esta historia llevando al lector hasta un punto de quiebre implacable, que no admite subterfugios y que muestra la cadena de hechos que presenta como el resultado de una sorda maquinación del destino, la articulación del tipo de condiciones que llevan a un sujeto o a una colectividad a realizar el tipo de actos que, en un momento parecen nimios y, vistos en retrospectiva, se descubren como un error fatal.
Habrá quien sostenga que Nemesis no pone a prueba la cuerda creativa del propio Roth, sin embargo, es indiscutible que confirma su incisiva mirada sobre la condición humana y que representa uno de esos textos que obligan al lector a pensar de qué modo, en qué momentos, su propia vida y la de los que lo rodean han sido víctimas de esta indignatio y de la mano de ella han adoptado decisiones que cambiaron para siempre la suerte –buena o mala– de sus destinos.
*Abogado y crítico literario, desde los años 80’ ha colaborado en los diarios La Epoca y El Mercurio (Chile), El Observador (Barcelona) y las Revistas Reseña (Chile) y Quimera (España). Actualmente también dirige la página web Ojo Literario.
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