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Mundos paralelos
"Dejar hacer", Germán Marín
Alafaguara, Santiago, Septiembre 2010, 148 págs.
Germán Marín es uno de los escritores chilenos que vale la pena leer y conocer. Tiene una obra extensa, ambiciosa y consistente, en la que ha retratado –indagando el significado– la historia política y social de nuestro país. Lo ha hecho a través de textos rigurosos y, a veces, implacables. Sin concesiones, sin pretensión alguna de complacer más que las exigencias de su propia escritura y de los relatos que ha abordado en libros como su magnífica trilogía Historia de una Absolución Familiar, compuesta por las novelas Círculo Vicioso, Las Cien Aguilas y La Ola Muerta, o El Palacio de la Risa e Idola, Marín demuestra saber lo que está haciendo y que mira el Chile que escribe con una visión particular, propia, polémica y honesta. Este escritor, cuyo nombre suele barajarse como alternativa más que válida para el Premio Nacional de Literatura, ha ido acumulando una obra de importancia que debe leerse, una de las que deben ampliar el limitado número de autores chilenos que habitualmente se conocen en nuestro país.
Su nueva novela, Dejar hacer, se titula a partir de la célebre frase del economista francés del siglo XVIII, Vicent de Gournay, cercano a los liberales fisiócratas y que dice: laissez faire, laissez passer (dejar hacer y dejar pasar). La frase, que inaugura el libro como epígrafe, y el título, no son sino, en manos de Germán Marín y de la historia de su personaje principal, la Betty Catrileo, una profunda crítica, respecto de esa esquizofrénica configuración de la sociedad que ha generado el liberalismo económico, a lo largo de los siglos y a través de sus distintas reformulaciones. Dejar hacer, es una nouvelle, un texto breve y menor en el conjunto de la obra de Marín, sin embargo, capaz de mostrar, precisamente desde esa suerte de minimalismo de propósito, la eficiencia de su escritura y la agudeza de su mirada.
Betty Catrileo es un pesonaje que vimos brevemente en su anterior La Ola Muerta. Ahora viene saliendo del Penal Nº 2 de Puente Alto, es una mapuche de veintitantos años, joven, con el futuro por delante y con las posibilidades en su límite ínfimo. Ahí está la intención de rehabilitarse, de encontrar una posibilidad, un lugar desde donde armar una vida: en el mundo del dejar hacer, del dejar pasar. El viaje que realiza desde su humilde origen mapuche, desde el barrio Matucana a El Golf; las vicisitudes que van ocurriendo en su vida de ficción, parecida, tan parecida a la vida real que por momentos resulta inverosímil; los cambios de fortuna material que le dan una aparente oportunidad y la falta real de libertad y movilidad social, todo ello junto y revuelto, contado mediante una prosa precisa, directa, sin melodrama alguno, conduce al lector a través de una triste historia que pone el énfasis de las posibilidades de cada individuo en las primeras circunstancias que definen su vida. No es la meta, sino el origen el que de verdad marca las posibilidades de las personas, es ese inicio el que configura una suerte de destino, la mayor parte de las veces, irreparable. Betty Catrileo es una sobreviviente, desde la cárcel a una casa en un barrio burgués, con su apellido y etnia a cuestas, con la culpa, el rechazo, las barreras inevitables, no puede hacer, ni puede pasar sino aquello que sus primeras condiciones han diseñando como límite para ella.
Con inteligencia, Marín nos entrega una historia triste, un personaje inevitablemente complejo, errado que, con una buena dosis de humor y objetiva humanidad –el ojo y la palabra del autor toman la distancia necesaria para evitar el panfleto o el culebrón– que permiten recorrer las estrecheces y limitaciones de las vidas de esos otros que se miran desde lejos, con desprecio y sin entender de verdad. Dejar hacer es la mirada sobre aquello que no ve la ceguera, los que han gozado de la facilidad desde un principio. Betty Catrileo, veinteañera, mapuche, pobre, pilla, sobreviviente se vuelve, entonces, un personaje entrañable, metáfora no sólo de la vida de los económicamente marginados, sino de esos otros que representan las distintas minorías a las que la, muchas veces, la insensible mayoría no les da la oportunidad de hacer y pasar.
*Abogado y crítico literario, desde los años 80’ ha colaborado en los diarios La Epoca y El Mercurio (Chile), El Observador (Barcelona) y las Revistas Reseña (Chile) y Quimera (España). Actualmente también dirige la página web Ojo Literario.
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