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Columnas de Opinión


ED Nº 195, Julio 2011
POR JAVIER EDWARDS, DESDE NUEVA YORK*


Relatos de la memoria
"Historias naturales"  

Primo Levi, Aleph, Barcelona, 2006, 221 págs.


Autor de primera línea, Primo Levi ha dejado una obra digna de atención, tanto en el campo de la ficción como en el de la memoria, el ensayo y la poesía. Injustamente desconocidos por la mayoría de los lectores chilenos, textos autobiográficos como Si esto es un hombre y La Tregua, Los hundidos y los salvados –con recuerdos y reflexiones en torno a  su estadía y liberación del campo de concentración de Auschwitz–, o relatos como los que recoge en El sistema periódico o en Historias Naturales, que ahora nos ocupa, nos dan un buen ejemplo del testimonio incisivo, original, ineludible que este escritor italiano de origen judío ha dejado sobre cierta fractura moral inexcusable en la esencia de lo humano.
En una de sus poesías, contenida en el libro A una hora incierta, Primo Levi escribe: “No te aflijas por los escombros/ ni por el hedor de las descargas: nosotros/ los hemos limpiado con nuestras manos desnudas/ en los años en que teníamos tus años./ Aguanta la carrera, haz tu mejor esfuerzo. Hemos/ peinado la cabellera de los cometas,/ descifrado los secretos de la genética,/ pisado la arena de la luna,/ construido Auschwitz y destruido Hiroshima./ Ves: no permanecemos inertes./ Resígnate, perplejo/ no nos llames maestros…”. Estupor, impotencia frente a una naturaleza contradictoria que no logra superar una incomprensible tendencia a la destrucción, a la capacidad de generar daño, lesionando el espacio de la vida. Hijo del Holocausto, Primo Levi supera la mirada sobre la propia experiencia y escribe formulando una metáfora inquietante, aún válida, de esta perversión esencial.
Y ello se refleja en los 15 relatos de Historias Naturales aunque, a diferencia de sus textos autobiográficos, con un especial énfasis en el humor, en la ironía, a través de historias originales, absurdas, articuladas como precisos artefactos listos para ser detonados en el alma del lector instalando una pregunta, una metáfora, una paradoja capaces de mostrar las torpes pretensiones del hombre moderno, siempre tratando de domesticar y someter la naturalidad de la vida.
Ciencia y tecnología son las trampas modernas que Primo Levi, el escritor, el licenciado en química, quiere desenmascarar, como a las vestiduras de una naturaleza racional que no está en verdadera armonía con lo auténticamente natural. Así, estos cuentos están llenos de personajes que buscan atrapar los recuerdos y la vida que pasa, que quieren convertir en una fórmula mecánica la inspiración poética, la manipulación genética, que justifican la experimentación como un modo de transformar la vida, la biología, convirtiendo la precisa máquina de la existencia en una imitación burda, tosca que termina por alterar violentamente las posibilidades auténticas del ser. Auschwitz e Hiroshima: dos construcciones, dos destrucciones.
Historias Naturales tiene algo borgeano, un poco de Cortázar, quizás por la influencia que estos autores tuvieron en Italo Calvino, escritor al que Levi admiró declaradamente, por su precisión y el amor a la palabra ficcional. Sus relatos tienen, entonces, la misma gracia que los de esos tres autores, al permitir una doble lectura con la excelencia de ser éticamente certeros, profundos, impecables y estéticamente redondos, bellamente contados, aun en la desnudez de una prosa limpia sin innecesarios alambicamientos. Sólo por estos atributos, este autor merece un lugar en la biblioteca que todos debieran tener.
Al saber de la muerte de Primo Levi, de quién se especula habría cometido suicidio después de una larga depresión, Ellie Wiesel, también sobreviviente del Holocausto, dijo: “Primo Levi murió en Auschwitz cuarenta años después”, lo que es una aguda observación frente a las consecuencias inevitables de una experiencia devastadora de horror y crueldad. Pero 24 años después de esa controvertida muerte, la lectura de los cuentos contenidos en Historias Naturales alimentan la esperanza de que en el medio del infierno existe lo que no es infierno y hay que encontrarlo y hacer que perdure.


*Abogado y crítico literario, desde los años 80’ ha colaborado en los diarios La Epoca y El Mercurio (Chile), El Observador (Barcelona) y las Revistas Reseña (Chile) y Quimera (España).  Actualmente también dirige la página web Ojo Literario.


 

 

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