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Columnas de Opinión


Viernes, 03 de Junio de 2011 00:00
POR JAVIER EDWARDS, DESDE NUEVA YORK*


Más allá de los géneros
“La Muerte de Montaigne”  

Jorge Edwards, Tusquets, Bs. Aires,Marzo 2011, 289 págs.


A estas alturas nadie puede discutir que Jorge Edwards es el decano de la narrativa chilena. El Premio Nacional de Literatura y el Cervantes son sólo parte de una larga serie de distinciones y reconocimientos locales e internacionales que confirman al escritor como autor de una obra vasta, diversa, de peso significativo y con un grado de sofisticación intelectual que no hay que pasar por alto. No soy un devoto sin reparo de los libros de Jorge Edwards –y lo he dicho antes– pero al César lo que es del César: hay una parte importante de su obra que claramente sobrevivirá el paso del tiempo y será referencia inevitable para entender al Chile del siglo XX en el futuro. Cuentos, crónicas, memoria, ensayos y novelas, también una prosa sólida y una cabeza bien amoblada hacen que leer a este narrador sea, de alguna manera, una tarea obligatoria para lectores y escritores.

Si entre mis textos preferidos están los cuentos, las memorias contenidas en Persona non grata y Adiós, Poeta…, las novelas El inútil de la familia y El sueño de la Historia, su más reciente texto, La muerte de Montaigne, se suma a esta lista de forma inmediata y rotunda. Es difícil compartir con los editores que este libro sea, necesariamente, una novela. En mi opinión es un texto híbrido en el que Jorge Edwards combina lo mejor de sus habilidades como escritor de ficción, biografías, memorias y ensayos produciendo un texto de primer nivel, lleno de vitalidad, conocimiento e ingenio. Y, la verdad, si un libro es bueno, la etiqueta del género se vuelve secundaria; como en este caso.

La Muerte de Montaigne nos presenta al autor de los famosos Ensayos, el pensador y escritor del Renacimiento francés, una de las voces más importantes de la cultura liberal y escéptica del siglo XVI europeo, Michel de Montaigne (1533-1592), cuando está en su medianía de edad, cuando la vida del pensador se cruza con la del ser de carne y hueso, en ese preciso momento en que la vida de los compromisos maritales se topa con la pasión y el encuentro con la joven Marie de Gournay. El señor de la Montaña, como lo llama Edwards, es evidentemente un personaje querido y conocido por el autor, se nota a cada paso en este relato en el que el viaje por la historia y las ideas del personaje se van mezclando, entreverando con el tiempo presente y las reflexiones de la persona del escritor. De alguna manera, como en Adiós, Poeta… o El inútil de la familia pasa con respecto a Neruda o Joaquín Edwards Bello, la memoria y las reflexiones de Jorge Edwards, las circunstancias del Chile del momento en que se escribe el texto, se conectan ahora, más lejos en el tiempo y la geografía, con la vida del filósofo francés. Recuerdo, historia, ficción, todo junto y revuelto dan lugar, finalmente, a un texto híbrido, pero literario por excelencia.

Aquello que nos apasiona logra extraer lo mejor de nosotros y, leyendo La Muerte de Montaigne, uno siente que algo así ha ocurrido con Jorge Edwards, su persona y la historia que nos cuenta.Este nuevo libro de Jorge Edwards, quizás más que ninguno de sus anteriores, se lee de cabo a rabo, de una vez, con una sensación de redondez que da gusto. Oficio narrativo y conocimiento reposado (no de primera mano, como robado a Google o a una enciclopedia a la mano), pensamiento propio, y una clara afinidad espiritual con Montaigne, permiten al escritor chileno armar un relato ilustrado y lustroso, en el que la Francia del siglo XVI se encuentra con el Chile de hoy (o el de la memoria del escritor) con una naturalidad a la que fácilmente y sin exageración se puede aplicar lo mismo que el autor dice de la escritura del francés al describirla como “una respiración pausada, natural, íntima, que por momentos se hace más intensa, más profunda… una escritura que se revisa, que se alimenta de sí misma, que se sorprende y explica su sorpresa”. Un libro que hay que leer.


*Abogado y crítico literario, desde los años 80’ ha colaborado en los diarios La Epoca y El Mercurio (Chile), El Observador (Barcelona) y las Revistas Reseña (Chile) y Quimera (España).  Actualmente también dirige la página web Ojo Literario.


 

 

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