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La vida, esa tela de araña
“Sunset Park”, Paul Auster
Anagrama, Barcelona, enero 2011, 225 págs.
Paul Auster, el escritor neoyorquino afincado en Brooklyn, casado con la escritora Siri Hustvedt, tiene el mérito de ser uno de esos narradores serios, que indagan a través del lenguaje, sus tramas y personajes, el sentido de la vida y que, haciéndolo con arte y eficiencia, no renuncia a escribir de un modo entretenido, sugerente, que jamás transa con la fórmula obvia del clásico best seller. Si de buscar similitudes se trata, es posible decir que Auster tiene su símil europeo en el italiano Antonio Tabucchi, el escritor de Sostiene Pereira. Sutiles ambos, explorando el límite de la condición humana y sus inevitables circunstancias, este tipo de escritores se adentran en los intersticios de una trama compleja, pegajosa, inexcusable volviéndola precisa, luminosa. El tiempo, los sentimientos, las inseguridades que articulan la identidad de personajes y personas, una mirada existencial renovada sobre la vida, son elementos distintivos de la narrativa de Auster, como también una prosa impecable que sabe gatillar –por igual– razones y emociones en el lector.
En Sunset Park, el autor estructura una novela sofisticada, con varias lecturas y líneas de acción que confluyen en el Estados Unidos posterior a la crisis financiera que terminó por estallar el año 2008 y aún sigue causando estragos, como una epidemia silenciosa, causada por un virus que nadie conoce con precisión y respecto del cual aún no se ha descubierto cura definitiva.
Miles Heller es el protagonista de esta novela, tiene 28 años. Casi una década antes abandonó sus estudios y su familia, compuesta por un padre y madre exitosos, seductores según el clásico modelo triunfalista de la sociedad norteamericana. Miles huyó de todo ello y se instaló en Florida, lugar donde la crisis ha golpeado fuerte y los bancos ejecutan a los deudores hipotecarios expulsándolos de sus casas. “Durante casi un año ya, viene tomando fotografías de casas abandonadas… y siempre que entra con sus huestes en otro domicilio, se enfrenta con las cosas, los innumerables objetos desechados por las familias que se han marchado”, así comienza esta novela sobre la precariedad en que vive el ser humano en un mundo gobernado por las reglas del mercado, pero no se queda en ello. El protagonista, por razones personales, debe volver a Nueva York, hay un tiempo que debe transcurrir para que su relación con una menor de 16 años sea viable. Y en ese retorno, con maestría, Auster nos cuenta de ese viaje al pasado que se materializa en el presente, el reencuentro con las memorias, los secretos, los conflictos, las esperanzas de la juventud y la realidad que las impacta y quiebra en mil pedazos, obligando a sobrevivir y reconstruir sueños y quimeras.
Auster ha escrito una novela en su mejor registro, no importa que el final sea débil, no es una novela construida para un remate sinfónico sino un texto para llevar al lector a un viaje sutil y profundo sobre lo que es importante en la vida, los que permanece y dura, en medio de los cataclismos inevitables de cada día. Como en una telaraña, estamos atrapados, esperando el momento definitivo, pero mientras hay vida, luchamos e intentamos construir utopías que justifiquen seguir viviendo.
*Abogado y crítico literario, desde los años 80’ ha colaborado en los diarios La Epoca y El Mercurio (Chile), El Observador (Barcelona) y las Revistas Reseña (Chile) y Quimera (España). Actualmente también dirige la página web Ojo Literario.
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